El Partido Comunista de España durante el primer franquismo

TALLER DE HISTORIA DEL PCE "MARUSIA"
Harmut Heine[1]


EL RESURGIMIENTO DEL PCE

Introducción
El principal fundamento de etapa inicial de la reorganización del PC son las cárceles, pues es allí, donde las diversas organizaciones de la izquierda española empiezan a reanudar la vida orgánica, que había sido interrumpida por la derrota y la muerte o la huída de la mayoría de los dirigentes. Mediante el encuadramiento de los militantes-presos en las llamadas “brigadas”, que servían en primer lugar para efectuar el reparto equitativo de la comida entre los presos de una misma célula o sala, y la creación de comités a los diversos niveles de la división interna de la cárcel, se restablece el orden jerárquico alterado por la derrota y refuerza la disciplina de los militantes. Dado el escaso control, que la administración sabe imponer a la población penal, que, sobre todo, durante los primeros años de la posguerra constituye una masa ingente, y gracias a las características especiales del sistema carcelario español de entonces – nos referimos, sobre todo, al hecho de que se dependía en buena medida de la ayuda de los familiares y amigos para alimentar a los presos – las organizaciones antifranquistas encuentran en las cárceles amplias oportunidades para reorganizarse, prestar a los militantes una rudimentaria formación ideológica e impulsar el relanzamiento de las actividades políticas en la calle.
Esta observación es válida en igual medida para las tres grandes organizaciones de la izquierda española. Donde hay una gran diferencia – y ello será decisivo para el posterior desarrollo de las mismas – es en la capacidad de proyectar este espíritu reorganizador de una forma práctica y sostenida hacia la calle, al mundo más allá de las murallas de la cárcel.
A diferencia de la CNT y del PSOE, el PC consigue consolidar una táctica, que permite a la dirección del partido en las cárceles dirigir la trayectoria inicial del militante-preso una vez que haya recobrado la libertad. Puesto que la inmensa mayoría de las decenas de miles de presos, que en los primeros años de los cuarenta salen a la calle, lo hacen bajo el régimen de la llamada “libertad vigilada”, ello significa, que, de hecho, pasan a una especie de exilio interior, ya que no suelen permitirles que vuelvan inicialmente al antiguo lugar de residencia, sino tienen que asentarse en otra población, cuya elección se deja al mismo preso. Para tomar la correspondiente decisión, los militantes comunistas están obligados a consultar a los responsables del partido en la cárcel para que les aconsejen respecto del lugar del futuro destierro y les informen de los militantes que ya actúen allí y de la forma de entrar en contacto con ellos. Incluso mucho antes de que el preso logre recuperar la libertad, la dirección del partido encuentra medios para configurar su futuro inmediato. Aprovechando el hecho, de que la administración interna de las cárceles en la práctica estaba en buena medida en manos de los presos – en este aspecto había por encima de las divisiones ideológicas una estrecha colaboración entre los presos políticos – se destinan a los presos-militantes hacia aquellas cárceles, donde su presencia parece más útil o necesaria.
¿Por qué tuvo este sistema y, generalmente, todo el proceso de la reorganización más éxito en el caso del PC que en él de la CNT o del PSOE? Consideramos que la respuesta a esta pregunta hay que buscarla tanto en las distintas normas de funcionamiento interno que se aplicaban a los militantes cenetistas y socialistas como en la situación global en que se hallaba estas dos organizaciones en aquel momento.
El PC y la CNT compartían la característica esencial de que consideraban la labor conspirativa y la lucha armada como elementos fundamentales en la vía hacia la toma de poder y, por tanto, sus militantes mentalmente estaban mejor preparados para el trabajo en la clandestinidad que los socialistas. También hay que añadir el hecho, de que las dos organizaciones durante diversas etapas de la dictadura primorriverista y la II República ya habían adquirido cierta experiencia en este campo.
Los socialistas, por el contrario, que a lo largo de su historia, exceptuando alguna que otra etapa, habían priorizado el paso por las urnas y las instituciones democráticas como el camino más idóneo hacia la citada meta, tenía una estructura interna democrática y abierta, que plenamente correspondía a esta visión, pero que era poco apta para la lucha clandestina. Al lado de estas características compartidas en común, había otra que diferenciaba fuertemente a la CNT del PC: los confederales siempre habían procurado combinar los métodos de trabajo conspirativo con una estructura interna que seguía insistiendo en su carácter asambleario y en la autonomía del militante ante los órganos de dirección. Frente a una visión de la organización que permitía e, incluso, animaba la coexistencia de distintas fracciones en el seno del mismo marco organizativo, existía la fuerte jerarquización del PC, simbolizada por el concepto del “centralismo democrático”, que ya en el pasado había redundado en una mayor eficacia del partido frente a sus rivales ideológicos.
Lo que multiplicaba los elementos centrífugas inherentes en la misma concepción fundamental de PSOE y CNT era la situación global de las dos organizaciones al finalizar la guerra. Adoleciendo ya antes de la guerra de serias tensiones internas - “treintismo”, apoliticismo y parlamentarismo, en el caso de la CNT, “leninismo” caballerista, socialismo moderado y socialdemocracia, en él del PSOE – éstas no hacían más que profundizarse a lo largo de la contienda y después del final de la misma. Sobre todo en el caso de la CNT, el rumbo que la organización siguió durante la guerra – especialmente la participación activa en los diversos niveles de la gestión de la República - y la incapacidad de defender sus proyectos y postula-dos frente a las otras fuerzas de la izquierda, habían servido para que muchos militantes cuestionaran seriamente la eficacia de los mismos fundamentos ideológicos de la Confederación. Las consecuencias de ello fueron la división de la CNT en dos grandes bloques – los que más tarde se denominarían “apolíticos” y “colaboracionistas”, respectivamente – y una gran desilusión entre la masa de los militantes. Ello se tradujo, por ejemplo, en un trasvase de mili-antes cenetistas al PC, un proceso, que en las condiciones reducidas de la clandestinidad, no dejó de tener cierta importancia. Otra consecuencia fue, que muchos jóvenes procedentes de los medios confederales se inhibieron cuando las circunstancias les llamaron a tomar el relevo, resultando en un envejecimiento del exiguo sector de la militancia, que había reanudado la lucha después de la guerra.
Las divisiones ideológicas de las que adoleció el movimiento socialista después de la guerra eran menos fundamentales que las que acabamos de constatar en la CNT – por ejemplo, la división entre los “negrinistas” y los “prietistas” era más bien coyuntural y derivaban en primer lugar de los distintos conceptos que se habían sostenido respecto a la conducta de la guerra -, pero el PSOE había sufrido unos reveses, cuyas consecuencias, a nuestro modo de ver, iban a influir en la evolución del partido no sólo durante los años cuarenta, sino también en las décadas posteriores.
Uno era, que a lo largo de la guerra había ido perdiendo a favor del PC el control sobre una parte importante de la UGT, lo que en la práctica supuso, que muchos militantes del sindicato, que, por el mero hecho de serlo, antes se habían definido como socialistas –si bien muchas veces sin carné–, ahora se consideraban allegados al PC. Los efectos de la otra gran derrota que los socialistas sufrieron a manos del PC fueron aún más profundos. La fusión, en vísperas de la guerra, de las juventudes comunistas y socialistas en el marco de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) y el posterior paso de esta organización bajo el control casi absoluto del PC, significó que en la práctica el PSOE había perdido sus juventudes y –dada la incapacidad de la reconstituida Federación de Juventudes Socialistas (FJS) de recuperar las pérdidas– estaba condenado a un irreversible proceso de envejecimiento, el cual, de hecho, continuó hasta la década de los sesenta.[2] Desde la perspectiva del PC, por el contrario, resulta difícil sobreestimar la importancia que los antiguos y actuales militantes de la JSU tuvieron para el resurgimiento del partido después de la guerra.
Todo ello no significa, sin embargo, que el PC no hubiera sufrido también un fuerte desgaste durante la guerra y los meses posteriores o que hubiera quedado libre de divisiones y escisiones. Muchos de los que durante la guerra por muy diversos motivos habían afluido al PC, lo abandonaron en cuanto sonó el último tiro de la guerra. Por otra parte, el cambio de la política del PC hacia sus antiguos aliados del Frente Popular, que, iniciado al final de la guerra, se intensifica tras la conclusión del pacto germano -soviético y la creciente hostilidad de la dirección del partido hacia el elemento nacionalista– catalán y vasco, sobre todo – en sus filas provocan que muchos militantes dejen de militar. Mas –y allí reside la gran diferencia con respecto a PSOE y CNT – pese a ello, al final de cuentas, quedaban aún muchos que estaban dispuestos a seguir en la brecha, creando una dinámica y un mito de eficacia, que, a su vez, sirvieron para animar a otros, sean ellos antiguos militantes de otras organizaciones antifranquistas o jóvenes sin militancia, a unirse al PC.
EL PROCESO DE LA REORGANIZACIÓN
La fase autónoma
Los últimos días de la guerra la casi totalidad de los cuadros altos y un número considerable de los cuadros medios del partido que aún quedaban en la llamada zona centro-sur, abandonan el país. Las medidas que la Junta de Defensa del coronel Casado toma contra el partido provocan en algunos casos la posterior caída de cuadros comunistas en manos del Ejército franquista y, generalmente, facilitan la labor represiva de los vencedores. No explican, sin embargo, la falta de preparación por parte de la suprema dirección del partido para el trabajo ilegal, como tampoco disminuye la responsabilidad en la que los dirigentes incurrieron en este aspecto el que en un par de casos sí se hayan actuado con la previsión que debería haberse aplicado a todo el partido en el interior.
Nos referimos a la decisión, tomada el 25 de febrero de 1939 en una reunión a la que asistieron los pocos miembros del Buró Político que en aquel momento aún se hallaban en Madrid, de nombrar a Matilde Landa Vaz, hasta entonces secretaria provincial del Socorro Rojo Internacional, responsable de un comité que debía dirigir el partido en las provincias de Madrid, Cuenca, Guadalajara y Toledo.[3] Dado que se dejó de dotar a este organismo de la infraestructura imprescindible para su supervivencia, no puede sorprender que su actuación duraría poco más que una semana, puesto que Matilde Landa ya fue detenida el 4 de abril.
Las medidas paralelas que se toman respecto a la JSU también se distinguen por su carácter aislado, ya que están desconectadas de la situación general. El 23 de marzo, Ignacio Gallego, miembro de la Ejecutiva de la JSU, pone en manos del Comité Provincial (CP) de Madrid de la organización juvenil la misión de lanzar los fundamentos de la reorganización de la JSU una vez que se hubiera consumado la derrota. De acuerdo con esta decisión, varios componentes del citado organismo se reúnen el 27 de marzo para ampliar el CP existente y efectuar un reparto de las responsabilidades.[4] Tras su llegada del campo de Albatera unas semanas después, se pone al frente del mismo José Pena Brea, antiguo director de “Ahora”, el órgano de la JSU, y componente del CP de Madrid en tiempos de la República.
Aparte de impulsar en un sentido general la reestructuración de la JSU a nivel de la capital y su provincia, los nuevos dirigentes, influenciados, indudablemente, por los acontecimientos bélicos que durante casi tres años han constituido el marco de su existencia vital, prestan una especial atención a las posibilidades de reanudar, en las formas que impongan las circunstancias, la lucha armada. Por siguiente, tanto a nivel del CP como de los organismos inferiores se nombran responsables militares encargados de dirigir la recogida y el almacenamiento del armamento abandonado, que aún abunda por las cercanías de la ciudad, y la creación de grupos armados. Como se verá más adelante, esta orientación “militar” va a ser decisiva para la suerte de este primer conato reorganizador.
