La retirada, la lucha guerrillera y el cambio de táctica

TALLER DE HISTORIA DEL PCE "MARUSIA"
Santiago Álvarez[1]
LA GUERRA CIVIL
La guerra civil española tuvo un doble carácter: interior e internacional. Interiormente fue la oposición violenta, llevada al terreno de las armas, de la oligarquía financiera terrateniente, ante la posibilidad del desarrollo pacífico y democrático español que se había abierto con el triunfo del Frente Popular. Pero, además, la sublevación respondía a los propósitos políticos y militares del fascismo italo-alemán. La resistencia a la sublevación fue la primera batalla antifascista a nivel internacional. La guerra civil española fue el prólogo de la segunda guerra mundial.
Este doble carácter de la guerra civil, influyó en todo su curso y determinó su desenlace.
Diremos, de pasada, que ese fenómeno de la influencia exterior en la política española es una constante en nuestra historia. Apunta ya en el siglo XVI con los Austrias; es una realidad desde que se inicia la decadencia del Estado español, como potencia mundial, y lo sigue siendo hoy, condicionando el proceso político en que nos hallamos inmersos.
Si “los contrastes de poder en la esfera internacional, si la división del mundo en bloques militares constituyen un obstáculo para el desarrollo más equilibrado de la fase de transición hacia nuevas formas sociales”, son también un peligro real para nuestro propio sistema democrático. Pero éste es sólo un inciso.
EL INFORME TOGLIATTI
Tres factores determinaron el estrangulamiento de la democracia en España: la intervención germano-italiana, con todo su peso político, con armas y fuerzas militares; la ayuda de EEUU a Franco, singularmente en el terreno financiero y energético; la llamada política de “no intervención”, patrocinada y practicada por Inglaterra y Francia. El camarada Palmiro Togliatti, delegado de la Internacional Comunista en España desde 1937 hasta el final de la guerra civil, expresa la siguiente opinión sobre las causas determinantes de la derrota:
1. La línea política general del Partido Comunista, basada en la lucha por el Frente Popular, por una unidad de acción más estrecha con el PSOE y por la unidad de todo el pueblo en torno al gobierno de Unión Nacional, fue justa. Sólo la existencia del Frente Popular y de la unidad de acción entre el PSOE y el PCE permitió al pueblo español resistir durante 32 meses la ofensiva del fascismo, a pesar de las intrigas de los elementos capitalistas y de los agentes enemigos, y de la situación internacional, cada vez más desfavorable. El acierto de la política de Frente Popular quedó plenamente confirmado por la experiencia española.
2. Las causas fundamentales de que la resistencia ulterior y la victoria no fueran posibles, deben buscarse en la situación internacional desfavorable, en el apoyo que los gobiernos francés e inglés brindaron a los invasores italo-germanos con la política de “no-intervención” y sus nefastas consecuencias, en la traición al pueblo español por parte de los grandes países “democráticos· de la Europa occidental, así como en la insuficiente ayuda política por parte del proletariado de los países capitalistas que, aún simpatizando con la República y ofreciéndole una gran ayuda material, sobre todo, a través de la actitud de los Partidos Comunistas y de las Brigadas Internacionales, no logró poner término a la intervención italo-germana ni acabar con la política de “no intervención”.
(Del informe del camarada Palmiro Togliatti
a la Internacional Comunista, 19 de mayo de 1939)
Ello no aminora, sino que subraya, el hecho histórico de que algunos factores internos fueron también fundamentales en la derrota de la causa democrática. Citemos entre ellos que las clases dominantes consiguieron agrupar en torno suyo, contra la democracia, a un sector importante de las masas populares.
Varios elementos esenciales pueden determinar que las grandes masas luchen decididamente: los ideales revolucionarios, de transformación social, que pueden fundirse, y frecuentemente se funden, con los ideales patrios; el propio ideal patriótico si el país está, o se cree que está amenazado; las creencias religiosas si se considera que están afectadas o son víctimas de un grave atentado. También mediante la coacción y el terror se puede llevar a la fuerza al combate.
En nuestro campo, defendíamos la legalidad, luchábamos por un ideal democrático, patriótico, transformador y revolucionario. Sin embargo, no estuvimos en condiciones de contrarrestar la ayuda exterior a Franco ni los efectos de la manipulación ideológica, por el fascismo y la reacción, de los sentimientos de las grandes masas. También esto influyó en nuestra derrota.
Solamente teniendo en cuenta esos factores, ese contexto histórico, podrá entenderse cabalmente el contenido real de esa etapa, nuestro comportamiento, nuestra políica y nuestra perspectiva.
Porque la derrota no se debió a que el ejército de Franco nos arrojase al mar o nos aniquilase. Tampoco porque nuestra batalla se dirimiese a la manera de Numancia frente a las legiones romanas. Una nueva sublevación en nuestro campo y una miniguerra civil dieron al trate con la resistencia republicana: la Junta del coronel Casado se alzó contra el gobierno constitucional de Negrín.
La sublevación casadista, cuando ya se había roto el Frente Popular, base política del poder democrático, tuvo trágicas consecuencias: produjo una división tan profunda entre las fuerzas obreras y democráticas que tardaría años en superarse. Situación que repercutió negativamente en el repliegue y en los esfuerzos del PCE por reorganizarse.
Más que de repliegue cabría hablar de retirada. Pero una retirada en las circunstancias más difíciles que se hayan podido presentar a un partido revolucionario.
EL PAGO DE LA DERROTA
El fin de la guerra no significó un simple reflujo del movimiento revolucionario. Fue una sangrienta derrota militar y política que dejó descabezadas, inermes, exánimes a las fuerzas obreras y revolucionarias.
Pero vayamos por partes. Cuando la sublevación de Casado demostró que la derrota de la causa democrática era inevitable, la primera cuestión que se le planteó al Partido fue situarse en esa nueva y trágica realidad. Había que asumirla para asegurar la continuidad de la lucha. Esta cambiaba radicalmente de carácter, pero no terminaba con el fin de la guerra civil.
Permítaseme a este respecto una consideración política, aunque pueda parecer sentimental o emocional.
