Política sindical del PCE

TALLER DE HISTORIA DEL PCE "MARUSIA"
XVIII Congreso PCE[1]
4. POLÍTICA SINDICAL DEL PCE
El modelo sindical del PCE, goza en sus rasgos generales, de amplio consenso dentro del Partido. Este acuerdo tiene que ver con la trayectoria sindical histórica del partido y muchos/as dirigentes estuvieron muy ligados al movimiento sindical. El nacimiento y desarrollo de cerca de 50 años de vida de CCOO, referente sindical hegemónico en el Estado, está cimentado sobre el esfuerzo y el sacrificio de numerosos militantes obreros, hombres y mujeres del partido, entre los que hay que destacar a su primer secretario general, Marcelino Camacho.
Acuerdo amplio por tanto en torno a la defensa de un sindicalismo de clase, democrático, plural y combativo, que además sea unitario, independiente y sociopolítico, es decir que trascienda de la lucha más inmediata en los centros de trabajo y se plantee como horizonte la superación del sistema capitalista de producción.
El partido además de trabajar en el ámbito sindical tiene que apoyar las reivindicaciones de los campesinos y pequeños productores, frente a las grandes multinacionales, tener unas organizaciones agrarias independientes no manipuladas que tengan el poder de elegir el rumbo que quieren coger.
No obstante, una cosa es el modelo ideal y teórico que planteamos desde el PCE y otra bien distinta es su plasmación práctica; una cosa es ponernos de acuerdo en los conceptos y otra es el sindicalismo de carne y hueso en el que realmente operamos. Durante todo el período de la Dictadura, desde finales de los 50 hasta la transición democrática y su constitución como sindicato en 1976, CCOO fue, sin discusión, la construcción de ese modelo en que estuvo empeñado el partido, entre otras consideraciones porque fue en la práctica el único movimiento sindical de masas que, además de organizar la lucha sindical en las empresas, se oponía a la dictadura y defendía la democracia y la libertad.
A lo largo de su historia ha habido avances y retrocesos, momentos de gran resistencia y derrotas y claudicaciones, momentos de propuesta, de alternativas y de conquistas, e importantes diferencias en torno a la firma de pactos y orientación sindical que culminaron con la derrota de la línea de Marcelino Camacho en el Congreso confederal de 1997. Los resultados de ese Congreso tuvieron efectos negativos en el seno del partido. Muchos de los cuadros comunistas sindicales que habían apoyado el cambio de política en el Congreso abandonaron el partido, los que perdieron y se mantuvieron defendiendo “el sindicalismo de confrontación”, frente al sindicalismo de “paz social” fueron en gran número marginados de la dirección efectiva de CCOO, y otros cuadros que tampoco aceptaron el cambio, optaron por embarcarse en otros proyectos sindicales.
Esta crisis planteó un debate interno en el partido sobre tres cuestiones que, históricamente, estaban resueltas, pero que se cuestionaban.
Primero, sobre la independencia política del sindicato con respecto al partido, segundo, sobre el carácter reformista o revolucionario que tiene que tener el sindicato y tercero, sobre la oportunidad histórica de construir un nuevo sindicato que reflejara mejor la política sindical del partido.
Frente a ello, el PCE hemos tenido y seguimos teniendo las ideas claras:
En primer lugar, el sindicato tiene que ser independiente de cualquier partido y de los poderes económicos y políticos. El sindicato se debe a la defensa de los intereses de clase de los trabajadores y trabajadoras y estos se sustancian en las propias decisiones de sus bases, por ello, la transparencia en las negociaciones y los acuerdos de las asambleas deben ser de obligado cumplimiento.
Es la democracia, la participación colectiva, la asamblea, la que determina la orientación sindical. Es necesario, por tanto, impulsar una mayor participación de la afiliación en la vida sindical, así como la implantación de códigos de conducta en torno a la utilización de las horas sindicales, limitación de permanencia en los cargos, etc.
El partido si quiere que sus propuestas y sus tesis sean apoyadas, debe de convencer a trabajadores y trabajadoras. Y esto no se consigue sólo con discursos. Esto se gana a base de mucho trabajo, dando ejemplo de lucha y de militancia. La idea de que el sindicato tiene que seguir la política del partido o viceversa, sin cuestionarla, sin debatirla, es negativa tanto para el movimiento sindical como para el partido.