Su tarea inmediata, sin embargo –como ya había sido del organismo que encabezó Matilde Landa– es procurar por todos los medios la liberación de Domingo Girón, Guillermo Ascanio y Eugenio Mesón, cuadros políticos y militares del PC, que, habiendo sido encarcelados por la llamada junta de Casado, pasaron en las mismas condiciones a manos del poder franquista. En ésta como en otras tareas el CP de la JSU está subordinado a las instrucciones de la nueva dirección del PC que acaba de surgir en la capital. La encabeza Enrique de Castro, un cuadro medio, al que había sido confiada esta misión por el núcleo rector, que, compuesto por Jesús Larrañaga, destacado cuadro del PC de Euskadi, así como los miembros del Comité Central (CC) José Cazorla, antiguo gobernador civil de Albacete, Enrique Sánchez García y Montiel, subsistía aún en el campo de concentración de Albatera (Alicante).[5] Mas, la estrecha relación entre las dos organizaciones había de resultar fatídica para el partido. Cuando a mediados de mayo se produce la caída de la mayoría de los componentes del CP de la JSU y de diversos organismos inferiores, se transmiten los efectos de la redada también al equipo que lidera Enrique de Castro y a los componentes del CP del PC de Madrid, que éste último había constituido poco después de su llegada a Madrid. Entre las múltiples consecuencias provocadas por estos acontecimientos destaca la captura y posterior ejecución de 13 jóvenes militantes, cuyo caso entraría en la historia de la clandestinidad bajo el nombre de “las trece rosas”.[6]
Como habría de ocurrir casi siempre en estos casos, varios militantes logran esquivar los zarpazos de las fuerzas represivas y uno de ellos, Amable Donoso García, antiguo sacerdote que durante la guerra formaba parte del Comité Local (CL) del PC de Madrid, se las arregla para restablecer el contacto con el susodicho núcleo rector en el campo de Albatera. Este último no tarda en responder y destaca a Madrid a unos de sus componentes, Enrique Sánchez García, antiguo comandante del Ejército Popular, para que se haga cargo de los restos del partido en la capital. Iban a asistirle en esta tarea José Cazorla Maure y Ramón Torrecilla Guijarro, que entretanto también habían acudido desde Albatera. Ahora bien, la intervención de estos últimos en el trabajo clandestino sería más bien tangencial, porque el objetivo principal de su estancia en Madrid era preparar la huída a Francia. En pocos días resurgen de nuevo el CP de Madrid[7] así como diversos organismos en los niveles inferiores del partido. La organización se hace con una máquina de imprimir y empieza a tirar sellos de cotización para generar de esta forma los medios necesarios para su funcionamiento. También se dota de los recursos precisos para la confección de los diversos documentos de identidad, que constituían la garantía de que sus cuadros pudieran moverse libremente por la capital. Piezas importantes en este aparato eran un tal Juan Fonseca Serrano y el más tarde famoso dramaturgo Antonio Buero Vallejo, que, gracias a su formación de cartelista artístico, se había convertido en un hábil falsificador de sellos y firmas.[8]
Dado que las medidas represivas practicadas contra la reconstituida JSU no habían podido interrumpir del todo sus actividades, seguían intactas las relaciones entre las dos organizaciones, lo que, una vez más, había de traerles consecuencias muy dramáticas. El detonador de las mismas iba a ser el asesinato por un grupo de militantes de la JSU del comandante del Servicio de Investigación de la Policía Militar (SIPM) Isaac Gabaldón Irurzún, de su hija y del chofer la tarde del 29 de julio cerca de Talavera de la Reina (Toledo) cuando viajaban en coche en la carretera que conecta esta ciudad con Madrid. El núcleo armado de la JSU perseguía con su acción un doble objetivo: hacerse con el dinero del que, se suponía, era portador Gabaldón, para, finalmente, poder gestionar la liberación de Girón, Ascanio y Mesón y eliminar a una pieza importante del aparato represivo, ya que el comandante se había destacado en la persecución de una multitud de antifranquistas de izquierdas y de miembros de la masonería. Este último aspecto de sus actividades, junto con el hecho de que los órganos de la represión desde hacía tiempo venían observando pasivamente las actividades del grupo armado, de las que les informaba puntualmente un infiltrado a su servicio, dio raíz a la sospecha de que un núcleo de antiguos masones emboscados en el SIPM y el Ejército pudiera haber estado implicado en la muerte de su compañero profesional. La acción no sólo provocó la rápida detención y posterior ejecución de todos aquellos, que de algún modo, aunque sea de forma muy indirecta, habían estado implicados en la misma, sino condujo también al desmantelamiento de la flamante organización del PC en la capital. El responsable de esta concatenación de caídas fue Sinesio Cavada Guisado, dirigente del aparato militar de la JSU, que, en vísperas de su proyectada ejecución, intentó salvarse, facilitando los datos que habían de permitir la detención de los componentes de la dirección nacional provisional, del CP de Madrid y de una multitud de militantes rasos. A raíz de ello fueron fusilados Enrique Sánchez, Cazorla, Torrecilla, Alejandro Tomás González, el responsable del CP, y Juan Fonseca.[9]
Consideramos que la caída de la dirección del PC encabezada por Enrique Sánchez y la de su homólogo de la JSU entre agosto y septiembre de 1939 constituyen el final de una primera fase dentro de lo que denominamos la etapa autónoma.
Sus principales características son:
a) La intervención desde el interior de altos cuadros del partido en los diferentes conatos de reorganización, lo que significa que estamos ante los últimos coletazos de unas estructuras creadas antes del final de la guerra. La fuga de Larrañaga al extranjero y la eliminación de los otros componentes del CC que aún estaban en el país, termina definitivamente esta constelación. Aunque los hechos reseñados hasta aquí lo evidencian ya claramente, nos parece necesario subrayar que a partir de las instrucciones que emanaron del Buró Político y de Ignacio Gallego, respectivamente, la militancia en el interior se había desenvuelto con una total autonomía respecto a las altas instancias del partido, hallándose, por tanto, en una situación completamente novedosa en la historia del PC.
b) La muy breve duración de cada una de las iniciativas hasta aquí reseñadas.
c) La ausencia del exilio de estas actividades. Aunque hasta el avance alemán, en mayo de 1940, una alta representación del PCE, encabezada por Francisco Antón y Antonio Mije, siguiera funcionando en el país galo y pese a que a esas alturas existieran ya una multitud de contactos individuales entre militantes de ambos lados de la frontera, no se registra una intervención eficaz del exilio en los diferentes intentos de reorganización ni hay ningún indicio de que se hubiera dedicado mayores esfuerzos a la urgente tarea de salvar vidas en el interior.[10]
La segunda fase.
La segunda fase de esta etapa surge otra vez en el campo de Albatera y una vez más tiene su origen, aunque ahora ya de forma más bien indirecta, en Jesús Larrañaga. Antes de huir al extranjero, el dirigente vasco había encargado a Luis Espinosa Casado y Calixto Pérez Doñoro, dos cuadros medios que se hallaban con él en el campo, de impulsar desde Madrid la reorganización del partido. Mientras que Espinosa de momento desaparece durante un par de años en un Batallón de Trabajadores, Doñoro, cumpliendo las instrucciones recibidas, se traslada a la capital, donde, en unión de toda una serie de camaradas, lanza un proceso reorganizador, que inicialmente se plantea como misión principal fusionar los diversos organismos –había, al parecer, hasta cuatro comités que reclamaban la autoridad de un comité provincial– para crear una organización unitaria. Entre los muchos camaradas que prestan su apoyo activo a esta tarea destaca José Wajsblum Hermán, un cuadro medio de la Internacional Comunista (IC), de origen polaco, que durante la guerra había sido enviado desde la Unión Soviética para ayudar a la República. Dada su superior formación política, desempeña durante esta fase inicial el papel de instructor político. A través de una serie de reuniones, conocidas por “conferencias de unión de grupos”, se llega a la creación de un organismo único, la Comisión Central Reorganizadora. En una de sus primeras reuniones, que la Comisión celebra en marzo de 1941, aprovechando para ello la celebración de un bautizo en la familia de uno de sus integrantes, se efectúa una ampliación de la misma, de modo que ésta cuenta a partir de ese momento con un total de trece componentes.[11] Dado que algunos de éstos dudaban de la capacidad de Wajsblum de dirigir la ingente misión que les esperaba, recibieron con gran interés la información de éste último de que conocía en Valencia a un tal Heriberto Quiñones González, que sí reunía los dotes que requería la situación.
Quiñones, que, por supuesto, no se llamaba así, era un cuadro medio de la IC de origen eslavo. Tras haber actuado al servicio de esta organización en varios países, incluido, posiblemente, algunos del continente americano, vino a España poco antes del inicio de la II República. Aquí su trabajo se ligaría principalmente al partido en Asturias y las Baleares, aunque durante la guerra parece haber estar relacionado con la embajada soviética. Tampoco puede excluirse la hipótesis de que haya ocupado cargos en el SIEP, uno de los servicios de información de la República. Que sepamos, nunca haya pertenecido al CC del partido. De ser así, considerando su elevada formación teórica y sus indudables dotes organizativos, ello, probablemente, sería debido a su mal estado de salud –sufría de tuberculosis pulmonar– o a su categoría de extranjero.
Aproximadamente en abril de 1941 Quiñones se traslada a Madrid y se pone al frente del organismo rector, variando en lo siguiente su composición y las tareas de sus componentes.[12] Empieza así una etapa, que constituye, de hecho, el auténtico inicio de la reorganización del partido en el interior, en comparación con el cual los anteriores intentos no fueron más que breves ensayos, rápidamente desbaratados por la policía.
Hay varios factores que justifican hablar de una etapa nueva. En primer lugar está la proyección geográfica del organismo que a partir del verano de aquel año va a denominarse Buró Político Central, la cual, a diferencia de los anteriores organismos, es auténticamente nacional. Ya antes de la llegada de Quiñones a Madrid, la Comisión Central Reorganizadora había entablado relaciones con un núcleo de militantes en Bilbao, que tenía la distinción de estar en contacto con uno de los puntos rectores establecidos en América, y posteriormente se crean lazos estables con Galicia, Andalucía, Alicante, Valencia, Asturias y Cataluña, impulsando en estas regiones y provincias la consolidación y ampliación de las organizaciones existentes.[13] Asimismo hay una mayor sistematización del trabajo en algunas parcelas donde el partido y sus militantes ya estaban presentes, como, por ejemplo, respecto a los contactos con las cárceles y a la organización de los huidos en unidades guerrilleras, aunque creemos que en este aspecto el trabajo no sobrepasó la fase de planificación. En segundo lugar, el nuevo organismo disponía de un número elevado de cuadros experimentados –la mano derecha de Quiñones, por ejemplo, Luis Sendín, había sido dirigente de las JSU y al finalizar la guerra comisario de la Agrupación Regional de las Fuerzas Blindadas– y sus componentes solían observar con gran rigor las medidas de seguridad. Ello, indudablemente, era debido a que Quiñones las había interiorizado cuando era uno de estos míticos “revolucionarios profesionales” al servicio de la IC de los que escribían Malraux o Koestler e imponía a sus colaboradores la estricta aplicación de las mismas a través de los llamados “Boletines de Trabajo”, donde, escrito a máquina, se reiteraba las conocidas normas del trabajo clandestino.[14]
La eficacia de estas medidas se manifestó por primera vez cuando en julio de 1941 se produce una caída en las filas del CP de Madrid. Aunque, al menos, uno de los detenidos formaba parte de la Comisión Central Reorganizadora y otros mencionaron ante la policía la existencia del mismo, las detenciones no llegaron a sobrepasar los límites del CP porque la mayoría de los detenidos simplemente carecía de la información que podría haber conducido a las fuerzas represivas hacia los niveles superiores de la organización. La prueba más convincente de la seriedad que Quiñones y sus colaboradores observaban en su trabajo constituye el hecho de que éstos últimos lograsen mantener sus actividades hasta los últimos días de 1941 –Quiñones fue detenido junto con Cardín el 30 de diciembre-, lo que significaba que habían conseguido esquivar durante casi ocho meses las intensas pesquisas de los diversos servicios de la represión política.[15]
La fase quiñonista constituye el momento más álgido de la etapa “autónoma” del partido en el interior y, al mismo tiempo, señala su final, porque coincide con los primeros intentos de la dirección en el exilio de intervenir en el interior.
La dirección exiliada y el restablecimiento de sus relaciones con el interior.
Tienen éstos su origen más remoto en una reunión del CC, celebrada en Moscú en 1940, donde se decide la parcial dispersión de los los miembros del Buró Político y la creación de un secretariado americano. Su papel inicial sería controlar y dirigir a los miles de militantes que se hallaban en aquel continente, para luego extender sus actividades hacia el interior. Debían constituirlo Vicente Uribe, Jesús Hernández, Francisco Antón, Antonio Mije, Isidoro Diéguez, Jesús Larrañaga y Santiago Carrillo, todos ellos, salvo Larrañaga, miembros del Buró Político. Mas, dado que Hernández y Antón no alcanzarían México hasta diciembre de 1943 y debido a que Carrillo no pasaría a encargarse de la secretaría de Organización hasta después de la muerte de Pedro Checa, acaecida el 6 de agosto de 1942, serían Uribe, Diéguez y Larrañaga, que desde México, Nueva York y Cuba, respectivamente, actuarían a partir de comienzos de 1941 como responsables “de facto” de las relaciones con el interior.[16] Es sobre esas fechas que el “puesto avanzado” en México a través de los tripulantes de varios barcos norteamericanos empieza a entablar relaciones con el núcleo organizado en Bilbao, facilitándole por esta vía material de propaganda y luego también los medios para la impresión del mismo –varias máquinas de escribir y tres multicopistas. Con la llegada a Bilbao, procedente de ultramar, del ya citado Luciano Sadaba, estos contactos adquieren una mayor intensidad. Mas, es en la primavera de aquel año, impulsado por las noticias inquietantes recibían sobre la política de Quiñones –cuya caída, por supuesto, aún ignoraban- que la dirección en el exilio resuelve intervenir con decisión en los asuntos del interior y mandar todo un equipo, compuesto de altos cuadros, bajo el liderato de Diéguez a la península.
El 23 de marzo llega con Eladio Rodríguez, que desembarca en A Coruña, el primer componente del citado equipo, al que la historia conocería más tarde como “el grupo de Lisboa”, puesto que es en la capital lusa donde va a establecer el primer “puesto de mando” para extender desde allí sus actividades hacia el interior.[17] Desde el mismo principio la operación se halló bajo una mala estrella. En primer lugar, Julián Teixeira Vento, que junto con los asturianos Silvino Morán y Víctor García “El Brasileño” había creado una infraestructura, sobre la cual los recién llegados debían apoyarse, había sido detenido poco antes por la policía portuguesa, quedando desmantelada la red de apoyo.[18] En segundo lugar, la operación tenía la mala suerte de coincidir con una redada relativamente numerosa entre los militantes de la JSU de Barcelona. El causante de la misma, el más tarde tristemente célebre comisario Roberto Conesa, paso seguido utilizó sus conocimientos del funcionamiento interno del PC, adquiridos cuando militó en el partido durante la guerra, para penetrar en la organización juvenil de Madrid. De esta forma la policía encontró la pista de dos militantes de la JSU, María Carmen G. Company “Perpetua Rejas” y Eleuterio Lobo, que habían sido enviados por Diéguez para preparar la llegada del resto del equipo a Madrid. Detenidos a principios de septiembre, los dos facilita-ron a la policía las informaciones que primero permitieron la detención de Eladio Rodríguez, Francisco Barreiro[19] y de los restantes componentes del núcleo de Vigo, y luego que la policía portuguesa completara la redada con la captura de los restantes componentes del equipo en Lisboa. La derrota fue total, lo que, indudablemente fue uno de los factores que convenció a la dirección del partido no repetir este tipo de experiencia.[20]
El “grupo de Lisboa”, aparte de lo que su caída supuso de retraso para la reorganización del PC en el interior, también sería uno de los factores clave en el rápido deterioro de las relaciones entre la dirección exiliada y el equipo Quiñones, puesto que sus actividades generaron parte del fundamento de una las acusaciones que posteriormente se dirige contra éste último, a saber, haber “desprestigiado a los miembros del Buró Político”. Nos referimos a la reacción airada de Quiñones cuando se entera de la caída de Lobo y Rejas, de cuyas calidades políticas y humanas había sacado una malísima impresión en los breves encuentros que mantuvo con ellos antes de ser detenidos.[21] A la crítica a la dirección exiliada implícita en su denuncia de los dos jóvenes hay que añadir la contundencia con la que Quiñones –en todo caso un hombre muy seguro de si mismo y no ajeno a la autosuficiencia– había afirmado en una anterior comunicación con el exilio la categoría de la dirección que encabezaba, la cual, según Quiñones, respondía a la necesidad de que existiera en el interior “una dirección fuerte”.[22]
La otra gran acusación en la cual se apoyaría posteriormente el proceso de vilificación de Quiñones era que había “saboteado la línea política”. Como el mismo Quiñones pudo comprobar cuando se entrevistó con Sadaba, primero, y con Lobo y “Rejas”, después, existían, efectiva-mente, grandes divergencias entre la línea política del partido en el interior tal como Quiñones y Sendín la habían formulado en el “Anticipo de orientación política” y las posiciones que la dirección exiliada defendía en aquel momento.