Hoy todos reconocen que los años de 1936 a 1939, constituyen un capítulo heroico de la historia del PCE. En 1939, la Internacional Comunista nos citaba como ejemplo para los partidos comunistas de todo el mundo. Para el proletariado mundial, para los pueblos de Europa y del mundo, no existía entonces misión más enaltecedora que paralizar la ofensiva fascista que avanzaba a pasos de gigante hacia la Segunda Guerra Mundial. Y si bien los pueblos de España no la paralizaron, consiguieron retrasar esa marcha. Su batallar heroico durante tres años aparecía ante la opinión democrática mundial como algo rayano en lo sublime.
No obstante, la etapa que se inició en 1939, con el desafío del terror y de la represión, de la tortura, de la pesadilla del hambre y de la miseria, de la separación y abandono familiar, de larguísimos años de cárcel y para muchos el piquete de fusilamiento, tiene la primacía en la historia de heroísmo de nuestro Partido. Fue un período muchísimo más largo, muchísimo más complejo y difícil, muy distinto a la lucha en el frente militar, en campo abierto.
Para asegurar la continuidad de la lucha en las nuevas circunstancias había que garantizar ante todo la existencia en España del Partido. Esta empresa exigió enormes sacrificios.
Pedro Checa, Isidoro Diéguez, José Antonio Uribes, Palau y otros camaradas, junto con Palmiro Togliatti, antes de salir de España, desde Elda, el día 24 de marzo de 1939, constituyeron una dirección del Partido preparada ya para la ilegalidad, encabezada por el camarada Jesús Larrañaga, y en la que figuraban además Casto García Rozas, Navarro Ballesteros, Montoliú, Pinto y un dirigente de la JSU.
Larrañaga y Navarro Ballesteros, director de Mundo Obrero, eran miembros del Comité Central; Casto García Rozas era un cuadro sindical que al perderse Asturias trabajaba en el Comité Central, y Montoliú había sido comisario político en el Centro y miembro del Comité Provincial de Madrid. Larrañaga y Casto García Rozas fueron detenidos en el Puerto de Alicante y conducidos al campo de Albatera. Más tarde pudieron llegar a Francia. Navarro Ballesteros fue fusilado al poco tiempo. En Madrid, quedó encargado de la organización clandestina un comité encabezado por el camarada Joaquín Rodríguez, que todavía vive. A él pertenecía Victoria Moreno, antigua obrera de la fábrica “Hutchinson” y también del Comité Provincial de Madrid. Estos camaradas fueron detenidos a los pocos días.
Por la JSU quedaron al frente del trabajo el camarada S.R. y la joven R.G. También fueron detenidos después que los anteriores y S.R. fue fusilado. Durante algún tiempo se creyó que en aquel proceso figuraba el dirigente del PSUC y diputado al Parlamento por Barcelona, Miguel Núñez, que tenía entonces 15 años. Pero no es así, según relato del propio interesado. (Véase Anexo nº 2.)
Después de ser detenido S.H. y los que con él constituían el provincial de Madrid, se organizaron sucesivamente dos comités provinciales más. Uno encabezado por el camarada A. y el otro por el camarada “Pionero”. Los dos comités fueron detenidos y los camaradas citados fueron fusilados.
Poco antes habían sido ya ejecutados otros seis camaradas de la JSU encabezados por G.M. que había sido el instructor de la JSU en el 14 Cuerpo de Ejército (Guerrilleros).
Por entonces fueron ejecutadas también 13 chicas de la JSU, llamadas “las 13 rosas”. Asimismo fue ejecutado Gabriel Mejías Fragoso.
Paralelamente a lo que sucedía en Madrid, en otras provincias de España se habían formado comités provinciales del Partido.
La primera delegación del Comité Central que empezó a funcionar en Madrid, estuvo dirigida por Enrique Sánchez, miembro del CC del PCE que había sido comandante responsable de los Servicios de Intendencia del Ejército del Centro. En ella figuraban, entre otros, D., antiguo sacerdote, y un médico, J.G. Izquierdo, que habría de figurar en 1945 en el proceso de Álvarez-Zapirain, y un dramaturgo de mucho prestigio que aún vive (B.V.) [Buero Vallejo]. El camarada Enrique Sánchez fue fusilado.
En esos momentos, también fueron detenidos y fusilados Cazorla, dirigente de la JSU y Gobernador de Guadalajara, y su colaborador Torrecilla.
A la delegación del CC dirigida por Enrique Sánchez le sustituye una Comisión Nacional en la cual figuraban J.V., A.M. C.P. y otros camaradas. Los tres primeros aún viven. Estos camaradas pasaron a constituirse en Comisión Nacional por decisión de Jesús Larrañaga, con el cual estuvieron en el campo de concentración de Albatera y en Cartagena, en el Batallón de Trabajadores, antes de que Larrañaga pudiese salir para Francia.
RELATO EN VIVO
He aquí extractos de los relatos de Calixto y Julián Vázquez, dos de los camaradas que más trabajaron en esa época por reorganizar el Partido, integrantes de esa Comisión Nacional.
“El Partido en Albatera –dice Calixto- decidió que saliéramos unos camaradas en un batallón de trabajadores para Cartagena. Entre ellos íbamos Espinosa, Vázquez y yo, e iba el que después fue un traidor consumado, el presidente de los pasteleros de Madrid, Prades.
Las instrucciones que nos dio Espinosa fueron a buscar al Partido, caso de no existir organizar el Partido en un plano local de Madrid y si no lo encontrábamos en el plano nacional, organizarlo también en el plano nacional. Bajo esta dirección llegamos a Madrid. Yo marcho unos 15 días a Orusco de Tajuña hasta que enseguida me vine para Madrid y empezamos a trabajar. Aquí en Madrid, Vázquez ya estaba con nosotros. Encontramos a varios camaradas, pues había muchos grupos en Madrid. Estos grupos estaban trabajando cada uno por su cuenta. Esto era a los 13 meses después de terminada la guerra. También estaba con nosotros Julito López, quien trabajó muy bien y se portó muy bien.
Nos reunimos y creímos conveniente formar una comisión reorganizadora, así la llamábamos, para reorganizar el Partido. Nuestra preocupación fundamental fue ver qué es lo que había en el plano local de Madrid y después en toda España. Yo fui a Asturias, al País Vasco en donde me encontré con Realinos, más tarde a Galicia. Nuestra preocupación fue unificar los grupos de Madrid, hacer una organización y, a ser posible, una organización de tipo nacional. El problema era ver cómo podíamos hacer marchar al Partido nacionalmente.