La independencia del sindicato como organización no implica que la actuación de los comunistas en su seno lo sea. La actividad de los militantes del PCE en CCOO debe ser coordinada, organizada y analizada desde el Partido. Van al sindicato como comunistas organizados, y su actuación debe ser coherente con este principio.
En segundo lugar, los Sindicatos sólo pueden tender a una acción revolucionaria cuando haya un movimiento de masas revolucionario. El carácter revolucionario de amplias masas tampoco se puede decretar burocráticamente desde el partido. Pero eso no debe impedir que los comunistas trabajemos para dotar a la acción sindical de una perspectiva global y socialista. También desde el sindicato, trataremos de aprovechar todas las luchas por cuestiones laborales para elevar el nivel de conciencia de los trabajadores. No se trata de esperar con los brazos cruzados a que vengan épocas revolucionarias, sino de trabajar para impulsarlas y propiciarlas, elevando la conciencia de los trabajadores a partir de su lucha cotidiana, preparando al movimiento obrero, también desde el sindicato, para esa nueva etapa que necesariamente ha de llegar. Sólo con su trabajo paciente, estando al frente de la lucha cotidiana “reformista” contra la explotación capitalista es posible avanzar en la conciencia de clase y en la necesidad de superar el propio sistema de relaciones de producción capitalistas.
En tercer lugar, la construcción de un sindicato de masas trabajadoras que asuma el modelo sindical del partido, no puede ser un acto ahistórico y voluntarista. La formación de CCOO no fue una decisión del partido, sino el entronque del PCE con un movimiento real de la clase obrera en España que demandaba un proyecto organizativo, cuando existía un vacío provocado por la dictadura. Ni hay en estos momentos ese movimiento obrero que demande otro proyecto sindical, ni se puede crear artificialmente.
La lucha sindical es parte de la lucha más amplia del movimiento obrero por la transformación socialista de la sociedad. Eso es lo que debe diferenciar a los sindicatos genuinamente de clase de aquellos promovidos por la burguesía o los meramente corporativos.
Si las direcciones sindicales pierden de vista la profunda relación entre su labor y el proyecto de transformación socialista, la lucha sindical acaba perdiendo mordiente hasta para su finalidad primera que es la defensa de los intereses económicos inmediatos de los trabajadores. Así lo atestigua la experiencia de los últimos quince años, donde se ha hecho patente el abandono de un sindicalismo con una visión de conjunto de los intereses de la clase obrera, vinculada a una alternativa socialista, que ha propiciado una política errónea de conciliación con la patronal.
Todos los logros que la labor sindical de estos años haya podido alcanzar en determinados sectores, palidecen y pierden efectividad ante el hecho incontrovertible del retroceso de la participación de los trabajadores en el reparto de la renta nacional, que son fruto de una acentuación de la explotación que sufre el conjunto de la clase obrera con una grave pérdida de derechos.
También somos conscientes de que esta crisis política va más allá de los sindicatos y también ha afectado a la mayoría de la izquierda política, que ha ido plegándose a los postulados de la burguesía, limitándose a defender una versión más amable del capitalismo. Los comunistas trabajaremos para revertir ese proceso, devolviendo a la labor sindical, y a la política, su papel de defensa de los intereses de los trabajadores en su conjunto y su vinculación a la meta de la transformación socialista de la sociedad.
4.1 Avances en la estrategia del Partido. IX Congreso de CCOO
A pesar de la derrota y la crisis de 1997, el Partido ha seguido perseverando en la defensa de su modelo sindical en el seno de CCOO, como sindicato donde más influencia y más presencia de cuadros tiene, y no sólo en el ámbito de la corriente crítica con quien el partido ve mejor reflejada su política sindical, sino también en el seno de las demás corrientes.
A pesar de los intentos de marginación, numerosos cuadros sindicales del PCE que confluyeron en la denominada corriente crítica junto a otros muchos compañeros y compañeras, han seguido dirigiendo la lucha sindical en secciones sindicales de empresa o sindicatos de rama y territorios.
También y en base a su representatividad entre las bases, han mantenido puestos de responsabilidad sindical en numerosas direcciones de ámbito Estatal, aunque no en la Confederación.