El “Anticipo” se inspiraba en unas tesis que primero habían sido elaboradas en 1938 por el entonces presidente del gobierno de la República, el Dr. Negrín, y que luego fueron reinterpretadas y adoptadas por el pleno del CC del PC en mayo de 1938. En su deseo de atraer al campo republicano a aquellos monárquicos y elementos conservadores que, habiendo apoyado el golpe militar en julio de 1936, ahora, se suponía, estaban desilusionados por el predominio aparente de la Falange y de los intereses italianos y alemanes en el estado franquista, las citadas tesis y, por tanto, también el “Anticipo”, que se inspiraba en ellas, se parecían mucho a la política de Unión Nacional, que a partir de septiembre de 1941 constituiría la pauta de la actuación del partido en el exilio. Habiendo surgido después del 22 de junio de 1941, el “Anticipo” no fue otra cosa que la adaptación a la situación española del nuevo rumbo proclamado por la Unión Soviética y la IC y del que cualquier auditor de Radio Moscú podría haberse enterado sin dificultades. Lo que realmente no dejó de chocar a los miembros del BP aún después de que la táctica seguida por él y la que marcaba el “Anticipo” estaban ya casi idénticas, era la crítica apenas disimulada a la dirección exiliada contenida en el citado documento.
¿Cuál era la línea política de la dirección exiliada en la primavera de 1941, momento en el cual los componentes del “grupo de Lisboa” iban embarcándose para Europa, y cómo había evolucionado hasta aquellas fechas?
Tras la firma del pacto Iltre.-Salín, el PC iba definiendo, si bien con cierto retraso, principalmente mediante dos artículos de José Díaz y otro de la pluma de Vicente Uribe[23] el nuevo rumbo político, que será conocido bajo la consigna de “Frente Único y Frente Popular”. Sus elementos principales eran los siguientes: ruptura del Frente Popular y de los lazos con los antiguos aliados de la época de la guerra, incluido el Dr. Negrín y su gobierno, redefinición de la guerra de España como una guerra revolucionaria, rechazo de la II República y su constitución y la denuncia de la guerra mundial como una “guerra entre potencias imperialistas”. Como era de esperar, estos postulados provocaron el aislamiento casi absoluto del PC con respecto al resto del exilio español y supusieron en la práctica la total renuncia a una política activa y creativa. Aunque a principios de 1941 haya un intento de moderar algo esta línea con respecto a algunos de los antiguos aliados,[24] debido a la continua hostilidad hacia la II República y su constitución, esta iniciativa no prosperó.
Es a raíz de la invasión de la Unión Soviética por la Alemania nazi (22 de junio de 1941) que se introduce un cambio en la política del PC, que, después de algunas dudas iniciales, significaría un giro radical. La nueva estrategia, conocida bajo el nombre de “Unión Nacional de todos los españoles”, implicaba la búsqueda de una alianza con todas las fuerzas sociales y políticas de España que estuvieran dispuestas a combatir al régimen de Franco e impedir los supuestos intentos de éste último de implicar España en la guerra mundial.[25] El objetivo final de esta alianza iba a ser la restauración de la II República, gobernada por el Dr. Negrín, cuyo gobierno sería ampliado para dar cabida a los representantes de la derecha. Los únicos que no serían admitidos a la alianza así esbozada -aparte de Franco y sus colaboradores, se entiende– serían los implicados en el llamado “golpe de Casado” y sus supuestos mentores espirituales, como Prieto, Araquistain, Abad de Santillán y otros.[26]
A pesar de las muchas contradicciones inherentes en el programa de UN, su aplicación desde el primer momento permitió al PC exiliado una mayor margen de maniobra y facilitó su progresiva salida del ostracismo político en el que había estado hundido desde el verano de 1939. En primer lugar inició el paulatino acercamiento a los llamados “sectores negrinistas” del Partido Socialistas y de los tres partidos Republicanos (IR, UR y PRF), un proceso que culminó el 16 de febrero de 1942 en la fundación de la Unión Democrática Española (UDE).[27]
En vista de las muchas paralelas entre la política de Unión Nacional y los postulados formulados por Quiñones en el “Anticipo”, parece claro que la oposición de los componentes del “grupo de Lisboa” a éstos últimos era debida a las citadas críticas al BP y al hecho de que todavía ignoraban la nueva línea ya que habían abandonado el continente americano antes de se produjera el giro copernicano hacia la Unión Nacional.[28]
Dado que hasta ahora sólo hemos hablado de los “puestos avanzados” en México, Cuba y la Argentina, ya es hora de subrayar que en su conjunto éstos constituían sólo uno de los cuatro polos en que se dividía el partido en el exilio. El segundo estaba en la Unión Soviética, pero pese a que se hallara allí la máxima autoridad del partido, encarnada por José Díaz y, después de la muerte de éste último en marzo de 1942, por Dolores Ibárruri, el polo soviético, debido en buena parte a los efectos prácticos de la guerra mundial, influenciaría durante aquellos años las actividades del interior sólo de una forma indirecta e intermitente. El tercero, constituido por el “grupo de Lisboa” y el núcleo en torno a Julián Teixeira, a finales de 1941 prácticamente había dejado de existir y, salvo el llamado “aparato de paso” que seguiría funcionando en la zona fronteriza comprendida entre Verín y Chaves, Portugal sería durante muchos años para los comunistas españoles nada más que un país de tránsito.
Mucho más importante para el proceso reorganizador en el interior, sobre todo a partir de 1942, sería el exilio francés y las estructuras que allí se habían creado. Como dejamos constatado, existía ya en 1939 en Francia un centro, que, integrado por Antón y Mije, precisamente había sido creado para asistir al partido en el interior. Aunque sí hubo algunas iniciativas que apuntaban hacia este fin, como el envío a Portugal de los hombres –Teixeira, Morán, V. García– que crearían allí el núcleo anteriormente citado, todo ello se vino abajo cuando los dos dirigentes citados abandonaron Francia en medio del avance alemán. Las actividades desarrolladas en Francia por el PCE tras el armisticio pertenecen, por tanto, a una nueva etapa. Uno de sus momentos claves es la creación en Paris de un comité para la coordinación y reorganización del PCE en la llamada “zona ocupada”. Sus integrantes son Louis Aragón, que representaba la Mano de Obra Inmigrada, Josep Miret, por el PSUC y Emilio Gómez Nadal, por el PCE. Este organismo enlazaría más tarde a través de Manuel Azcárate con Carmen de Pedro, a la que Francisco Antón poco antes de su evacuación a la Unión Soviética había dado instrucciones para la reorganización del PCE en el país galo. Así legitimada, la antigua secretaria-mecanógrafa en el aparato del CC, eficazmente asistida por Jesús Monzón Reparaz y todo un equipo de cuadros medios, al que en 1942 se uniría también Gabriel León Trilla, lanzó a partir de una amplia reunión que se celebró en octubre de 1940 en el campo de Argelès, la Delegación del CC en Francia. Esta tendría su sede primero en Marsella, luego en Aix-en-Provence, desde donde emprendería en primer lugar el relanzamiento del PCE en la llamada “zona libre”.[29]
Si bien había ya antes de la agresión alemana contra la Unión Soviética, en junio de 1941, una multitud de contactos individuales entre militantes españoles de los dos lados de la frontera, fue a raíz de este acontecimiento que las relaciones con el partido en el interior entraron en una nueva fase.
Uno de los primeros cuadros que vino de Francia para reforzar la organización en el interior fue Agustín Ibáñez, que tras su llegada a Madrid en el verano del citado año se integró en el Buró Político Central encabezado por Quiñones. Le sigue en septiembre un grupo de tres cuadros, que tienen instrucciones de reorganizar el PC en sus respectivas regiones de origen, a saber, en Aragón, Valencia y Andalucía oriental. Dado que no entran en contacto con la dirección en Madrid, sospechamos que su misión constituye un primer intento de organizar el partido a espaldas de Quiñones. El mes siguiente llega con Jesús Carreras el primer emisario oficial de la Delegación del CC a Madrid, el que, al parecer, a instancias del “puesto avanzado”, sostiene una entrevista con Quiñones.
Uno de los fundamentos del papel rector que la Delegación va a asumir pronto frente al partido en el interior reside precisamente en el hecho de que había conseguido establecer lazos más o menos estables con la dirección en ultramar. Ello convertiría la Delegación en un intermediario importante entre los dos brazos de la organización y le permite ejercer una cierta tutela sobre el interior en cuanto a la interpretación y elaboración práctica de los postulados políticos que se generan en el continente americano. Esto se manifiesta de forma especialmente palmaria en relación con la táctica de Unión Nacional. En agosto de 1941 sale en Francia el primer número de “Reconquista de España”, el órgano de Unión Nacional Española (UNE), que serviría de modelo para la publicación que bajo el mismo nombre saldría unos dos años más tarde en el interior. También el llamado “congreso de Grenoble”, celebrado en las cercanías de Montauban, donde, con el concurso de unos hombres, que de ninguna forma podían reclamarse representantes legítimos de las diversas organizaciones en cuyo nombre decían hablar, se crea en el verano de 1942 formalmente la UNE, sirve años después como modelo para la génesis de la Junta Suprema de UNE.[30]
EL PARTIDO EN EL INTERIOR: LA SEGUNDA ETAPA
Como quedó constatado, la estricta observación de las medidas de seguridad así como el carácter amplio del Buró Político Central (PC) y del llamado Comité Central en el interior son los dos factores fundamentales que explican por qué las redadas policiales no lograran acabar con estos dos organismos de forma tan radical como habían acabado con su máximo responsable. Entre los antiguos cuadros de estos núcleos, que lograron ponerse a salvo, encontramos a Bayón, Doñoro, Morillo, el antiguo representante de Andalucía, Enrique García Díaz, el último responsable del CP de Madrid en la etapa de Quiñones, y María Asunción Rodríguez Fernández, una de las pocas mujeres que actuaría en el más elevado nivel del partido y que había trabajado bajo Sendín en el aparato de propaganda. Sobre esta base, que fue ampliada con algunos cuadros salidos de la cárcel y de los campos de concentración, se inicia en enero de 1942 la reorganización de la dirección, proceso, que en el mes de febrero desemboca en la creación del llamado CC Provisional. Sus integrantes son Bayón, secretario, Ramón Guerreiro, organización, y Agapito del Olmo Collados, agitación y propaganda. Sobre todo en su fase inicial, el nuevo organismo se apoya fuertemente en la organización del CP de Madrid, que apenas había sido afectada por las medidas represivas del año anterior.[31] En el plano ideológico, el CC Provisional, basándose en parte en la crítica que la dirección en el exilio había formulado a través en un documento que llegó junto con el “grupo de Lisboa” a España, efectúa un corte con la etapa quiñonista y reafirma sin tapujos el papel rector de los organismos superiores en ultramar.[32]
Esta tendencia a abandonar el más mínimo vestigio de una actuación autónoma con respecto al exterior fue considerablemente reforzada cuando Jesús Carreras llega a principios de abril de 1942 a Madrid. La Delegación del CC en Francia, que ignoraba los acontecimientos de los últimos meses en el interior, le había confiado la misión de convencer a Quiñones a que amoldara su línea política a la que marcaba la dirección exiliada y de invitarle a una reunión en Francia.[33] Era portador de una carta de Uribe, donde el dirigente vasco criticaba la línea política seguida por Quiñones y sus métodos de dirección a la vez que formulaba los postulados de la táctica de Unión Nacional, reseñados anteriormente. Puede decirse que por encima de su significado práctico, esta carta también servía a la Delegación del CC como una especie de símbolo de la autoridad que pretendía ejercer con respecto al interior. Enterado de la nueva situación, Carreras se reúne a mediados de abril en una trastienda madrileña con el CC Provisional en pleno, confirma la composición de lo que a partir de ese momento va a denominarse Comisión Central y se integra a la misma con el cargo de instructor.[34] Para reafirmar que el llamado “quiñonismo” había sido enterrado definitivamente y, al tiempo, legitimar el paso de algunos de los colaboradores más íntimos de Quiñones a la nueva estructura, se confía a éstos últimos –Doñoro, Bayón y María Asunción Rodríguez– la misión de redactar para la dirección en el exilio un informe-denuncia sobre la citada “escisión”.
Algunos aspectos de la labor práctica del partido en el interior.