Hicimos una reunión en casa de A.T. [Américo Tuero] aprovechando un bautizo de una chica suya. Fue allí donde se hizo esta célebre reunión. Nosotros queríamos alguien representativo, alguien capaz de hacer marchar al Partido y que se hiciera respetar, al objeto de que los grupos que había se pudieran unir y tener más fuerza, hacer las cosas.”
“Empezaré por Albatera –subraya Julián Vázquez-. Allí me incorporé al trabajo del Partido dentro del campo. Participé en la construcción de unas tiendas de campaña que eran necesarias para ampliar el campo.
Siguiendo las instrucciones de Espinosa, que me conocía de haber trabajado en la guerra con él, me puse en contacto con Calixto y otros camaradas y fuimos a parar a Porta Celi y de allí a Cartagena. El primer trabajo que hicimos fue el de organizar el Partido. Encontramos a un camarada que tenía ciertos elementos y entonces se organizó el Partido en Cartagena con ellos. A este camarada después le detuvieron.
Cuando me pusieron en libertad me vine a Madrid, me puse en contacto con Calixto y Julito y montamos un grupo. ¿Qué vimos allí? Vimos que en Madrid había un montón de comités provinciales, había por lo menos cuatro o cinco CP. Se nos hacía, pues, muy difícil trabajar. Entonces fue cuando aprovechando el bautizo de la hija de Américo Tuero hicimos aquella reunión con el fin de hacer la elección de un CP que valiera para todo Madrid. Se trataba de formar un Comité Provincial a partir de todos los elementos que estaban allí. Es por eso por lo que se cogió a Sanzano, por lo que se cogió a Vaquerizo. Éste había salido de la cárcel con instrucciones de Ascanio y Mesón, que estaban en Porlier, para organizar la fuga. Intentamos ver las posibilidades, pero realmente no las había.
Constituido el CP comenzamos a trabajar con cierta tranquilidad. Pero siempre veíamos que nuestra debilidad política era grande. Al constituirse el CP había un problema: un montón de gente que habían mandado de muchos sitios, hasta de Andalucía, Félix Navarro, para que viviera aquí, esperando a que apareciera el Comité Central para empezar a funcionar. Había chicas que tenían contacto con Castellón, otras con Segovia, Zamora, Cataluña, etc. Había un montón de gente que estaba esperando alguien con autoridad para inmediatamente ponerse a trabajar.
Nosotros éramos conscientes de que no teníamos capacidad política para todo aquello y nos veíamos en la necesidad de que alguien con autoridad política viniera y se hiciera cargo de aquel trabajo. Entonces es cuando W. Va a Valencia y a la vuelta nos dice que ha encontrado a un camarada con Sendín. Viene Quiñónez y nos plantea los problemas que él tiene y le planteamos todo lo que aquí había.
Él nos tanteó a todos. Uno de los sistemas de trabajo de Quiñónez, con el que tampoco yo estaba de acuerdo, era que quería hablar con todo el mundo.
Cuando llegó Quiñónez, se le puso en relación con todo el mundo. En toda España existía una organización muy grande del Partido desde el punto de vista de organización El método de Quiñónez no era bueno. Eran tres con muchos secretos. Él justificaba las formas de organización diciendo que la gente si sabe mucho y cae en manos de la policía que tenía todas las experiencias de la GESTAPO, acababa por hablar, entonces cuanto menos se supiera, mejor. Por eso su sistema organizativo era una cadena de tres... Pero en España cuando empezó la guerra no había organización y entonces se consiguió. Por ejemplo, en Zamora, Soria, Segovia no había CCPP organizados y luego si existían...”
LOS PRIMEROS MESES
Con estas referencias llegamos, en la cronología histórica, a los 13 meses de terminada la guerra, es decir al mes de mayo de 1940. Pero recapitulemos:
Para darnos cuenta de las condiciones en que transcurría entonces la lucha clandestina, es preciso considerar primero el carácter fascista del poder del Estado y la forma sangrienta en que se instaló. Era el poder político de esa oligarquía bicéfala a que nos hemos referido antes, de un grupo de monopolios que constituían verdaderos feudalismos modernos, y no un poder de la burguesía española en su totalidad. El poder resultante de la victoria en la guerra civil, acentuará posteriormente su carácter monopolista hasta devenir cada vez más en capitalismo monopolista de Estado. Implanta un sistema corporativo fascista que barre todo género de libertades, desde la Constitución republicana a las libertades políticas, sindicales, nacionales o conquistas autonomistas; instaura el terror, no sólo como arma de imposición y coacción política, sino de exterminio físico. Incluso con carácter retroactivo.
El 9 de febrero de 1939, antes aún de su victoria, proclamada el 1º de abril, había sido decretada ya la Ley de responsabilidades políticas, que extendía su retroactividad hasta el 1º de octubre de 1934, e incluía entre los actos punibles el difícilmente especificable de grave pasividad. Posibilitaba, por tanto, el incoar proceso a una persona por el simple hecho de haber vivido en la zona republicana. Y ahí está la oprobiosa “Causa General” en la que se vieron incluidos miles y miles de simples combatientes por la democracia.
En 1940, según fuentes oficiales, existían 230.719 presos políticos. Ciano, el yerno y Ministro de Relaciones Exteriores de Mussolini, tras un viaje en el verano del 39 a nuestro país, se asombra en sus Memorias de que el régimen estuviera fusilando de 200 a 250 hombres diariamente en Madrid, 150 en Barcelona y 80 en Sevilla, una ciudad, decía, que nunca estuvo en manos de los “rojos”. En su obra “Mascarada en España”, Boston, 1946, Charles Wolfis con datos recogidos según él de fuentes oficiales, hablaba de 192.684 ejecuciones entre el 39 y el 44.