No obstante, lamentablemente ha faltado una coordinación de actuación del trabajo de los comunistas dentro del sindicato aplicando la política que la Organización elaboraba y aprobaba en cuanto al Movimiento Obrero se refiere. Esta es una tarea que hay que abordar en el próximo período.
Esto implica que la nueva dirección de CCOO, con presencia del sector crítico sin el cual no hubiera sido posible el cambio, hace suya la idea de sindicato democrático y plural. Al mismo tiempo, hay un giro hacia la izquierda, hacia una mayor propuesta reivindicativa y movilizadora, un giro no consolidado aún, cuya profundidad está por determinar y con apoyos desiguales en el conjunto de la estructura.
También tenemos que observar con satisfacción que importantes aspectos de la política sindical del partido también se encuentra encarnada en otras organizaciones sindicales de las llamadas minoritarias.
4.2 El nuevo escenario de la crisis. Propuestas contra el paro y la crisis capitalista. La movilización y la huelga general
La crisis económica capitalista que estamos sufriendo, ha alcanzado una dimensión global y cualitativa, que auguran conflictos y cambios profundos en las relaciones sociales y de poder. Se abre una etapa donde el capitalismo aparece de manera descarnada, demostrando que lleva en su seno la semilla de su propia destrucción y las agresiones del capital a la clase obrera y otras clases subalternas, permiten el avance de las ideas y de la organización de comunistas.
Los instrumentos de intervención sindical son junto a la movilización, la negociación colectiva y el diálogo social. Negociación colectiva para discutir con la patronal las condiciones de salario y de trabajo. Diálogo social para discutir con los gobiernos y las organizaciones patronales, las leyes laborales y la protección y servicios sociales.
A pesar de que el derecho a la negociación y el diálogo social son conquistas históricas del movimiento obrero, el balance que el partido hace de estos procesos en los 12 últimos años, es más negativo que positivo. Ha habido recortes de prestaciones sociales, reducción del salario real, abaratamiento del despido y un alto grado de precariedad y ello sin haber agotado a fondo las posibilidades de movilización.
Pero un cambio de tendencia no puede ser sobre la base de satanizar esos instrumentos. El Partido y sus cuadros tienen que aspirar a cambiar esos resultados insuficientes o negativos sobre la base de ganar a más trabajadores y trabajadoras para ser propuestas y de tener más influencia a la hora de negociar o de convocar movilizaciones para avanzar en la negociación. Las negociaciones en la Negociación Colectiva y el Diálogo Social tienen que servir para que avancen los derechos de la clase obrera, y por regla general es necesaria la movilización y el instrumento de la huelga para que ello sea así.
No basta con que el Partido elabore una línea sindical. Sin organización comunista en el mundo del trabajo es difícil que ésta se abra paso. Esto sigue siendo una carencia del Partido. Apenas si hay agrupaciones territoriales de mundo de trabajo, y allí donde las hay tienen poca presencia organizada en los centros de trabajo. No se trata de crear estructuras de comunistas para sustituir el trabajo del sindicato, se trata de que los sindicalistas comunistas, a través del debate y de la formación, adquieran una visión más política y más general que puedan insertar en su trabajo sindical. No podremos ganar la batalla del modelo sindical si no se generalizan las comisiones del mundo del trabajo en todas las estructuras del partido y se empiezan a crear agrupaciones de centro de trabajo, de empresa y de sectores.
En esta línea, las prioridades de trabajo del partido están en conocer dónde y cómo están los y las militantes comunistas en el movimiento sindical, escuchar sus experiencias y opiniones, coordinar su trabajo poniéndose de acuerdo. La Secretaría del mundo del trabajo debe ser el elemento impulsor en lo concreto, pero la responsabilidad de agrupar y reunir en cada sitio corresponde a los órganos de dirección de cada ámbito. El trabajo, la defensa de las ideas y propuestas del partido en el movimiento obrero, en su calidad de militantes debe hacerse en cualquier circunstancia para que los trabajadores y trabajadoras, hasta donde nos sea posible llegar, conozcan la política del PCE y de IU.