El papel de la propaganda, que resulta tan importante para cualquier partido político, adquiere en las condiciones de la clandestinidad un significado inigualable ya que es el medio por excelencia para cohesionar y vertebrar el partido y ofrecer una alternativa política frente al régimen y las opciones de los otros partidos.
Poco después de que Jesús Carreras había tomado las riendas de la dirección en el interior, el CP de Madrid empezó a editar, escrito a máquina y en papel cebolla, el boletín “Liberación Nacional”, cuyo título reflejaba perfectamente el nuevo rumbo político. De esta publicación saldrían, al menos, 27 números y no desaparecería hasta febrero de 1943 o incluso más tarde. En junio de 1942 se edita el primer número de “Mundo Obrero” en el interior, pese a que a principios de aquel mes había caído parte del CP de Madrid, que era él que facilitaba los medios para su impresión. A principios de 1943, gracias a los servicios de un militante que era impresor, la secretaría de agitación y propaganda logra imprimir nada menos que 4.000 ejemplares de la misma edición de “Mundo Obrero” que había salido medio año antes. En junio de ese año sale el primer número de “Reconquista de España”, órgano de la UNE en el interior. Dada la creciente importancia del aparato de impresión se decidió, de acuerdo con los principios del trabajo clandestino, separarlo completamente del resto de la organización para así protegerlo mejor contra las frecuentes caídas. Sería en los primeros meses de 1944 que el aparato de propaganda alcanza su mayor eficacia. Ello fue debido en gran medida a que un militante, que trabajaba en una dependencia de la embajada estadounidense, la Casa de América, ganó acceso a las cuatro multicopistas eléctricas, que normalmente debían servir para confeccionar el material de propaganda de la embajada. Habiendo sido integrado en marzo de 1944 en la Comisión de Agitación y Propaganda, que poco después pasaría bajo el control de Gabriel L. Trilla, el citado militante, José Manzanares López, montó todo un equipo, que posteriormente confeccionaría cada dos semanas “Reconquista de España” con una tirada de hasta 8 mil ejemplares, consistiendo cada ejemplar en 8 páginas. En el mes de agosto se crea a base de una multicopista y una máquina de escribir otra sección del aparato de impresión, que, una vez instalada en casa de una militante, sirvió para lanzar cada dos semanas una edición de “Mundo Obrero” y a ritmo mensual otra de “Nuestra Bandera”; el órgano teórico del partido normalmente comprendía entonces entre 14 y 16 páginas. Aproximadamente por las mismas fechas se da otro paso más en la ampliación del aparato de propaganda, creando en Carabanchel Bajo una base subterránea, donde se instaló una imprenta comercial, en la que se imprimirían preferentemente octavillas y folletos. El papel para estas actividades, que normalmente no se conseguía sin grandes dificultades y mediante procedimientos sumamente arriesgados, procedía en gran medida de la embajada alemana. De esta forma, el partido iba adquiriendo sin ayuda alguna del exterior una capacidad de generar material de propaganda que, una vez desmantelado el citado aparato, no recuperaría hasta los últimos años de la clandestinidad.[35]
Distribuir todo este material constituía en aquellos años una tarea no menos exigente y peligrosa que su confección, sobre todo en aquellas etapas, en que el aparato de propaganda estuviera centralizado en Madrid y las organizaciones regionales y provinciales carecieran de los correspondientes medios. En los primeros años de la clandestinidad se efectuaba la distribución de la propaganda a través del mismo medio que se solía utilizar para mantener las relaciones entre el centro y la periferia, a saber, mediante el empleo de los enlaces.[36] últimos solían desplazarse a los distintos núcleos para transmitir las instrucciones de la dirección central, recabar información sobre la evolución de las respectivas organizaciones y la situación en sus zonas de actuación y, al mismo tiempo, entregar a los responsables provinciales o regionales material de propaganda en pequeñas cantidades. Las actividades de los enlaces, que muchas veces asumían la identidad de viajantes comerciales para así justificar sus frecuentes desplazamientos, eran sumamente exigentes y peligrosas y requerían de éstos últimos una gran dosis de sangre fría. Al viajar preferentemente en ferrocarril o coches de línea, tenían que pasar constantemente por los controles que las fuerzas represivas solían efectuar en las estaciones y los diversos medios de transporte público. La documentación que llevaban o pertenecía a otra persona o había sido falsificada, pero en ningún caso constituía una garantía contra el peligro de quedar desenmascarado. En algunos momentos el partido ha tenido la suerte de contar con los servicios de un tipo de enlace muy privilegiado, que eran los ferroviarios o, mejor aún, los maquinistas, ya que éstos últimos no sólo podían llevar sin mayor riesgo correspondencia y material propaganda, sino incluso tenían la posibilidad de trasladar a militantes ocultos en la locomotora de un lugar a otro.[37] Había, por supuesto, otro medio importante para mantener los contactos entre el centro y la periferia, a saber, la correspondencia. Este sistema tenía como base fundamental las llamadas estafetas, cuyo papel consistía en recibir a su nombre toda la correspondencia que una determinada organización regional, provincial o del exilio dirigiera a la dirección. Mas, dado el estricto control policial al que estaba sometido el servicio de correos, el envió de material de propaganda a través de este medio sólo era posible en muy pequeñas cantidades. Durante la etapa que la Comisión de agitación y propaganda se halló bajo el control de Gabriel L. Trilla, los militantes del núcleo encargado de la impresión, al que nos referimos anteriormente, encontraron un camino tan simple como ingenioso para hacer llegar el material de propaganda a las organizaciones regionales. Utilizando los servicios de una agencia de transporte, entre cuyos empleados se hallaron también varios militantes, enviaron a lo largo de varios meses con gran regularidad paquetes con prensa clandestina a los comités regionales de Andalucía, Galicia, Levante y Euskadi, residentes, respectivamente, en Sevilla, Vigo, Valencia y Bilbao.[38]
Garantizarle al partido una cierta disponibilidad de medios financieros era una tarea tan importante, o más, para la existencia del mismo como la confección de material de propaganda o el mantenimiento de las relaciones entre el centro y las organizaciones de la periferia. Había varios caminos para alcanzar este objetivo. Uno de ellos eran las cotizaciones de los militantes y simpatizantes del PC y de las JSU, que, en cuanto hubo los medios para su confección, se solía efectuar a través de los sellos de cotización. De vez en cuando había también alguna persona adinerada, militante del partido o cercano al mismo, que estaba en condiciones de aportar importantes cantidades para el mantenimiento de la organización.[39] Por otra parte, durante los primeros años de la década hubo varios casos de militantes del partido que regresaron de Francia con diversos objetos de valor -monedas, alhajas, etc.– los cuales, habiendo sido “expropiados” en el curso de la guerra, esperaban vender en España para así financiar la lucha en el interior. A partir de 1943 la Delegación del CC en Francia empieza a enviar en varias ocasiones divisas extranjeras –libras esterlinas, francos suizos y dólares– que, una vez cambiadas por pesetas, pasaron a ampliar el erario del partido. A partir del verano de 1944, a más tardar, se inicia con los primeros “golpes económicos” efectuadas por la guerrilla urbana una evolución que se mantendría al menos hasta 1949 y que convirtió a la guerrilla durante esa época en la principal fuente de ingresos del partido en el interior.[40]
Otro aspecto muy importante del trabajo del partido durante aquellos años y el que, de hecho, constituyó durante los primeros meses de la posguerra el fundamento y el objetivo principal del proceso de la reorganización, fue la solidaridad práctica con los presos. Lo que en un principio se limitó a la recogida de ropa, comida y de dinero para los presos y sus familias, fue más tarde sistematizado en el marco del Frente Nacional de Ayuda, el cual hacía tiempo había sustituido al antiguo Socorro Rojo. Tanto la ayuda material a los presos como las visitas que éstos últimos recibieran de otros militantes constituían, más allá de su valor práctico, un factor psicológico que, creemos, fue de gran importancia para mantener la cohesión del partido y reforzar la combatividad de los militantes. La convicción de que el partido, en el caso de que fuese detenido o, incluso, cayera en el combate político, haría todo lo que estuviera en su poder para asistir económicamente a la familia, indudablemente ayudó a muchos militantes a comprometerse totalmente en la lucha. Mas, también había otras razones de por qué se procurara mantener una estrecha relación con los presos. Uno era recabar cierta información sobre aquellos presos cuya puesta en libertad parecía inminente, como, por ejemplo, si estaban dispuestos a volver a actuar y cuáles podrían ser sus aptitudes para desempeñar determinadas tareas una vez que hubieran recuperado la libertad. Como veremos más adelante, en los pocos casos donde se resolvió que el preso en cuestión era un cuadro muy capacitado, cuya colaboración era absolutamente imprescindible para el avance de la organización, se llegó incluso a planificar su “liberación anticipada”, sea mediante la falsificación de la correspondiente documentación o el soborno de un oficial del entramado judicial del Régimen, o bien a través de una fuga organizada desde fuera. En el caso de los llamados “reincidentes”, es decir, aquellos militantes que habían caído a raíz de actividades posteriores a la guerra, había un gran interés por restablecer el contacto con ellos para conocer las causas de la caída y el contenido de sus declaraciones ante la policía.
Otra tarea a la que el partido intentó entonces prestar especial atención fue el trabajo sindical, La voluntad de no dejar abandonado un campo, que en otros tiempos había constituido uno de los fundamentos del partido, quedó manifestada por el hecho de que en el proceso de la constitución de la Comisión Central, Carreras dispusiera la creación de una secretaria de asuntos sindicales, encargando de ella a Trinidad García Vidales. Mas, los esfuerzos por reconstruir las estructuras de la UGT en las fábricas y algunas otras grandes empresas de Madrid, tales como Euskalduna (Villaverde Bajo), la Tabacalera, El Águila, Standard, Manufacturas de Aluminio, el metro y las compañías de ferrocarril chocaron con grandes dificultades y pronto quedaron al menos parcialmente abortados. Las experiencias que se granjearon entonces en este aspecto serían casi idénticas con aquellas que unos diez años más tarde saldrían del proyecto llamado Oposición Sindical Obrera: dado que hasta principios de los años sesenta el régimen franquista perseguía al sindicalismo clandestino de signo comunista casi con la misma saña que solía invertir en la represión del PC, no era fácil ganar para el trabajo sindical a obreros que no estuvieran militando ya en el partido, de modo que los grupos de la UGT en las empresas –al igual que los de la OSO una década más tarde– apenas se diferenciaban en su composición de las células del PC. Ni siquiera en “El Baluarte”, el sindicato metalúrgico de Madrid, que tradicionalmente era un fuerte de los comunistas, había una dirección del partido. Lo que es más, de los aproximadamente 180 talleres metalúrgicos que había entonces en Madrid, sólo quince tenían una célula del partido. También no dejó de influir en esta cuestión toda la amargura y mutua incomprensión entre los socialistas y los militantes comunistas que fue una de las herencias de una serie de acontecimientos en el campo republicano durante la guerra, especialmente, el llamado “golpe casadista”, de modo que los militantes socialistas que actuaban sindicalmente en el ramo citado, se negaron a colaborar con sus “hermanos de clase”. El único ramo de la UGT de Madrid donde había un cierto grado de colaboración, sobre todo en la cuestión de la ayuda pro-presos, entre los obreros comunistas, socialistas e, incluso, confederales, era el Sindicato de la Piel. El que representaba allí al partido, un tal Torres, ya había intentado resucitar el trabajo sindical cuando Quiñones dirigía el partido.[41] Una de las causas principales de por qué la labor de los militantes en éste y en otros campos no llegó a rendir los resultados deseados fue, indudablemente, la falta de cuadros capacitados.
El exilio toma las riendas.
Precedida en mayo y principios de junio de 1942 por la captura de varios miembros del CP de Madrid y de algunos de sus colaboradores, se produce a mediados de este mes la detención del secretario de organización, Guerreiro. Aunque los otros componentes de la Comisión Central no dejaron de tomar ciertas medidas de seguridad para cortar la redada,[42] no pudieron impedir que éstos cayesen a su vez sólo unos días más tarde. Con el ingreso en comisaría de Guerreiro, Bayón, Del Olmo y Fuentes Muñoz, sucesor del anterior, la Comisión Central había dejado de existir. En el espacio de varias semanas caen junto con ellos en todo el país más de dos centenares.[43] Paso seguido, algunos componentes del CP de Madrid, que, como Dionisio Tellado, María Asunción Rodríguez “La Peque”, Rafael Abad San Francisco y Juan Soler Muñoz,[44] no habían sido alcanzados por la redada, empiezan a reorganizar el organismo citado y asumen interinamente el papel de la dirección eliminada. Dada la aguda falta de cuadros, se produce entonces una de “las fugas por encargo” que mencionamos anteriormente, tratándose en este caso del ya citado Luis Espinosa, al que se facilita la fuga de un Batallón de Trabajadores Militarizados para ocupar a continuación el cargo de secretario de organización en la dirección del partido. Otro indicio de la carencia de militantes capacitados para sustituir a los detenidos, fue el hecho de que Carreras tuviera que abandonar su papel de instructor para ponerse al frente del equipo rector, iniciando así la segunda fase de su liderato, que había de durar hasta marzo del año siguiente. Semanas después también fue reconstruido el resto de la dirección, ocupando Espinosa la secretaría de organización y Doñoro la de propaganda. Asimismo se efectuó un reparto de las tareas sobre una base geográfica, ocupándose cada uno de los componentes de la Comisión Central de varias regiones del país,[45] de modo que hacia finales de 1942 Carreras se traslade a Bilbao para constituir allí el CC del PC de Euzkadi.[46] A continuación va a San Sebastián, donde se entrevista con los componentes de un grupo de militantes que habían venido de Francia por su propia voluntad para reforzar la lucha en el interior. Entre ellos está también el joven Luis Alberto Quesada, al que Carreras integra en la dirección como responsable de la JSU.