Dionisio Ridruejo que actuó intensamente en aquella época azuzando la represión escribiría más tarde: “Consumada en tres tiempos, la represión cruenta alcanzó un volumen cuyas cifras se escapan a mis cálculos, pero que debemos calificar de aplastantes cualitativa y cuantitativamente. En las tres fases mantuvo una única misma intención central: la destrucción física de los cuadros de los partidos del Frente Popular, de los sindicatos obreros y de las organizaciones masónicas, sin perder de vista tampoco los partidos democráticos más moderados y a las personalidades independientes que en el orden intelectual o profesional gozaban de un prestigio de izquierdistas o decididamente liberales.”
EL ANIQUILAMIENTO DE LAS VANGUARDIAS
Mediante un entramado de tipo policiaco oficial y oficioso, policía política, policía militar, policía simple, servicios especiales de la guardia civil, servicios de información de Falange, jefes de casa, jefes de calle, jefes de barrio, jefes de distrito, porteros, etc., se realizaba una especie de simbiosis de los métodos de eliminación física, de delación de la época inquisitorial y de la experiencia y las aportaciones que en el orden represivo facilitaban a la policía española las policías de Hitler y Mussolini.
Después deuna guerra civil, que costó tres años, un millón de muertos, que provocó la salida de medio millón de españoles al exilio, cuando el fascismo internacional, aliado y protector de Franco, se hallaba a la ofensiva, la lucha clandestina era triplemente difícil.
No olvidemos un hecho de vital interés. La parte más consciente y formada de las vanguardias democráticas y revolucionarias, partidos, sindicatos, etc., o habían caído en las trincheras, o se hallaba exiliada, o era diezmada en los primeros meses, o continuaba en la prisión hasta 1944-1945. Pero no sólo fueron puestas fuera de combate las vanguardias dirigentes de tres generaciones, sino también aniquiladas partes importantes de las mismas masas, las correspondientes a la clase obrera industrial y al proletariado agrícola más revolucionario y combativo.
La desmoralización producida por la derrota tiene un doble reflejo: en las cárceles y en la calle.
El 1º de septiembre de 1939 comienza la primera fase de la segunda guerra mundial. El horizonte aparece negro. El 22 de junio de 1941, Hitler agrede a la URSS y la guerra entra en su segunda fase. El pacto que, para ganar tiempo, Stalin había firmado con Hitler en agosto de 1939, y que tantos problemas nos creó, quedó hecho añicos.
En pocos meses Hitler se hace dueño de Europa y logra llegar hasta las puertas de Moscú. Son los momentos de más terrible desmoralización. Sin embargo, el Partido Comunista no pierde el horizonte. Aquí en Madrid un hombre preclaro como pocos, encarcelado en Porlier, por encima de esa negra noche explica a los camaradas, a los demás presos, incluso a los dirigentes de Falange española que fueron a visitarlo para hablar con él, que Hitler perderá la guerra, que será derrotado. Este camarada era Domingo Girón. En la imprenta donde se imprime este folleto trabajó un viejo tipógrafo del Arte de imprimir (UGT), que contaba que en la cárcel de Alcalá de Henares, aquel mismo día le dijo al guardián de Prisiones lo mismo que Girón, y que años después, al producirse la retirada hitleriana aquel guardián le preguntaba que cómo sabía que Hitler perdería la guerra.
Pero la desmoralización de las masas era una realidad. Referiré dos anécdotas. Un guardián de la prisión de Logroño me explicaba un día cómo estando él y dos funcionarios más, junto con una pareja de la guardia civil, guardando un campamento de unos 3.000 presos políticos en la sierra de Cameros, en donde se construía un pantano, a pesar de poder hacerlo, nunca se escapaba ninguno. El campamento estaba en el monte al aire libre y era perfectamente factible el huir.
Los presos no huían, le dije, porque no sabían adónde ir, porque todavía no habían adquirido confianza de que podrían desenvolverse sin volver a ser capturados. A la derrota sufrida en el campo de batalla, se añadía la derrota moral. El mismo guardián me explicó que sólo a partir de la derrota nazi frente a Stalingrado, empezaron algunos de ellos a desaparecer del campamento. Esa derrota y la perspectiva del hundimiento de la Alemania hitleriana, abría nuevos horizontes para todos los demócratas.
Otro hecho, me lo refería el otro día Melquisedez. A un camarada joven, preso en una cárcel de Madrid, se le permite salir y, si quiere, marcharse. El camarada en cuestión vuelve a la cárcel porque “no tiene adónde ir”. Pocas semanas después cae ente el piquete de fusilamiento.
En general, los comunistas no esperaron a Stalingrado ni a la derrota del hitlerismo para luchar, pero con la referencia a los hechos citados queremos subrayar cuál era el ambiente que se vivía.
LAS VÍAS DE RECONSTRUCCIÓN
Veamos qué pasaba en el exterior, y cuál era la preocupación esencial de la dirección del Partido en ese período.
La reconstrucción de un centro de dirección del Partido a nivel nacional y la creación de comités en las provincias para llevar a cabo la limitada labor posible en las terribles condiciones del terror franquista, fue un enorme esfuerzo realizado conjuntamente a través de las siguientes vías: la de los camaradas que dejó encargados la dirección del Partido en esta misión, como en el caso de Jesús Larrañaga y de J.R. en Madrid; la de los cuadros militantes que estando en la calle pudieron relacionarse con otros camaradas y la de los que estando en la cárcel conectaron con la calle. Y permítaseme que cite algunos nombres de esos militantes y dirigentes sin el sacrificio de los cuales no se hubiese reconstruido el Partido.
Domingo Girón, Guillermo Ascanio, Eugenio Mesón, Raimundo Calvo, José Suárez, Godofre Labarga, Federico Manzano, Eladio López Poveda, Manuel Bares, Germásn Paredes, que constituyeron el llamado Expediente de los 21 de la Junta y que dejó el golpe de Casado en el Penal de San Miguel de los Reyes para entregárselos a los franquistas.