Es el clásico trabajo militante. En el sindicato, los y las militantes defenderán en el marco normativo y de funcionamiento democrático del sindicato, las propuestas que defiende el partido ante los problemas. Para ello es primordial que el Partido se esfuerce por la participación de los trabajadores y trabajadoras en las Asambleas, y que se exija para estas toda la información y la capacidad de decisión en todos los asuntos que le conciernen.
La clase obrera y trabajadora organizada tiene un papel fundamental en la lucha por el cambio social cuando tenga en cuenta que la lucha ideológica y cultural es un instrumento esencial para desmontar el tinglado de la alienación social que el sistema y todos sus componentes imponen. La lucha ideológica y cultural no es algo abstracto que se hace sólo en cursillos especializados, sino principalmente, tener opinión clara, precisa, concreta y valiente ante cada problema, necesidad o reivindicación que emana de los y las trabajadoras.
El PCE trabaja para ampliar la democracia en todos los ámbitos de la vida social y en particular en el mundo del trabajo. El PCE trabaja para superar la escisión que se produce en el capitalismo entre las condiciones de ciudadanía y las de la clase trabajadora, esto es, la posesión de derechos en cuanto ciudadano/a que son desmentidos en la práctica cuando se descubre la segunda piel, real y cotidiana, como trabajador/a. Nuestro Partido tiene que desarrollar una tenaz y constante lucha ideológica y cultural para convertir en sentido común de la clase trabajadora la cuestión de los derechos y libertades en las empresas, la introducción de la cuestión democrática en las empresas.
Por todo ello y desde una visión más amplia del trabajo del Partido en el movimiento obrero, habrá que abordar la coordinación de todos aquellos camaradas que por causas ajenas a su voluntad, se encuentran encuadrados en otras centrales sindicales o se encuentran aún sin sindicar por sus precarias condiciones laborales. Al mismo tiempo deberemos orientar nuestras propuestas y tareas hacia la organización de la clase obrera sin distinción de edad, sexo, migrante o no, situación laboral, etc.
En el contexto actual de crisis económica y social, la situación de las familias de los trabajadores y trabajadoras desempleadas se hace insoportable, careciendo muchas de ellas de prestaciones y ayudas dignas, y están surgiendo formas de autoorganización de estos sectores por toda España. Ello es así por la sensación de abandono y, en parte, desconfianza generalizada respecto a sindicatos y a las instituciones públicas ante la ausencia de soluciones a sus problemas más “urgentes” para no caer en la marginalidad.
La mayoría de los desempleados y desempleadas que se están organizando a través de estos movimientos de parados y paradas no son conscientes aún de cuál es su papel en la actual estructura de clases, no es que tengan un nivel de conciencia especial, sino que han decidido denunciar las injusticias de sus situaciones producidas por la crisis económica y que no saben muy bien a qué obedece y que ven como están intentando, desde la patronal o los diferentes gobiernos, maquillar como “desajustes del sistema que serán resueltos a medio plazo”.
El papel de los comunistas, respetando su independencia organizativa, es impulsar el trabajo de los militantes dentro de estas asociaciones para aportar nuestra visión ideológica y de clase de la situación económica y política, dándole el sentido anticapitalista necesario. Trabajar junto a ellas aportando nuestras experiencias de lucha para articular una movilización social eficaz y capaz de aglutinar a la mayoría de los afectados y afectadas, así como creando espacios de solidaridad hacia ellas.
Las principales reivindicaciones de los desempleados y desempleadas coinciden con las históricas bases programáticas que defendemos los comunistas: políticas de reparto del trabajo (25 horas por ley sin reducción salarial, supresión de horas extraordinarias, ampliación empleo público...), políticas de prestaciones y ayudas mientras se mantengan en paro (salario social digno sin límite temporal, reducciones de tasas y cargas impositivas a las familias en paro, paralizar los procesos de desahucios, etc.).
El PCE se compromete a dar apoyo político y organizativo a estas organizaciones de desempleados, hipotecados y precarios, haciéndose eco de sus reivindicaciones y propuestas a través de todos sus medios disponibles, así como que sean asumidos por nuestro proyecto estratégico que es IU y sus representantes públicos.