En enero de 1943 viene de Francia Manuel Jimeno, el que desempeñaba el mismo cargo que Quesada en la Delegación del CC, para organizar lo que, en el estilo algo grandilocuente que solía emplear Monzón, se denominaría la Conferencia Nacional del partido en el interior, a la que asistieron los miembros de la Comisión Central. Trae un informe de la Delegación del CC y tras una breve estancia en Madrid regresa al país vecino, llevándose un informe redactado por Carreras.[47]
El dia 15 de marzo cae el responsable de la Comisión Central, Jesús Carreras, a raíz de la detención en San Sebastián de un enlace que acababa de venir de Francia. A base de las informaciones facilitadas por éste último, la policía consigue que Carreras se traslade a la capital guipuzcoana, donde le detienen.[48] A continuación sufrieron la misma suerte los otros dos componentes de la Comisión Central, Espinosa y Doñoro, varios colaboradores más de la misma así como los integrantes del llamado CC de Euskadi.[49] La caída del equipo Carreras marcó un hito en la evolución del PC en la postguerra, ya que a partir de aquel momento los cargos importantes en el partido durante varios años estarían mayoritariamente en manos de cuadros llegados de Francia o de ultramar. Habiendo pasado sólo unos días desde estos acontecimientos, Manuel Jimeno llega a Madrid por segunda vez en menos de tres meses.[50] El joven valenciano, cuyo colaborador más importante es en aquel momento Juan Ros Soler, que, también procedente de Francia, se encargaría de la dirección de la JSU, efectúa una serie de cambios respecto al CP de Madrid,[51] pero no parece que haya acometido seriamente la tarea de reorganizar la Comisión Central. De ser correcto, ello confirmaría la hipótesis de que su estancia en el interior perseguía en primer lugar el objetivo de preparar el terreno para la llegada de Monzón y de sus colaboradores. La falta de una dirección estructurada en la cumbre se pretendía suplir al menos en parte mediante el CR de Castilla, cuyos fundamentos como organismo intermedio ya había lanzado Carreras, de modo que Jimeno no tardó en confirmar a Trinidad García Vidales y Antonio García Buendía en sus cargos. Félix Navarro, que inicialmente también había formado parte del mismo, al verse perseguido por la policía, hacía tiempo ya había abandonado el citado organismo. Aunque las medidas efectuados por Jimeno perseguían también el objetivo de cortar las caídas, parece que no fueron suficientemente eficaces para eliminar definitivamente esos “cabos sueltos” de los que se decía que la policía solía dejarlos después de cada redada para luego volver sobre ellos en una nueva “razzia”. Las nuevas estructuras apenas se mantuvieron durante unos cuatro meses, puesto que ya hacia finales de agosto se produce una nueva redada que provoca la detención de Ros Soler, Tellado, María Asunción Rodríguez ”La Peque” – la cual por motivos de seguridad también había sido separada poco antes del CP– Trinidad G. Vidales, Cecilio Martín Borja y de varios más.[52]
Desde finales de 1942 se registra un aumento de los contactos del interior tanto con la Delegación del CC en Francia como con la dirección en ultramar. Aparte de Jimeno y del grupo que incluyó a Quesada, vino en otoño de 1942, enviada por la Delegación, una mujer que se hacía llamar “María Luisa”. Creemos que se trata de Pilar Soler, que bajo el nombre de guerra de “Luisa” sería posiblemente la colaboradora más estrecha – además de ser su compañera sentimental – de Monzón durante gran parte de la estancia de éste último en el interior.[53] Regresa pronto a Francia, pero ya en febrero del año siguiente está de vuelta en Madrid, esta vez acompañada por dos militantes. Informa que les han comunicado en Francia la llegada a Portugal de unos cuadros, que, supuestamente, procedían del “puesto avanzado” en México y trae una lista, facilitada por los militantes del exilio francés, con los nombres y señas de aquellos familiares y amigos suyos a los que consideraban aptos para reforzar el partido en el interior. Asimismo presenta dos cartas, una, donde la Delegación informa sobre la reciente celebración de una llamada Conferencia Nacional del PCE en Francia, la otra, de Monzón, en la cual el dirigente navarro pide a un amigo suyo, de profesión abogado, que entre en contacto con personas influyentes para ganarles para el pro-grama de Unión Nacional Española y las actividades relacionadas con la misma.
Hay varios indicios de que el traslado definitivo de Monzón al interior no se produjo antes de agosto de 1943. Su llegada había sido preparada cuidadosamente por Jimeno, el cual le compró un piso en Madrid y le facilitó un carné –falsificado, por supuesto– del Colegio de Médicos.[54] Por las mismas fechas vienen llegando, algunos antes, otros más tarde, toda una serie de cuadros que, habiendo dirigido junto con Monzón el PCE en Francia, ahora se integran en la dirección central o en los diversos comités regionales: Acensio Arriolabengoa, que se hace cargo de la secretaría de organización, Andrés Paredes Vidal “Groman”, que se pone al frente del PSUC del interior;[55] Ángel Pérez Mary, integrante de la Delegación del CC del PSUC en Francia, que, junto con Josep Serradell “Román”, desplazaría más tarde al anterior, Apolinario Póveda, que primero sirve de instructor al lado de Paredes, luego encabeza al partido en Euskadi y, finalmente, será mandado a Sevilla para controlar el CR de Andalucía; Sixto Agudo, que también fue enviado a Andalucía, donde se ocupó junto con Alfredo Cabello de los contactos con Manuel Giménez Fernández, etc.
Trilla, por otra parte, llegó a España entre verano y otoño del citado año, pero antes de que pueda encargarse de la secretaría de agitación y propaganda, Monzón le manda a Valencia para resolver allí un problema. A principios de 1944 ya está en Madrid, donde se aloja en casa de José Manzanares, al que ya mencionamos en el contexto del llamado “aparato de la imprenta”.[56]
Jimeno, por el contrario, al que, después de haber cargado durante unos cuatro meses con la dirección del partido en el interior, la policía estaba pisando los talones, vuelve hacia finales del verano de 1943 a Francia, donde se pone al frente de lo quedaba de la Delegación del CC en aquel país. Este cargo había quedado vacante a raíz de la venida a España de Trilla y Arriolabengoa, que lo habían ocupado desde que Carmen de Pedro, acompañada por Manuel Azcárate, se trasladó en el citado año a Suiza, supuestamente para conectar desde allí con los miembros del Buró Político residentes en la Unión Soviética y el continente americano.[57]
La llegada de los cuadros procedentes de Francia indudablemente supuso un notable reforzamiento de la organización en el interior, pero significó, al mismo tiempo, la toma de poder por parte de aquellos y, por tanto, de Monzón. Al lado de núcleos y organizaciones, donde se saludaba sin reservas la venida de los “franceses”, había otros, donde se les opuso bastante resistencia, interpretando su paso masivo a los puestos de responsabilidad como una usurpación de una organización, que los militantes del interior había construido con muchos sacrificios y una abnegación inigualable. Lo que es más, había entre los del interior un sentimiento muy generalizado –algo que aún pudimos comprobar en las conversaciones que sostuvimos con los veteranos casi cuarenta años después– de una cierta superioridad moral por haberse quedado cuando los otros se fueron al exilio, a la vez que se acusaba a los recién venidos de que no captaran bien la realidad diaria de la España franquista lo que, supuestamente, les llevaba a cometer errores peligrosos.
Al igual que lo que ocurriría un año y medio más tarde, cuando Santiago Carrillo se haría con el mando del interior, los que se resisten a su desplazamiento de los puestos de dirección son difamados como débiles, incapaces e incluso traidores. Entre los que sufren este tipo de trato están Alberto Assa y Tomás Tortajada, en Cataluña así como Demetrio Rodríguez “Centenera”, en Valencia. Fue precisamente la resistencia de éste último lo que motivó la ya citada estancia de Trilla en Levante.[58]
Aproximadamente sobre las mismas fechas que se inicia este trasvase de cuadros de Francia al interior, se registra también un creciente número de militantes que han sido enviados desde México, Cuba y la Argentina. La puerta de entrada para la gran mayoría de éstos últimos sería Bilbao, adonde, provistos con documentación falsa, solían llegar a bordo de algún barco de forma quasi-legal, aunque había unos pocos, que por diversos circunstancias tuvieron que hacer el viaje como polizones. Al igual que ya en la última fase de la etapa quiñonista, había en Bilbao un aparato de recepción para la documentación, el material de propaganda y alguna que otra remesa de dinero que solían llegar desde ultramar mediante la intervención de marineros comunistas de muy diversas procedencia nacional. Fue así que había llegado a principios de 1943 el manifiesto que bajo el epígrafe de “Programa de un gobierno de Unión Nacional para la salvación de España” el CC del partido había lanzado en México con fecha del 16 de septiembre del año anterior. Aunque a raíz de la caída de Carreras había quedado desmantelado el citado punto de recepción, permanecía en pié un núcleo de militantes –entre ellos una mujer, conocida por Pilar “la de Bilbao” para distinguirla de Pilar Soler “Luísa”– que solían constituir el primer contacto para los recién llegados. Entre éstos últimos se encuentran los ya citados Antonio Seoane Ramos y José Gómez Gayoso,[59] el también gallego Francisco Caridad Mateo, que en rápida sucesión fue mandado a Andalucía, la Rioja y Euskadi, el antiguo miembro de la Ejecutiva de la JSU, Alfredo Cabello, que se ocuparía inicialmente desde Sevilla de las relaciones de Monzón con Manuel Giménez Fernández, para pasar luego, tras la caída de Sixto Agudo en febrero de 1944, a ser instructor del CR de Andalucía,[60]59 el ya citado Josep Serradell “Román” y su compañera Margarita Abril, que tras su llegada a finales de 1943 y comienzos de 1944, respectivamente, se harían cargo del PSUC y de las JSU de Cataluña, respectivamente, Agustín Zoroa, que tras su llegada en en verano de 1944 se encargará dentro del marco de la Delegación del CC de la Comisión Político-Militar, etc.
Integrados por Monzón en las nuevas estructuras del partido, su papel no solamente consiste en reforzar éste último, sino también en lanzar los fundamentos de la Unión Nacional Española (UNE), el futuro gran instrumento para derrocar el régimen, una vez que ésta haya sido creada en la cumbre. Para conseguir este fin, Monzón no pierde tiempo ni repara en los medios. Celebra a finales de agosto en San Antonio de la Florida, entonces un lugar de merenderos en las afueras de Madrid, una reunión a la que asisten, entre otros, el ex-alcalde de Madrid, Ramón Ariño Fuster, que representaba una de las diversas fracciones en las que estaba dividido el sector de los Republicanos, los dirigentes libertarios Gregorio Gallego y Manuel Fernández Fernández y el joven socialista Sócrates Gómez, donde se trata del futuro ingreso de estas fuerzas políticas en la UNE y de la creación de la Junta Suprema de esta alianza. La propuesta de Monzón choca allí mismo con la oposición frontal del representante socialista, mientras que la negativa del Comité Nacional de la CNT tarda unos días en pronunciarse.
Monzón posiblemente ya había previsto este desenlace, de modo que había otro cuadro que, habiendo estado preso en Carabanchel, ya había iniciado conversaciones con el antiguo secretario general de la CNT, David Antona, el dirigente Republicano Régulo Martínez y un grupo de socialistas, que estaban presos en Madrid. Tanto Antona como los socialistas, al parecer, estaban dispuestos a colaborar con el PC en el marco de la UN.[61]
Mas, Monzón ya no estaba dispuesto a esperar más y, siguiendo a grandes rasgos el padrón que se había utilizado con motivo del llamado “congreso de Grenoble”, organiza en septiembre de 1943 en una taberna del barrio madrileño de Lavapiés la reunión fundacional de la Junta Suprema. Los llamados representantes de PSOE, UGT y de la CNT, que asisten a la misma, son unos perfectos desconocidos en sus respectivas organizaciones.[62] En el mismo mes, la Delegación del CC en el interior supuestamente celebra una “reunión ampliada de la Delegación del CC del partido”, donde se aprueba la constitución de la Junta Suprema. Unos meses mas tarde saldría a raíz de ello un documento –“El primer comunicado de la Delegación del Interior”– que, basándose, entre otros factores, en la reciente caída del régimen fascista en Italia, respiraba un triunfalismo y un optimismo desaforados.[63] En el caso de quedaran aún algunas dudas de que este optimismo era realmente justificado, Monzón presentó en noviembre de 1943 un documento, que parecía probar que la Unión Nacional había entrado en una dinámica francamente imparable. Se trata del llamado “Acuerdo entre la J.S. de Unión Nacional y los católicos”, que, fechado en el 16 de noviembre, fue publicado meses después por la edición de “Nuestra Bandera” que se tiraba en el exilio mexicano.[64] El que supuestamente hablaba allí en nombre de “los católicos” no era el primado de la iglesia española, sino el profesor de la universidad de Sevilla y antiguo ministro de Agricultura durante el “bienio negro”, Manuel Giménez Fernández. Aunque nadie, que sepamos, haya podido probar que tal acuerdo realmente existió, no queda duda alguna que Monzón, gracias a los buenos oficios de sus colaboradores en Andalucía (Sixto Agudo, Alfredo Cabello) sí mantuvo estrechos contactos con el dirigente cristiano-demócrata. El llamado acuerdo respiraba una gran dosis de moderación política y sus planteamientos se atenía fielmente a los postulados contenidos en el ya citado manifiesto del CC del PCE de septiembre de 1942.