De expedientes clandestinos hay un sinnúmero de camaradas: José Pena, Joaquina López Lafitte (de las 13 rosas), Gregorio Muñoz, Severiano Rodríguez, Enrique Sánchez, José Cazorla, Torrecilla, Isidoro Diéguez, Jesús Larrañaga, Pablo Yagüe, Quiñónez, Luis Sendían, Caudín, Sádaba, Antonio García Buendía, Blanco (de Valladolid), Criado, Gil Isturiz, Baldomero, Francisco Sornís, Juanito Fuentes, Francisco Maderuelo, Paquillo, Juanjo, Cgercoles, Félix Pascual, Jesús Carreras, Atilano García, Bonilla, sargento García, Juan Ros, Garrido, Domínguez, Lozar, Muñiz, Dolores Pacheco, Antonia Benítez, Rafaela Díaz, María Soto, Ricardo Beneito, Agustín Zoroa, Nuño, Cristino García, Manuel Castro, Casto Rozas, Cabello, Eladio Rodríguez, Girabau, Barreiro, Asarta, Pedro Valverde, Gayoso, Seoane, Vilaboy, Ramón Vías, Vitini, Puidemund, Mestres. Jesús Bayón y Ramón Guerreiro murieron combatiendo en la guerrilla. El primero en Talavera y el segundo en Ciudad Real. Cecilio García (Timochenco) fue asesinado en casa de su novia, junto a ella.
CAMARADAS QUE HAN PASADO BASTANTES AÑOS EN PRISIÓN
Narciso Julián, Pedro Vicente, Mariano Fernández, Miguel Céspedes Alonso, José Iglesias Piquero, Teodoro Carrascal Anaya, Silverio Ruiz Daimiel, José Carretero Sanz (muerto), Nilamón Toral Azcona, Alberto Madero Castillo, Pablo Fernández, Julián Vázquez Pascual, Ángel Martínez Martínez, Felipe de Diego Buenconsejo, Bartolomé Cano Fuentes (muerto), José Izquierdo, Casimiro Ruiz de Miguel (muerto), Gabriel Salinas, Luis Berlinches Raso, Martín Novos, Luis Quesada Cerbán, Honorato Morrás, Ángel Núñez Escurza (muerto), Alejando Muzas, Sixto Agudo, Juan Menor Luque, Miguel Caballero Vacas, Narciso González Rafael, Cipriano García, Miguel Núñez, Jaime Sordía Cueto, Gregorio Valero Salvador, Jesús Valero Salazar, José Benítez Rufo, rafael Jiménez, José Calderón Salmerón, Enrique Veira Catrufo, Alberto Puente García, Juan Soler muñoz, Antonio Montoya, Jesús Martínez de velasco, Amable Quintana Cancio, Saúl Rodríguez Gil, Joaquín González Regalado, Juanito Dana, Fernando Macarro Castillo, Mariano García Arroyo, Antonio Bedia González, Ambrosio San Sebastián, Simón Sánchez Montero, Luis Lucio Lobato, Jesús Muñoz Brihuega, Francisco Agudo Aspiazu, Emilio Rodríguez, Rafael Crespo, Manuel González Castellanos, Juan Antonio Cuadrado Diego, Antonio García del Pozo, Mariano Peña Hernando, Antonio de la Osa, Rafael Fernández Luis, Eugenio Moya Mayor, Carlos Toro, Timoteo Ruiz, Ambrosio Ortega, Lucio Orea Mateo. Félix Navarro, Tomás Cerezo, Ramiro Fuente Ochoa, Jacinto Ochoa Maricorena, Manuel Villa, Alejo García González, Fabriciano Rofel Fidalgo, Horacio Fernández Inguanzo, José Luis Nieto, Julio San Isidro Fernández, rafael Alcalá Balaguer, Ramón Ormazábal, Antonio Rosel Oros, Dositeo Rodríguez Chaos, Manuel Gil, Carlos Calixto, Francisco garcía, Agapito del Olmo Collado, Fernando Fernández Berruguete, Pedro Galiana Marina, Mario Huertas, Manuel Moreno Mauricio, Marcelo Usabiaga, Sebastián Abarca, Mariano Monreal, Enrique Yuglá, Federico Castillo (muerto), Esteban Monreal, Francisco Sosa Olmo (muerto), Ignacio López Maroto, Cecilio Mesa Ventanilla, Ángel Poyatos García, Juana Doña, Pilar Medrano, Maruja Cuesta, Maruja Ramírez, Coya, de Regalado, Carmen Machado, Matuja de Diego, José Novillo, José Rodríguez, Faustino Marín, Juan Gallego, Félix Caldador, Sebastián Zapirain, José María López Martínez, Pablo Ávila Menayo, Rosilio y demás camaradas del proceso Álvarez-Zapirain; Melquisedez Rodríguez Chaos, Manuel Benítez Rufo, Valentín Fernández, Alejandro González Lobo, Segundo Toro de la Cruz, Carlos Domínguez Cristóbal, Juan Sánchez, Antonia Herrero, y tantos otros camaradas anónimos.
El esbozo de Historia del PCE dice:
...”Desde una cárcel de Madrid, Domingo Girón, Eugenio Mesón, Daniel Ortega, Guillermo Ascanio y otros camaradas, continuaron dirigiendo la actividad de los comunistas en Madrid, en relación con los camaradas José Cazorla y Enrique Sánchez que hasta entonces habían escapado a sus perseguidores. Todos estos camaradas fueron fusilados más tarde. Sus nombres se inscribieron la lista de héroes comunistas caídos en la lucha contra la Dictadura.
El centro, encabezado por Girón, que mantenía contacto con las numerosas cárceles madrileñas, se preocupaba principalmente de agrupar a los militantes dispersos, orientarlos políticamente, organizar la ayuda moral y material a los presos y perseguidos y estimular la oposición al régimen”.
Una vía muy importante para organizar el Partido fue, como ya hemos visto, la de los camaradas que pudieron salir o fugarse de Albatera, de Portaceli o del Batallón de Trabajadores de Cartagena. Todos los datos coinciden en que en Albatera se organizó y funcionó el Partido. Pero éste también funcionó en Porlier, Yeserías, San Antón, Toreno, Penal de Burgos, San Miguel de los Reyes, Alcalá, Talavera, Pontevedra, El Dueso, Puerto de Santa María, y en todas las prisiones de Franco.
LOS CENTROS DEL EXTERIOR
La ayuda desde el exterior a esta tarea, fue una especial preocupación desde el mismo momento en que se cruzó la frontera francesa. El esfuerzo por enlazar con el país, en este caso con Cataluña, fue ya una preocupación primordial, incluso antes de que la guerra terminase en la zona Centro-Sur. Puedo asegurarlo como testigo de mayor excepción.