El PCE impulsará la creación de nuevas asambleas o agrupaciones de parados y paradas allí donde se den condiciones para su creación, como un primer paso de denuncia y movilización contra el sistema capitalista, para ir construyendo las bases de una mayoría social crítica y revolucionaria.
Desde el PCE planteamos la defensa de los puestos de trabajo y del empleo de calidad, estable y seguro. Garantizando en todos los ámbitos la igualdad entre hombres y mujeres. Penalizando la precariedad y sancionando la discriminación salarial. Impulsando la movilización general y solidaria en contra de los despidos y de los Expedientes de regulación de Empleo (ERE).
El principal problema de la juventud trabajadora es el paro y la precariedad. Para resolverlo se han de articular fórmulas organizativas abiertas y flexibles orientadas a la sindicación, pero partiendo de un nivel de conciencia no ya bajo, sino en ocasiones hostil a formas de acción colectiva. La UJCE, en coordinación con el Partido, ha de ser capaz de impulsar y extender la organización de las y los jóvenes trabajadores tanto en el plano político como en el sindical. En este terreno, es necesario un trabajo desde la raíz, desde los institutos y la formación profesional, con el fin de que las y los comunistas podamos tener presencia entre la juventud trabajadora y articular sus reivindicaciones antes de su ingreso en el mercado de trabajo, es decir, en el momento de su cualificación profesional.
Impulsar la movilización por la jornada de 35 horas, exigiendo al mismo tiempo el cumplimiento de la legislación en materia de jornada laboral y contra la Directiva sobre la jornada de 65 horas que puede ser retomada tras la nueva composición del Parlamento Europeo. Contra el concepto de flexiseguridad y sus aplicaciones.
La extensión de la figura del convenio colectivo a un mayor número de trabajadores y trabajadoras hoy no cubiertos y la reducción de su número (no es posible que en España existan más de 22.000 convenios colectivos). El fortalecimiento de la negociación colectiva debe servir para mejorar las condiciones de trabajo, la calidad del empleo, aumentar el poder adquisitivo de los salarios (el SMI tiene que suponer una cantidad igual o superior al 60% del Salario Medio Neto, tal como señala la Carta Social Europea) y reducir la jornada laboral, esto es, avanzar en el reparto de las riquezas y del control de los medios de producción, coordinando para ello las movilizaciones, pero siempre teniendo en cuenta que es preferible avanzar en la unidad de la clase y no crear rupturas en el seno de la misma con convenios y acuerdos poco igualitarios. Es necesario que el sindicato abra a las afiliadas y afiliados plataformas amplias a la hora de negociar los convenios colectivos sectoriales. La mejora del sistema público de pensiones, elevando el gasto social como mínimo hasta la media de la UE-15 y rechazando los recortes que se vienen anunciando.
La responsabilidad de las pensiones tiene que ser exclusivamente pública, combatiendo el pensamiento liberal sobre la posible quiebra del sistema, igual que no puede quebrar la sanidad o la educación y en ningún caso debe ser negociable su privatización directa o la encubierta que supone la cesión de todo o parte del servicio a contratas.
Hay que parar y revertir la descapitalización del sistema contributivo que se está produciendo por la vía de la reducción de las cotizaciones empresariales, las ayudas al tejido industrial o a la creación de empleo que deberán tener otras fuentes ajenas al sistema contributivo.
Todas estas propuestas no pueden abrirse paso sin tensión movilizadora. El Partido ha planteado la necesidad de ir a la huelga general, como única forma de abrir paso a las propuestas de cambio y frenar los ataques a los derechos laborales y sociales de los trabajadores. Ahora bien, estas propuestas no pueden prosperar de manera burocrática.Es necesario un proceso amplio de debate y movilización, donde se llegue a un acuerdo amplio en torno al contenido de las propuestas y se vaya forjando una gran alianza sindical y social en torno a ellas. Entonces la huelga general o las huelgas generales caerán como fruta madura, bien para responder a los ataques contra los trabajadores y trabajadoras, bien para contestar a la situación de degradación del empleo, de la protección social y de las condiciones de vida, bien para forzar un cambio de modelo eocnómico y productivo en un sentido social, sostenible y democrático.
[1] XVIII Congreso PCE: “Política sindical del PCE”. En XVIII Congreso PCE: Documento Político. Madrid, 6-8 de noviembre de 2009

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