Aunque en éste, al igual que en varias otras proclamas y actos dados a conocer por la Delegación del CC en el interior, había un fuerte elemento de hipérbole e, incluso, de engaño,[65] sería injusto afirmar, como se hizo más tarde, que los frutos del trabajo del equipo Monzón y, especialmente, la UN, se redujeron a un gran “bluff”. La UN, por supuesto, no fue aquel gran éxito que la Delegación del CC presentaba en sus informes y que la dirección en el exilio no tuvo ningún inconveniente en pregonar en sus discursos y su prensa –en vista de que la alianza tuvo que desarrollarse en las condiciones quasitotalitarias del franquismo, ello, en todo caso, hubiera sido imposible- pero tampoco fue un fracaso total. Por el contrario, consideramos que la creación de la Unión Nacional, o, mejor dicho, la forma en la que ésta se presentó a nivel de base entre los antifranquistas del interior, fue, junto con la consigna de la Reconciliación Nacional y la decisión de conquistar desde dentro los Sindicatos Verticales, uno de los grandes aciertos de la política del PC bajo el franquismo. En el interior, la UN en muchos casos sirvió como un eficaz instrumento para atraer a la lucha antifranquista a personas, que, dada su procedencia social –miembros de las profesiones liberales, elementos de las clases medias, miembros de la Policía Armada y la Guardia Civil, etc.– o sus convicciones políticas –socialistas, libertarios Republicanos, nacionalistas, etc.– en vista de las experiencias de la guerra nunca se hubieran unido al PC, pero, sí, estaban dispuestos a colaborar con una alianza, en la cual los comunistas parecían haber diluido su partido. La práctica desaparición del PC detrás de las siglas de UN, lejos de debilitar al partido, como afirmarían luego Carrillo y todos los críticos de aquella etapa, fue una táctica acertada. Si bien en cierto modo fue una especie de engaño a muchas personas que creían colaborar con una alianza multipartidista en la cual el PC no era más que uno de varios componentes, cuando, en realidad, el partido la dominaba completamente, le permitió a éste último penetrar en medios ideológicos y sociales donde no volvería a estar presente hasta dos décadas más tarde. La colaboración en el marco de la UN con elementos de los antiguos partidos Republicanos en determinados lugares fue tan real como la presencia de intelectuales, abogados y médicos en la Unión de Intelectuales Libres (UIL), una de las organizaciones adheridas a la UN. Esta constatación no significa que soslayemos que la UN haya tenido su auge precisamente a lo largo de 1944 y 1945, es decir, cuando el régimen franquista pasa por la etapa más problemática de toda su existencia. La inminente derrota de las potencias nazi-fascistas en opinión de muchos antifranquistas –e incluso de no pocos partidarios del régimen– forzosamente había de desembocar en el derrocamiento de Franco y de la dictadura que encabezaba. Esta visión optimista beneficiaba enormemente a la UN, ya que impulsó a miles de españoles a comprometerse activamente con la alianza.
En medio de este avance aparentemente arrollador de Monzón y de su equipo aparece en mayo de 1944 en Madrid el asturiano Casto García Roza, el cual llega con instrucciones de ponerse al frente de la Delegación del CC.[66] Ya hacía meses desde que Roza había vuelto a la península, porque desembarcó en Lisboa en octubre de 1943. Habiendo pasado la frontera portuguesa gracias al llamado “aparato de pasos”, que existía ya entonces entre Verín y Chaves, Roza se dirige a Bilbao para asegurarse del punto de contacto con la dirección en ultramar y para conectar desde allí con Carreras. Cuando una caída en Bilbao le priva momentáneamente de la posibilidad de relacionarse por esta vía con Carreras, se queda en Vizcaya e inicia la reorganización del PC en la región. Las medidas que toma a continuación con respecto a Euskadi y diversas otras regiones así como el tiempo relativamente largo que pasa en el norte, nos parecen un claro indicio de que Roza vino con órdenes de crear los fundamentos de su futuro papel de responsable nacional antes de conectar con los mecanismos ya establecidos desde Francia.
Estando en Bilbao, se entera finalmente de la caída de Carreras, ocurrida ya varios meses antes, y decide a finales de 1943 trasladarse a Madrid. En la capital toma contacto en la cárcel con Espinosa y Carreras, los cuales le informan detalladamente sobre las caídas sufridas. Lanza diversas iniciativas políticas, pero aunque son cada vez más frecuentes los indicios de que exista ya un equipo rector en el interior, Roza parece querer demorar el contacto con él hasta que haya construido estructuras, que estén independientes de las existentes. Finalmente, en la primera quincena de mayo de 1944, es decir, unos 6 meses después de su llegada a la península, celebra la primera reunión con Monzón y Pilar Soler “Luisa” en Madrid. Monzón no parece ofrecer resistencia alguna cuando Roza le anuncia que va a asumir la responsabilidad del partido en el interior. Paso seguido, Roza le retira del cargo de secretario general y, junto con Pilar Soler, que en unión de Arriolabengoa había estado vinculada a la secretaría de organización, le agrega a la secretaría de agitación y propaganda, donde ya se hallaba Trilla. Asimismo dispone que, hasta que no venga Ormazábal, Pere Canals “Pedro”, que acababa de llegar, enviado por Carrillo, desde de la Argentina, para dirigir el PSUC, se encargue de la secretaría de organización de la Delegación.
A pesar de la aparente disciplina con la que Monzón acepta las órdenes que trae Roza, era innegable que los dos habían iniciado una lucha sorda por el poder, en la cual Monzón procuraba salvar el máximo de las posiciones que había mantenido anteriormente. Por otra parte, resulta imposible no detectar en esta lucha una cierta bipolaridad en el sentido de que Roza procuraba apoyarse principalmente en los cuadros procedentes de América y, por el contrario, intentaba relegar a los antiguos colaboradores de Monzón, que en su mayoría o vinieron de Francia o habían surgido en la lucha en el interior, a cargos menos influyentes.[67]
Aproximadamente en junio de 1944 llega a Madrid Agustín Zoroa como enviado especial de Santiago Carrillo e informa que éste último está en Lisboa a la espera de que venga algún componente de la Delegación.[68] Zoroa también trae un informe de la dirección, donde ésta “valora como justa la línea política de la Delegación” y que contiene una serie de instrucciones para el interior. Entre éstas destacamos sobre todo dos por su trascendencia estas dos: a) impulsar las acciones de lucha de masas; b) crear tres grandes zonas guerrilleras en el Norte, Andalucía y Extremadura, respectivamente, y lanzar rápidamente acciones masivas de los guerrilleros. Confrontado con una muestra tan contundente del desconocimiento de la situación real que reina en las filas de la dirección en el exilio, Roza aprovecha la oportunidad para acusar a Monzón de que la causa de este optimismo injustificado hay que buscarla exclusivamente en sus informes excesivamente optimistas.
Las relaciones entre Monzón y Roza sufren un brusco cambio cuando aproximadamente en agosto de 1944 éste último empieza a sufrir los efectos de una enfermedad nerviosa. Ello no solamente le obliga a someterse a base de inyecciones a un tratamiento médico, sino le impone también la necesidad de reducir considerablemente la carga de trabajo orgánico. En vista de ello, los otros dos componentes de la dirección, Monzón y Canals, le exigen a Roza en una reunión restringida que resuelva el problema, puesto que, en su opinión, no puede seguir dirigiendo la Delegación del CC. Debilitado por la enfermedad, Roza apenas opone resistencia, sino únicamente se limita a negarse repetidas veces a firmar una resolución que los otros dos dirigentes han redactado sobre su caso, pero finalmente cede también en este aspecto. Acepta que se le nombre responsable de asuntos sindicales, pero su estancia en este cargo debe haber sido de poca duración, puesto que en otoño de 1944 ya se le encuentra en Francia.[69]
Los acontecimientos hasta aquí reseñadas invitan a especular sobre ¿cómo la historia del partido durante los restantes meses de 1944 hubiera seguido un rumbo diferente, si Roza hubiera seguido siendo el máximo responsable en el interior? ¿Se hubiera producida la llamada “invasión de Arán”, el asesinato de Trilla o la desaparición de Canals en algún paraje de los Pirineos?
El final de la autonomía del partido en el interior.
Pasando por el Norte de Africa, donde recompone perentoriamente la dirección del PCE que hasta entonces había colaborado estrechamente con la Delegación del CC en Francia y España, Santiago Carrillo llega en el otoño de 1944 al país vecino. Pasando por Toulouse, entonces el centro de las actividades del PCE en Francia, llega el 27 de octubre a la frontera española, donde, tras haber consultado al Alto Estado Mayor de la Agrupación de Guerrilleros Españoles, que dirige las operaciones de la llamada “invasión del Valle de Arán”, ordena la retirada de las unidades de la UNE, que ya desde hacía días intentaban penetrar por diversos puntos de la frontera.
La llegada de Carrillo y las medidas que tomaría durante los meses posteriores significan, entre otras cosas, la reafirmación del pleno control del Buró Político sobre el partido en el interior. Aunque la autonomía del partido, debido a la progresiva intervención de la dirección en ultramar y de la Delegación del CC en Francia a partir de 1942 ya había venido sufriendo un constante desgaste, es ahora, a finales de 1944, que este proceso llega a su final definitivo. Aunque Monzón, a su vez, ya había sometido la organización en el interior al control de los cuadros venidos de Francia, no queda de duda que el dirigente navarro era el último símbolo de esta autonomía, entre otras razones, porque, al igual que Quiñones, no había alcanzado su posición en la jerarquía del partido gracias a ninguna instancia superior y, al no pertenecer al CC, no formaba, ni siquiera, parte de la nomenclatura del partido.
Dado que ya se ha estudiado con mucho esmero todo lo relacionado con la citada “invasión”, nos limitamos a examinar brevemente los motivos que puedan haber impulsado a Monzón a desencadenar semejante operación. En primer lugar parece necesario dejar constancia de que la Delegación del CC nunca creyó en la posibilidad de que las unidades de la UNE pudieran derrotar al ejército franquista mediante un enfrentamiento frontal, sino que el objetivo se limitaba a “abrir una cabeza de puente en la vertiente española de la mayor amplitud, haciéndose fuerte en ella [...] Esta cabeza de puente, que debe ampliarse cuanto se pueda y mantenerse siempre en espíritu de ofensiva en la medida en que su propia potencia militar se desarrolla...”. Monzón justificaba esta medida con que “... puede decirse, estamos iniciando el desarrollo creciente de la insurrección nacional”.[70] Por supuesto, se sabía que el país no estaba al borde de una “insurrección nacional” y, como prueban las ya citadas confidencias que hizo a Roza, podemos excluir que el mismo Monzón se haya creído las noticias más optimistas que recibió de sus colaboradores o que fueron generadas por él mismo. Lo que, muy probablemente, creía el dirigente navarro –como lo creían entonces tantos antifranquistas españoles– fue que las actividades de los Aliados no iban a limitarse al norte de los Pirineos, sino que, sea a través de la simple amenaza de invadir España, sea mediante una serie de medidas económicas, precipitarían la caída de Franco. Ello, forzosamente, habría de provocar un vacío político, que el PC, encabezado por Monzón –que en todas esas especulaciones no habrá soslayado las posibilidades que este proyecto abriría para su futuro ascenso por los escalones del partido–, junto con los guerrilleros del interior y sus compañeros en la frontera, iba a llenar, creando en el país hechos consumidos. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que fue, precisamente, esta táctica la que empleó el PC francés, eficazmente ayudado por los mismos cuadros y guerrilleros españoles, que ahora iban a repetir esta experiencia en la península, cuando aprovechó la retirada de las tropas alemanas para ocupar gran parte del “midi” francés, creando así una situación de hecho, que duró varias semanas y que el general De Gaulle sólo pudo cambiar gracias a la intervención de los ejércitos aliados.[71]
Por otra parte, a la hora de condenar el discurso “insurreccional” de Monzón no hay que olvidar que aún aproximadamente un mes después de la invasión, el mismo Carrillo afirmaría: “...la victoria está ya al alcance de nuestras manos. A Franco le quedan muy pocas horas de vida. [..] Sólo mediante las luchas de masas y las acciones guerrilleras serán expulsados del poder los enemigos de España.”[72]
En todo caso, hay abundantes pruebas de que la denuncia del optimismo desenfrenado y de la “política insurreccional”[73] –los dos aspectos de la política de Monzón que hasta 1948 constituirían las principales acusaciones contra el dirigente navarro- no supuso que sus críticos no hubieran caído también en los mismos defectos. En la llamada “Carta abierta de la Delegación del CC. del interior”, de enero de 1945, que, al parecer fue redactada en febrero de aquel año por Carrillo, se prodiga las expresiones de un triunfalismo sin límites a la vez que el autor de la misma resucita la “insurrección nacional”, aunque en su nueva versión ésta había de combinar la violencia individual con instrumentos más tradicionales.[74]
La citada carta es también importante porque, al censurar ciertos supuestos defectos en las actividades del partido en el interior, supone la primera crítica abierta a Monzón. Mas, la campaña para derrocar a Monzón y desmantelar sus estructuras del poder en el partido ya se había iniciado unas semanas antes.Después de haberse asegurado del apoyo de los antiguos colaboradores de Monzón en Francia -Carmen de Pedro, Jimeno y Azcárate-[75] Carrillo envía a Casto G. Roza al interior para que transmita a Monzón la orden de presentarse en Toulouse para informar sobre su trabajo en España. Este último, supuestamente, se negó a recibir a Roza, alegando que no puede estar seguro de que no venga mandado por la policía[76] y retrasa su viaje a Francia. Durante algunas semanas deambula por Cataluña, y, consciente de que efectuar el viaje basándose en los medios del servicio de paso del partido equivale a exponerse a ciertos riesgos, busca una vía autónoma para llegar a Francia, hasta que, finalmente, cayó detenido en las afueras de Barcelona en julio de 1945.[77] Había concluido una etapa.