Este esfuerzo se hizo después simultánea y paralelamente desde Francia; desde Portugal, desde varios países de América Latina, y, durante los primeros meses, desde los Estados Unidos de América.
Para calibrar las dificultades de esa gran tarea, hemos de tener en cuenta la especial y dificilísima situación que se crea al estallar la segunda guerra mundial el 1º de septiembre de 1939, que obliga a la dirección del Partido a dispersarse por países y continentes, con varios centros o subcentros de dirección desde Moscú a Buenos Aires, pasando por Francia, México y Cuba. Y la situación más grave aún que se origina cuando el 22 de junio de 1941 Hitler ataca a la URSS.
Los centros más importantes de relación con España fueron Cuba y la República Argentina (Buenos Aires). En un primer momento estuvieron bajo el control de Pedro Checa y de Vicente Uribe, y desde 1941 bajo la dirección del camarada Santiago Carrillo con quien colaboraba muy directamente Fernando Claudín. En ellos han trabajado algunos de los camaradas que figuran en la relación de héroes de nuestro Partido: Julián Grimau, José Gómez Gayoso, José Seoane. También camaradas que aún viven como Luis Sainz, antiguo instructor del Partido en el V Cuerpo de Ejército.
A) LA DELEGACIÓN DE LARRAÑAGA Y DIÉGUEZ
La Segunda Guerra Mundial y de modo concreto la entrada en la misma de Estados Unidos, después de que la dirección del Partido tuvo que salir de Europa, nos creó serios obstáculos para la relación con España. Algunos pudieron solucionarse gracias a la solidaridad internacional de los comunistas y de otras fuerzas democráticas, y muy especialmente a la ayuda que nos prestaron los marinos que trabajaban en la flota mercante española, militantes comunistas o simpatizantes con la causa democrática. Por ese medio pudimos resolver muchos problemas. Durante un tiempo fue Cuba el centro fundamental de ese trabajo. Nuestra propaganda llegaba a España desde La Habana, por los conductos más inverosímiles, entre ellos en cajas de puros habanos. En La Habana se editó, y no en México como se ha dicho impropiamente al celebrar su número 100, el primer ejemplar de Nuestra Bandera en su nueva época, después de la guerra civil.
En La Habana teníamos muchas relaciones políticas con las fábricas de tabaco e incluso con los fabricantes y los obreros tabaqueros que nos prestaban un gran apoyo.
De Cuba salieron los principales camaradas de la delegación del Partido que encabezada por Larrañaga y Diéguez, y en la que figuraba, entre otros Eladio Rodríguez, fue descubierta en Lisboa y entregada a Franco por la PIDE, la policía política de Salazar. Salvo Pancho Valverde, que no fue identificado y se salvó, y el delator Lobo, todos los miembros de esa delegación fueron fusilados en 1941, incluido el camarada Barreiro, responsable del trabajo del Partido en Vigo.
El proceso de Larrañaga y Diéguez fue el primer proceso de dirigentes del PCE que regresaron del exilio a España con una misión de dirección política, pagando así con su vida su entrega a la causa democrática, la causa del Partido.
B) LA DELEGACIÓN DE QUIÑONES
La Comisión Nacional integrada por J.V., A.M. y C.P. a la que hemos hecho referencia anteriormente, es la que trae a Madrid a Quiñones que se encontraba a la sazón en Valencia. Su incorporación se realizó en forma bastante singular. Esos camaradas, conscientes de sus limitaciones, dando una prueba admirable de modestia y de cariño al Partido, por indicación de otro camarada, que después fue fusilado, busca a Quiñones y le ofrecen encabezar el núcleo de dirección que habían constituido. Os ahorro los detalles de ese proceso aunque es de sumo interés no sólo organizativo sino político.
En realidad la reconstrucción, con datos exactos, de la actividad de las organizaciones del Partido en ese período está aún por hacer. Esa tarea reclama plena realización, el mayor esclarecimiento posible de los hechos históricos, por ser una parte sustancial de la historia del Partido.
El caso de Quiñónez es doblemente singular porque pasa a ser el responsable de una delegación que no tiene la aquiescencia de la dirección del Partido y que entra en contradicción con éste y su política general. Sigue siendo un caso controvertido que probablemente merece una revisión y una reconsideración. Pero lo que históricamente cabe destacar es el esfuerzo heroico de los camaradas de esa delegación y de muchos más, como los ya citados y otros, por lograr que el Partido exista, se ensanche y juegue su papel político en aquellas condiciones tan difíciles.
C) LA DELEGACIÓN DE CARRERAS
Antes de ser detenido Quiñones había llegado ya a España el camarada Carreras que, procedente de Francia, fue enviado al país por la dirección del Partido. Carreras parece que logró entrevistarse una vez con Quiñones y entregarle una carta de Vicente Uribe. Al caer Quiñones, antes de que Carreras pudiese hacerse con los resortes, actúan brevemente Bayón y Guerreiro. Después se forma la nueva delegación con Jesús Carreras y Espinosa, mientras Alberto Quesada se encarga de la dirección de la juventud.
Al caer Carreras, fusilado posteriormente, se hace cargo del Partido Manuel Jimeno y de la juventud Juan Ros. Éste último también es detenido y fusilado. Manuel Jimeno tiene que regresar a Francia a causa del acoso de la policía, y, por un período brevísimo, es Dionisio Tellado, dirigente de la organización de Madrid, quien se encarga de la delegación.
D) LA DELEGACIÓN ENCABEZADA POR MONZÓN
Carreras sólo pudo actuar poco tiempo, pues pronto fue detenido. Le sucedió una delegación encabezada por Jesús Monzón, abogado, antiguo redactor de Mundo Obrero, de origen navarro.
Monzón, que se había quedado en Francia y trabajó allí con Manuel Azcárate y con la designada responsable del Partido en dicho país, al salir de allá la dirección central, Carmen de Pedro, entró en España cuando las espectaculares victorias iniciales de las tropas nazis se estaban transformando en derrotas. En España había en aquellos momentos efervescencia. Pero Monzón se equivocó en el análisis de la situación. Esto le llevó a preparar y decidir la “invasión” guerrillera del Valle de Arán. Bajo la dirección de Monzón se produjo a la vez una inclinación derechista de la política de Unión Nacional, preconizada por el Partido. Monzón, que fue detenido en 1945, cuando iba de camino de Francia, después de pasar largos años de cárcel se exilió en México.