[1]
HEINE, Hartmut: “El Partido Comunista e España durante el primer franquismo”. En BUENO, Manuel, HINOJOSA, José y GARCÍA, Carmen (Coords.): Historia del PCE.I Congreso 1920-1977. Volumen I. Fundación de Investigaciones Marxistas, 2004, pp.397-425[2] Podríamos añadir también el caso parecido de Cataluña, donde la Federación Regional del PSOE se sumerge en el PSUC, dejando a los socialistas estatales sin presencia organizativa en el Principiado.[3] Sus otros componentes eran Antonio García Esteva, secretario de propaganda, y Felipe Sierra. Fernández Rodríguez, Carlos, Madrid clandestino. La reestructuración del PCE, 1939 – 1945, Fundación Domingo Malagón, Madrid 2002, p.69[4] Sus integrantes más importantes eran Severino Rodríguez Preciado, Rubén Muñoz Arconada, hermano del dirigente de la JSU, y América Rincón. ibídem ,p.99[5] Este núcleo en torno a Larrañaga constituía los restos de la dirección central que hacia finales de marzo de 1939 había sido constituída en presencia de Palmiro Togliatti, delegado de la IC, para dirigir el partido en la clandestinidad. La encabezaban Pedro Checa, secretario de organización, Isidoro Diéguez, responsable del Secretariado de la Delegación del CC, organismo, que había surgido en Madrid a raíz del cerco de la capital, José Antonio Uribes, diputado por Valencia y suplente al BP, y José Palau, dirigente del partido en Valencia; sus otros componentes eran Larrañaga, Casto García Roza, secretario sindical del CP de Asturias, Manuel Navarro Ballesteros, director de „Mundo Obrero“, Fernando González Montoliú, miembro de la Comisión de Seguridad del partido, y Pinto. Alvarez, Santiago, Memorias IV, Ediciós do Castro, Sada 1990, p.34
Los otros componentes de la dirección del CP de Madrid eran José Luís Sanabria y Carmen Barrero.
[6] Heine, Hartmut, La oposición política al franquismo, Editorial Crítica, Barcelona 1983, pp. 66-67[7] Sus componentes serían Alejandro Tomás González, Antonio García Sotero y Mercedes Gómez Otero. Entrevista Mercedes Gómez Otero, Madrid 25-VIII-1977; “Informes sobre cameradas. Mercedes Gómez Otero ´Merche´“, Jacq 843, Archivo Histórico del PCE (AHPCE)[8] Testimonio de Antonio Buero Vallejo, en Alvarez, Santiago, Memorias IV,...pp.49-54[9] Heine, Hartmut, La oposición...p.67; Fernández Rodríguez, Carlos, Madrid clandestino.., p. 82[10] Esta situación contrasta muy desfavorablemente con las actividades que desarrolló por la misma época la CNT bajo el liderato de Esteban Pallarols. Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 53-55[11] Se trata de Calixto P. Doñoro, Julián Vázquez Ruíz „El Sastrón“, José Wajsblum, Julio Lopez Benito, Anastasio Orgaz, Manuel Prades Blanco, componente del último CP de Madrid antes del final de la guerra, Antonio Elvira Segovia, Emilio Rodríguez Gómez, Agustín Vaquerizo García, Luís Sanzano, Juana Corzo San Miguel, Valeriana Barriocanal García y Benito Vaquería. Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 68 ss; Fernández Rodríguez, Carlos, Madrid clandestino..., p. 128[12] Lo integrarían Luís Sendín López, que en julio había acudido desde Valencia y que se ocuparía de la secretaria de propaganda; Doñoro, que tras un breve interludio en el flamante Comité Regional de Euskadi viaja incansablemente por todo el país para enlazar con los comités y núcleos organizados; Julián Vázquez, secretario de organización; Agustín Ibáñez de Zárate, que acababa de llegar de Francia y que sucedería a Vázquez; Jesús Bayón, responsable de Asturias y de la secretaría político-militar; Félix Navarro Adeva, que representaba la organización de Andalucía y era el encargado de la secretaría de finanzas; Angel Cardín. Posteriormente se añadarían Fernando López Realinos, el responsable del núcleo bilbaíno, que sustituiría a Ibáñez como secretario de organización, y Luciano Sadaba, que, procedente de América, inicialmente también se había integrado en el núcleo bilbaíno; una vez en Madrid, se le confió la dirección de las JSU. Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 72 ss; Ginard i Féron, Heriberto Quiñones y el movimiento comunista en España (1931-1942), Edicions Documenta Balear, Palma – Madrid 2000, p. 88; Morán, Gregorio, Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939–1985, Editorial Planeta, Barcelona 1986, p.51. Carlos Fernández –en Madrid clandestino... p. 150– presenta una lista que respecto a la presente contiene algunas variaciones. Incluye, por ejemplo, a Américo Tuero, que ya formaba parte de la Comisión Central Reorganizadora, y a Manuel Morillo Carretero, representante de Andalucía. Creemos más bién que éste último, al igual que Valeriano García Barcina, el responsable de la organización de San Sebastián, y el secretario del CP de Madrid, Juan Fuentes, pertenecía al organismo inmediatamente inferior, el llamado Comité Central, que teóricamente debía reunir a los responsables de las organizaciones regionales y provinciales.[13] A veces esta ayuda toma la forma de una mera revaloración orgánica, como, por ejemplo, fue el caso del CP de A Coruña, cuyo responsable, Alberto Puente, fue llamado a Madrid, donde Quiñones le informó que a partir de aquel momento su organismo se denominaría Comité Regional de Galicia. Alberto Puente, cuestionario, Caracas, Venezuela, octubre de 2003[14] La confección, efectuada en siete máquinas de escribir, y el reparto de los materiales de propaganda corrieron en gran medida a cargo de las militantes femeninas.[15] Los dos fueron fusilados junto con Sendín, que había sido detenido casi dos meses antes, el 2 de octubre de 1942 en el cementerio del Este. Las normas de seguridad impuestas por Quiñones conservaron su validez aún después de la detención de éste último y ayudaron a que varios componentes del Buró Político Central no cayesen en manos de la policía. No ignoramos que Quiñones y su equipo se beneficiaron indirectamente de la nueva política carcelaria, ya que, ante la imposibilidad de administrar y alojar adecuadamente a los centenares de miles de presos bajo su control, el Régimen se inclinaba desde 1940 a liberarlos a un ritmo cada vez más acelerado, lo que automáticamente supuso una mayor disponibilidad de cuadros y militantes de valor para la lucha clandestina.[16] A Larrañaga le asistían en la isla antillana Santiago Álvarez y Luis Delage. Había otro “puesto avanzado” en Buenos Aires, dirigido por Luis Cabo Giorla.[17] Los otros componentes, que durante los meses siguientes desembarcaron sucesivamente en Lisboa, eran Larrañaga, Manuel Asarta, Jaime Girabau, Pere Valverde, Jesús Gago y Eduardo Castro Delgado, hermano de Enrique Castro. Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 76-77)[18] No parece que el hecho, de que Teixeira se convirtiera en un confidente de la policía, haya afectado directamente al “grupo de Lisboa”, puesto que no tuvo tiempo para entrar en contacto con éste último.[19] Estando oculto desde el comienzo de la guerra, Barreiro había ido organizando el partido en Vigo.[20] Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 80 ss; ; Fernández Rodríguez, Carlos, Madrid clandestino..., p. 168 ss; María Salvo Iborra, entrevista Barcelona 27-VIII-1983.
Diéguez, Larrañaga, Asarta, Girabau, E. Rodríguez y Barreiro posteriormente fueron condenados a muerte y fusilados el 21 de enero de 1942. Valverde se salvó por ser ciudadano cubano, mientras que E. Castro fue incluido en otro sumario y murió 1947 en la cárcel de Burgos. Heine, Hartmut, La oposición.., p. 80; Morán, Gregorio, Miseria y grandeza,... p. 54)
[21] “Francamente, no comprendemos cómo hacéis esfuerzos y gastos para enviarnos basura.” Ibídem, p. 55[22] Carta de Quiñones del 31 de agosto de 1941 a la dirección del partido en México, ibídem, p. 55[23] J. Díaz, “Sobre las lecciones de la guerra del pueblo español”, publicado en ruso en “Kommunistisheski Internatsional”, órgano de la IC, Moscú, enero de 1940; J. Díaz, “Las enseñanzas de Stalin, guía luminoso para los comunistas españoles”, Nuestra Bandera, México, abril de 1940; V. Uribe, “España ante la guerra imperialista”, “España Popular”, México, 16-V-1940, citados en Heine, Hartmut, La oposición..., pp.97-99[24] “Al pueblo español”, llamamiento publicado en “Nuestra Bandera”, México, enero-febrero de 1941[25] Resulta imposible no fijarse en las muchas paralelas entre esta política y la que una década más tarde se proclamaría bajo el nombre de Reconciliación Nacional.[26] “Llamamiento del PC de España, 1 de agosto de 1941”, “Nuestra Bandera”, México agosto–septiembre de 1941[27] Heine, Hartmut, La oposición.., pp. 107 ss[28] Diéguez desembarcó en Lisboa a mediados de junio, Larrañaga y Asarta ya habían llegado antes.[29] Baldó, Marc y Mancebo, Ma. Fernanda, Emili Gómez Nadal. La frustración de un historiador, “Migraciones & Exilios”, Dpto. de Historia Contemporánea, Facultad de Geografía e Historia, UNED, Madrid, diciembre 2001, pp. 123-130; Azcárate, Manuel, Derrotas y esperanzas. La república, la guerra y la resistencia, Madrid, Tusquets, 1994; Monzón, descendiente de una familia de la alta burguesía de Pamplona, entre octubre de 1936 y junio del año siguiente había sido Fiscal Decano de los Tribunales de Euskadi, luego fue gobernador civil de Alicante. Trilla desde 1927 hasta su expulsión en 1932 había formado parte del Buró Político del PC y reingresó en el partido en 1937. Carta de Jesús Monzón, “Cuadernos de Ruedo Ibérico”, Paris, núm. 12, abril – mayo de 1967. Para una obra biográfica sobre el político navarro, ver Martorell, Manuel, Jesús Monzón, el líder comunista olvidado por la historia, Pamiela, Pamplona 2000.[30] Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 193, 200[31] Entrevista con Francisco Sorni Herrero, Madrid 16-VII-1982; Fernández Rodríguez, Carlos, Madrid clandestino..., p. 206. La estrecha colaboración de los dos organismos, que caracteriza su labor en los principios de 1942, se manifiesta también a través de una serie de reuniones conjuntas y el hecho de que Dionisio Tellado Vázquez, maestro del Colegio de Huérfanos de la Paloma y hombre fuerte del CP madrileño, pronto pase a reforzar el CC Provisional.[32] “Consejos para la Organización del Partido en el Interior del País”, citado por Ruiz Ayucar, Ángel, El Partido Comunista. 37 años de clandestinidad, Editorial San Martín, Madrid 1976, pp.127-130[33] El que Carreras no interpretara su papel como él de un mero mensajero queda reflejado por el hecho de que aprovechara su paso por San Sebastián para lanzar los fundamentos de la reorganización del CP de Guipúzcoa, que a raíz de las detenciones de finales de 1941 había quedado desmantelado.[34] Asistieron a la reunión Bayón, Guerreiro, Del Olmo, María Asunción Rodríguez, Trinidad García Vidales y Félix Pascual Hernanz-Piédecasas así como los componentes del CP de Madrid Tellado, Juan Fuentes Muñoz, Ventura Arroyo Calvo y Elvira Albelda Conejero, la cual aún unas semanas antes había formado parte del CR de Galicia. Fernández Rodríguez, Carlos, Madrid clandestino..., p. 223; “Informes sobre camaradas: Elvira Albelda”, Jacq 708, AHPCE[35] “Informes sobre camaradas: José Manzanares López“, Jacq 679-681, AHPCE[36] Aunque hubo durante aquellos años toda una serie de personas, entre ellas varias mujeres, que actuaran como enlaces entre el centro y el partido en las provincias, nos parece obligado resaltar sobre todo a dos militantes que se destacaron en este tipo de actividades. Uno fue Calixto P. Doñoro, que durante los aproximadamente dos años y medio que el partido fue dirigido primero por Quiñones y luego por Carreras, solía trasladarse constantemente a los más diversos núcleos de población de la península, el otro Antonio Seoane Ramos “Jorge”, que desempeñó este papel entre finales de 1943 y principios de 1945.[37] En la época de Carreras, Doñoro pudo valerse de un ferroviario que trabajaba en la línea Sevilla–Madrid.[38] Con Barcelona se mantuvo estos contactos sólo durante un mes. “Informes sobre camaradas: José Manzanares López“, Jacq 679-681, AHPCE[39] C. Fernández Rodríguez –Madrid clandestino...,p. 227– menciona a un contratista en Sevilla que llegó a desempeñar un papel importante en este aspecto.[40] Consideramos que esta evolución se inició con los “golpes económicos“ que el primer grupo de la guerrilla urbana efectuó en Barcelona en agosto de 1944. Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 440-441[41] “Informes sobre camaradas: informe de Casto García Roza ´Alfredo´”. Jacq 47-51, AHPCE; “Informes sobre camaradas: Torres”, Jacq 1.019, AHPCE[42] Agapito del Olmo entregó la secretaría de propaganda a Juan Fuentes Muñoz.[43] Especialmente numerosas fueron las detenciones de mayo de 1942 en Málaga, donde, en relación con el “punto avanzado“ de México, se había creado una dirección que debía responsabilizarse de la organización del partido en el sudoeste de la península. Informe del representante del Sicherheitsdienst (SD) alemán en Madrid: „Kommunismus in Spanien und Portugal“, 5 de febrero de 1943, Archivo Político (Politisches Archiv), Bonn. Juzgados en julio de 1944, Guerreiro, Bayón, Juan Fuente Muñoz y 10 más fueron condenados a muerte. Otros 33 acusados recibieron penas inferiores. En marzo de 1944 Bayón y Guerreiro lograron huir de la cárcel, pero los dos morirían años más tarde en la guerrilla. Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 198-199; Fernández Rodríguez, Carlos, Madrid clandestino... p. 237[44] Soler vino de la cárcel de Alicante, posiblemente habiéndo sido liberado por intervención del partido. “Informes sobre camaradas: informes de Pedro García: Teleforo Torres y Soler“, Jacq 574-575, AHPCE[45] Fernández Rodríguez, Carlos, Madrid clandestino... p. 251[46] Sus componentes serían Cecilio Arregui, Ángel Núñez Escurza y Celedonio Cabrero Madaria. “Informes sobre camaradas: Informe de Pedro García, Jacq 574, AHPCE; Heine, Hartmut, La oposición..., p. 194[47] “Informes sobre camaradas: Luis Espinosa”, Jacq 812, AHPCE; Heine, Hartmut, La oposición..., p. 201[48] “Informes sobre camaradas: informe de Casto García Roza ´Alfredo´”. Jacq 47-51, AHPCE; según Carlos Fernández Rodríguez –Madrid clandestino..., p. 272– Carreras cayó en Madrid.[49] Espinosa y Doñoro se escaparon de la cárcel dos dias antes de que se celebrara el 19 de septiembre de 1944 la vista de su causa. Después de haber estado varios años más en la lucha clandestina, los dos lograrían escapar a Francia. Sobre sus co-acusados Carreras, que no participó en la fuga porque se había opuesto a ella, y Quesada recayó la pena de muerte, de la que sólo se salvó éste último porque pudo hacer valer su nacionalidad argentina. Los tres componentes del CC de Euskadi pudieron esquivar la pena de muerte, pero no así Baldomero López Casanova, el responsable de los contactos con ultramar. Habiéndose escapado inicialmente de la caída, fue algo más tarde capturado en Burgos, juzgado, condenado a muerte y fusilado el 14 de octubre de 1944 en Alcalá de Henares. Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 198-200; “Informes sobre camaradas: informe de Casto García Roza ´Alfredo´”. Jacq 47-51, AHPCE; “Informes sobre camaradas: Baldomero López”, Jacq 582.[50] “Informes sobre camaradas: Luis Espinosa”, Jacq 812, AHPCE; Monzón afirmaría más tarde que Jimeno vino con la misión de sustituir a Carreras, al que, supuestamente, consideraba poco capacitado para el papel que llegó a desempeñar en el interior. En vista de esta crítica y de otras parecidas que Espinosa, Doñoro y otros antiguos colaboradores suyos formularían más tarde contra Carreras, nos parece necesario resaltar que el dirigente vasco había estado casi doce meses al frente del partido en el interior, una hazaña que, creemos, no hubiera sido posible sin una gran dosis de valor y una habilidad poco común. “Informes sobre camaradas: informe de Casto García Roza ´Alfredo´”. Jacq 47-51, AHPCE[51] Jimeno separa a Tellado del CP de Madrid y le confía la misión de mantener las relaciones con las organizaciones en las provincias y regiones, lo que supone que Tellado tiene que viajar constantemente por el país para contactar a los diversos núcleos. Componen el nuevo CP Cayetano Fernández, secretario general, María Asunción Rodríguez, secretaria de organización, y Manuel Rodríguez, responsable de propaganda. A Cayetano Fernández le sustituye ya en agosto de 1943 el ourensano José Gómez Gayoso “Emilio“, que poco antes había venido de Cuba.[52] Juzgado y condenado a muerte, José Ros Soler fue fusilado en Alcalá de Henares el 14 de marzo de 1945. Meses después de haber sido detenidos, Tellado y Borja participaron junto con Espinosa y Doñoro en la fuga que mencionamos anteriormente. Se integraron a continuación en la guerrilla, donde unos años más tarde iban a succumbir en la lucha. Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 198-200. También “La Peque” tuvo el valor y la habilidad de colarse por los muros que le encerraban e huyó junto con Elvira Albelda en enero de 1945 de la cárcel de mujeres de Ventas; las dos alcanzaron más tarde Francia. “Informes sobre camaradas: Elvira Albelda”, Jacq 708, AHPCE
Antonio García Buendía, por el contrario, que últimamente había integrado la secretaría de organización que encabezaba Espinosa, o logró escaparse de la redada o en aquel momento ya estaba en Asturias, adonde se le había destacado para organizar el partido, una tarea que inicialmente quedó confiada a José María Urquiola, conocido por “Chema” o “Tino”. Detenido en 1944 como primer responsable en la postguerra del CR de Asturias, León y Santander y condenado a muerte, Buendía fue ejecutado en Oviedo aquel mismo año. Otro de los detenidos, el toledano Trinidad G. Vidales, de nombre de guerra “El Paleto”, sería en los años sesenta uno de los dirigentes del sector de la Construcción dentro de Comisiones Obreras.
[53] Era hija del dirigente republicano valenciano Félix Azatti, había integrado el CP de Valencia de las Mujeres Antifascistas y fue a finales de la guerra secretaria del dirigente valenciano José Palau. “Informes del Interior: Informe sobre Pilar Soler”, Sig. 18, AHPCE[54] Fernández Rodríguez, Carlos, Madrid clandestino..., pp.265, 317[55] Los dos colaboradores más estrechos de Paredes en esta tarea, Agustín Echauri Esparza y Alejandro Piedrafita Lastiesas, también habían sido enviados desde Francia. Heine, Hartmut, La oposición...,p.205[56] “Informes sobre camaradas: Apolinario Poveda“, Jacq 961, AHPCE; “Informes sobre camaradas: Angel Pérez Mary“, Jacq 302, AHPCE; “Informes del interior: informe de Acensio Arriolabengoa Ibabe“, Sig. 204-208, AHPCE; “Informes sobre camaradas: informe de Casto García Roza ´Alfredo´”, Jacq 47-51; AHPCE; “Informes sobre camaradas: José Manzanares López”, Jacq 679-681, AHPCE[57] “Informes sobre camaradas: Gabriel León Trilla“, Sig. 1.020, AHPCE. Carrillo afirmaría más tarde, probablemente no sin razón, que Monzón les impuso el viaje a Suiza para así deshacerse de posibles rivales.
Informe de Santiago Carrillo, 6 de febrero de 1945, citado en Fernanda Romeu Alfaro, Fernanda, Más allá de la utopía: Agrupación Guerrillera de Levante, Ediciones de la Universidad de Castilla–La Mancha, Cuenca, 2002, pp. 40-41
[58] Heine, Hartmut, La oposición...,p. 207; “Informes sobre camaradas: informe de Casto García Roza ´Alfredo´”, Jacq 47-51, AHPCE. La política de Monzón y los procedimientos que empleó para realizarla fueron uno de los motivos principales que provocaron un fuerte movimiento de protesta entre los presos comunistas de las cárceles de Yeserías, Alcalá de Henares, Sevilla, etc., el cual fue encabezado por el antiguo diputado por Pontevedra, Adriano Romero Cachinero. A raíz de ello, durante 1944 y 1945 varios centenares de militantes fueron expulsados del partido. (Uno de ellos era el ya citado Trinidad García Vidales.) Curiosamente, estas medidas no fueron anuladas una vez que Monzón hubiera caído en desgracia, sino la re-admisión de los militantes expulsados sólo se produciría años después o, en muchos casos, nunca.[59] Seoane durante algún tiempo integró junto con Póveda la dirección del PC en Euskadi para, a continuación, actuar de enlace permanente para la secretaría de organización de la Delegación.[60] “Informes sobre camaradas: Alfredo Cabello“, Jacq 762, AHPCE[61] Antona, que representaba, a lo más, un pequeño sector de la CNT, ya se encontraba entonces en los inicios de un acercamiento al PC, que unos cuatro años más tarde le llevaría a pedir el ingreso en el partido. El citado grupo de los socialistas, por el contrario, si bien se declaraban dispuestos a entablar conversaciones sobre el ingreso del PSOE en la UN, ya que, a grandes líneas declaraban estar de acuerdo con el programa de la alianza, se oponían totalmente a que el representante de su partido en la Junta fuese un hombre que había sido escogido por el PC. Llevaba esta negociaciones por parte del PC Julio San Isidro. Álvarez, Santiago, Memorias IV, Ediciós do Castro, Sada 1990, pp. 78 ss; “Informes sobre camaradas: informe de Casto García Roza ´Alfredo´”, Jacq 47-51, AHPCE; Heine, Hartmut, La oposición..., pp. 202 ss; Morán, Gregorio, Miseria y grandeza..., pp.87-88[62] El procedimiento de utilizar a militantes más o menos aislados para significar con ello la participación de sus respectivas organizaciones en la U.N. se repite luego a los niveles inferiores, como, por ejemplo, fue el caso en la creación de la Junta Regional de la U.N. de Galicia.[63] Monzón admitiría más tarde ante Roza que no hubo tal pleno, sino que, ante la mucha pasividad que encontró en las filas del partido tras su llegada a España, decidió redactar él sólo la resolución citada y después se limitó a informar a sus colaboradores de su contenido. “Informes sobre camaradas: informe de Casto García Roza ´Alfredo´”, Jacq 47-51, AHPCE[64] “Nuestra Bandera“, México, febrero de 1944. Gregorio Morán afirma –Miseria y grandeza,...p. 87– que el acuerdo fue firmado por Giménez Fernández ya a primeros de octubre de 1943.[65] Quizá el mejor ejemplo de esta táctica fue la noticia de la llamada manifestación multitudinaria que, supuestamente, se desarrolló el 7 de noviembre de 1943 –fecha de gran significado histórico- en la Ciudad Universitaria madrileña. Hubo, efectivamente, el proyecto de que en la citada fecha unos grupos de militantes se moviesen por la zona, pero apareció por allí la policía, que ya vino enterada de la tentativa, y los militantes rápidamente tuvieron que dispersarse. “Informes sobre camaradas: informe de Casto García Roza ´Alfredo´”, Jacq 47-51, AHPCE[66] “Informes sobre camaradas: informe de Casto García Roza ´Alfredo´”, Jacq 47-51[67] Resulta muy indicativo de esta actitud de Roza el que declare ante Agustín Zoroa, que, si bien no pensaba excluir a los colaboradores de Monzón, su criterio “era él de reforzar todo el aparato del Partido con camaradas más sólidos, extraídos de los cuadros de América y entre los que fueramos descubriendo en el país.“ Monzón, por otra parte, en alguna ocasión también había practicado una política parecida, aunque, claro está, en el sentido inverso. Un ejemplo destacado de ésta encontramos en la saña con que combatió a Josep Serradell “Román“, que también había sido enviado por Carrillo. ibídem[68] Anteriormente ya estuvo de paso en Lisboa, procedente de la Argentina, Ramón Ormazabal, que trae una carta de Santigo Carrillo y cierta cantidad de dinero –10 mil pesetas– que debían repartirse entre sí por partes iguales Roza y Canals. Ello parece indicar que se estaba excluyendo a la secretaría de agitación y propaganda, la cual, gracias a las medidas de Roza, se había convertido en un auténtico fuerte de Monzón.
No pudo producirse la entrevista con Carrillo en Lisboa, porque éste, tras una estancia relativamente breve, había seguido camino al Norte de Africa. Ibídem
[69] ibídem; “Informes sobre camaradas: Julio sobre Alfredo ´El de las Anginas´”, Jacq 712, AHPCE)[70] Orden de Monzón, mandado desde el interior a los guerrilleros de la UNE en Francia, citada por Santiago Carrillo en el informe del 6 de febrero de 1945, que va dirigido a los miembros del BP en la Unión Soviética, en Romeu Alfaro, Fernanda, Más allá..., pp. 40-41[71] Otro ejemplo de esta táctica, que se produjo precisamente por aquellos meses y que también resultó un fracaso, fue el intento del llamado Ejército Polaco de la Patria, mandado por el general Bór-Komorowski, de conquistar Varsovia con sus propios medios y así adelantarse al Ejército Soviético.[72] Citado por Estruch Tobella, Joan, El PCE en la clandestinidad. 1936 – 1956, Editorial Siglo XXI, Madrid 1982, p. 85.[73] Carrillo también le acusa de que “obstaculiza una justa orientación del Partido hacia una política de lucha, subestima el papel de la clase obrera y de las masas, exagera la importancia de las negociaciones y de las relaciones con personajes de derechas.” Santiago Carrillo, informe del 6 de febrero de 1945...[74] “reparto de propaganda hecha desde automóviles, en las narices de la misma policía falangista [...] Por cada patriota ejecutado deben pagar con su vida dos falangistas [...] la insurrección nacional a la luz del DIA, a través de multitud de acciones parciales, de huelgas, de manifestaciones..”. Citado por Morán, Gregorio, Miseria y grandeza,... p. 100-101[75] “Angelín, Carmen, Azcárate, Gimeno y Ormazábal están de acuerdo” con que Monzón venga a Francia para dar cuenta de su conducta. Santiago Carrillo, informe del 6 de febrero de 1945... El citado Angelín es Angel Alvarez, un veterano de la insurrección de octubre de 1934, antiguo dirigente de la JSU y hasta 1949 suplente del Buró Político. En esta fecha fue separado de sus tareas “por haber cometido serios errores en el campo ideológico” y relegado al Comité Central. Ver Heine, Hartmut, El exilio republicano en Alemania Oriental (República Democrática Alemana-RDA), “Migraciones & Exilios”, Dpto. de Historia Contemporánea, Facultad de Geografía e Historia, UNED, Madrid, diciembre 2001, p. 114[76] Santiago Carrillo, informe del 6 de febrero de 1945... Dado que Roza, hallándose ya en el viaje de regreso, fue detenido junto con Apolinario Poveda y no pudo volver a Francia hasta varios meses más tarde, sería interesante saber ¿quién le había transmitido esta respuesta a Carrillo? “Informes sobre camaradas: Julio sobre Alfredo ´El de las anginas´”, Jacq 712, AHPCE[77] Heine, Hartmut, La oposición...,p. 224; Morán, Gregorio, Miseria y grandeza..., p. 106

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