E) LA DELEGACIÓN ÁLVAREZ-ZAPIRAIN Y SU PROCESO
Casi paralelamente a la detención de Monzón, se crea en Madrid la última delegación del Comité Central, decidida por la dirección del Partido. Se perfilaba ya la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Más dicha delegación tampoco duró mucho. Las detenciones realizadas en la Rioja y Aragón repercutieron en el Centro y por el hilo la policía sacó el ovillo y el 25 de agosto de 1945 Santiago Álvarez y Sebastián Zapirain fueron detenidos en el Paseo de Rosales de Madrid. En la calle quedaba el resto de los camaradas que integraban dicha delegación del CC: Clemente Ruiz, José Gómez Gayoso y Agustín Zoroa, los dos últimos fusilados posteriormente en diferentes procesos. El esfuerzo de dichos camaradas y de todo el Partido movilizando a la opinión ante nuestras detenciones, la campaña internacional, sin precedentes, en el contexto de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, paralizó en este caso el brazo ejecutor de Franco. Fue ésta la primera delegación del CC del PCE que se salvó del fusilamiento.
Después, la dirección del Partido –Santiago Carrillo ya se hallaba en Francia- realiza una revisión de las formas de organización, llevando directamente desde el país vecino, ya liberado, la dirección política y el control del trabajo. Se suprimieron definitivamente las delegaciones del Comité Central dentro del país.
LA ORIENTACIÓN POLÍTICA
De cuanto he dicho se deduce que la tarea primordial del Partido en esa etapa, a la vez que la de luchar contra la entrada de España en la guerra al lado de Hitler, era asegurar su presencia y su reorganización en el interior de España, salvar la mayor cantidad posible de camaradas, ayudar a los condenados a muerte o encarcelados y promover hacia ellos y hacia todos los presos políticos la solidaridad internacional. La lucha contra el terror, contra la represión, contra la pena de muerte, por la amnistía, estaba en el centro de nuestra preocupación y de nuestra actividad.
Cierto que las campañas solidarias habrán de alcanzar su mayor auge en 1945 y posteriormente. Pero este tipo de acción solidaria, la presión de la opinión pública mundial sobre Franco, fueron una forma muy eficaz de lucha contra su política de terror y represión.
La tarea de elevar la moral de las masas, de tratar de reorganizarlas para la acción, fue ocupando paso a paso el primer plano. Con la victoria de la dictadura esa lucha se había retrotraído a los estadios más primarios. Hubo que partir de esa realidad para que la acción del Partido no cayese en el vacío. Poco a poco se fueron superando esos estadios.
Tanto dentro como fuera del país había también que explicar las causas de la derrota en nuestra guerra civil. En ellas se implicaba, lógicamente, la traición de Casado. Durante un tiempo, como ya queda apuntado, éste fue un elemento de profunda división en el campo antifranquista. Sin superarlo, la política de unidad se hacía imposible.
En la última etapa de la guerra habíamos defendido el programa de los 13 puntos y después de los 3 de Negrín. El Partido, por boca de Pepe Díaz, había llamado a ampliar el Bloque Popular con nuevas fuerzas, para transformar la unidad democrática y obrera en una “Unión Nacional” más amplia.
El fin de la guerra desvaneció esa política. Nuestros planteamientos, en un primer período, se reducían a las fuerzas democráticas, excluyendo a los casadistas. Era el reflejo de la forma en que se produjo la derrota, de lo cual ya hemos hablado. La agresión hitleriana a la URSS y el establecimiento de la alianza de ésta con Inglaterra y Estados Unidos, produjo un cambio en la situación mundial. Ésta tenía ciertos reflejos en España. Ello llevó a replantear nuevamente la política de Unión Nacional.
Hace años la camarada Dolores lo recordaba en un artículo: “En el período de la segunda guerra mundial –decía- nuestra política de Unión Nacional fue reafirmada en 1942, en un llamamiento dirigido a todas las fuerzas políticas y sociales de España, proponiendo la unidad para impedir la entrada de España en la guerra, a donde la empujaban la política y las irresponsables palabras de Franco, declarando: que si el camino de Berlín fuese abierto a las fuerzas soviéticas. España enviaría, un una nueva División Azul, sino un millón de hombres para defender la capital hitleriana..
Esa política de Unión Nacional es la que fue sostenida y defendida por el PCE hasta 1946, fecha en que nuestro Partido entró en la ‘Alianza de Fuerzas Democráticas’”.
Con la política de Unión Nacional como bandera, se organizó un movimiento encabezado por la llamada Junta Suprema de Unión Nacional, que se proyectaba a los distintos niveles del país.
Es verdad que la Unión Nacional no era la unidad que se necesitaba para acabar con Franco. Pero durante una etapa fue un punto de referencia político de que la oposición en el país era un hecho y de que esa oposición empezaba a rebasar los límites de los comunistas, que durante años y años nos vimos obligados a luchar solos.
¿Cuál era a la vez nuestra táctica organizativa entre la clase obrera?
Desde la década de los 30, la UGT dejó de ser el sindicato del PSOE para transformarse en el sindicato unitario en el que militábamos y colaborábamos comunistas y socialistas. Algunos de nosotros fuimos ya desde 1931-32 dirigentes sindicales ugetistas a ciertos niveles. Esa colaboración fue mayor cuando el PCE, superando el sectarismo que le caracterizó hasta el IV Congreso (Sevilla 1932) decidió en 1935 disolver la CGTU (Confederación General del Trabajo Unitaria adherida a la Internacional Sindical Roja) y que todos los militantes ingresaran en la UGT.
Pues bien, durante los primeros años de la clandestinidad franquista, el Partido trató de reconstruir en el país una UGT ilegal, los sindicatos clandestinos. Fue un error, y no sólo un error sectario, sino una manifestación de dogmatismo. La vida indicaba otra cosa. Citaré un ejemplo: Un camarada, antiguo oficial del EP (al llegar a la prisión de Alcalá de Henares en 1945) trata de disculparse ante mí porque había sido elegido enlace sindical en su fábrica. Los obreros veían más claro que el Partido en aquellos momentos.
Esta orientación de crear sindicatos clandestinos se abandonará, como veremos, en 1948 cuando se decide abandonar la lucha guerrillera.
LA LUCHA GUERRILLERA
El Partido tenía algunos cuadros con experiencia guerrillera, adquirida en el curso de la guerra civil. El XIV Cuerpo de Guerrilleros estaba integrado en su mayoría por militantes comunistas y jóvenes de la JSU. En 1939, por la forma en que terminó la lucha no pudo dejarse organizado en España un movimiento guerrillero. La experiencia guerrillera y, en general, la que proporcionaron los años de 1936-39, sirvió a muchos camaradas para luchar al lado de los demás pueblos de Europa contra el fascismo y especialmente contra la ocupación alemana.
Sobre todo en Francia esa lucha alcanzó grandes proporciones. Casi todo el sur del vecino país fue liberado por españoles, y miles de compatriotas, y a su cabeza muchos camaradas, tuvieron una parte muy activa en la liberación de París. No fue sólo en Francia. Fue en la URSS, en Hungría, en Checoslovaquia, en Yugoslavia, etc.
En el periodo de la Segunda Guerra Mundial, el Partido se esforzó por agrupar a los camaradas y a otros antifranquistas dispersos, ocultos o huidos por el monte y proporcionarles orientación política, coherencia organizativa y continuidad en su acción. En las circunstancias que se daban en España, la existencia de núcleos de guerrillas en ese período, fue un cierto aporte a la acción contra la entrada de España en la guerra al lado de Hitler, a que éste se limitase al envío de la División Azul y, por tanto, a la causa de los aliados. Fue asimismo una contribución a mantener la esperanza de millones de españoles en la causa de la libertad.
En la perspectiva del desenlace favorable de la Segunda Guerra Mundial, y al margen y oposición a lo del Valle de Arán, el Partido propició, con decisión, la creación de guerrillas.
Yo mismo cuando llegué a Madrid venía con la misión de hacerme cargo de la dirección política de las guerrillas. Esta tarea no llegó a realizarse, porque no era oportuno desplazar al camarada que llevaba esa misión entonces, y porque en realidad nosotros pronto fuimos detenidos. Pero la orientación era esa.
Pero quizá, sobre todo para las nuevas generaciones, que no conocen el episodio del Valle de Arán, conviene detenernos en relatarlo.
Ya hemos dicho que durante la resistencia en Francia, miles de españoles se organizaron en las guerrillas y participaron en la lucha armada contra los invasores hitlerianos. La mayoría participaban en la “Agrupación de guerrilleros españoles”. Otros en unidades de FTP y se habían batido en general en las fuerzas francesas del interior. Todos habían luchado con gran heroísmo. Los nombres de Alfonso, de Cristino García, de Castro, de Vitini y de otros muchos muertos en el combate, figuran en las listas de héroes de nuestro Partido.
Al liberarse Francia, la “Agrupación de guerrilleros españoles” concentra sus fuerzas cerca de la frontera española, con el fin de participar en la lucha para liberar nuestro país. En ese momento la Agrupación se componía de unos 12.000 guerrilleros.
La delegación del Comité Central en el interior, dirigida por Monzón, dio entonces la directiva a la de Francia de crear un frente militar en la vertiente española de los Pirineos. Como señala Santiago Carrillo en su libro Mañana España, eso respondía a un punto de vista erróneo de la situación. “Para eso habría sido necesario que las autoridades francesas estuvieran también. Prescindiendo de otras consideraciones políticas, en ese momento toda atención de las autoridades estaba centrada en el frente alemán.”
“Por lo demás, los Pirineos no eran una zona donde nuestros combatientes pudiesen reclutar nuevos efectivos, ya que su población era reducida y aislada. En esas condiciones, librar una batalla de una manera clásica, con frentes y grandes unidades combatientes, estaba fuera de nuestras posibilidades y daba al ejército de Franco la posibilidad de aniquilarnos.”
A pesar de eso, la delegación del Partido en Francia y el mando de la Agrupación de Guerrilleros, obedecieron las directivas del interior y se lanzaron a la ocupación del Valle de Arán, al tiempo que se libraban operaciones secundarias en otros puntos de la frontera.
En ese momento la dirección del Partido estaba aún dividida en varios centros. Las posibilidades de decidir operaciones estaban, pues, en manos de las delegaciones del Comité Central en Francia y España. Así se tomó la decisión de invadir el Valle de Arán.
Los guerrilleros ocuparon el Valle sin dificultad; allí había pocas fuerzas. Es una especie de embudo que desemboca por un desfiladero en Viella y que va a parar a un llano. Pero allí estaban concentrados 300.000 hombres armados, con artillería, aviación, bajo el mando del general Moscardó (el del Alcázar de Toledo) y que habrían aniquilado a los guerrilleros, únicamente equipados con metralletas y algunos cañones ligeros.
Al llegar Santiago Carrillo a Toulouse, que era donde se encontraban los camaradas que dirigían el Partido en Francia (Santiago pasó a Francia desde África del Norte), tomó conocimiento de la situación y, discutiendo con los camaradas, decidieron que no continuase la invasión. Una razón más a favor de esa decisión fue la información de que un regimiento de “Spays” se aproximaba a ese lado de la frontera, lo que llevó a pensar que podría tratarse de una maniobra para cortar la retirada de los guerrilleros a Francia.
LAS CONTRAPARTIDAS DE FRANCO
En la perspectiva de preparar un levantamiento nacional, el Partido se propuso enviar pequeños grupos encargados de encuadrar y desarrollar las unidades guerrilleras existentes ya en el interior del país. Una invasión, presentada como tal, daría la ocasión al ejército franquista de aniquilar a esos 12.000 hombres que eran un tesoro del Partido, sus mejores cuadros. Fueron precisamente esos cuadros lo que junto con las camaradas que había en el interior, permitieron sostener la organización hasta que fue apareciendo el relevo de las nuevas generaciones.
Los esfuerzos por desarrollar la lucha guerrillera en España, a partir del año 1944, fueron muy importantes. A pesar de que había datos fehacientes en contra, en el PCE también existía la ilusión de que después de la derrota del fascismo en Europa, los aliados nos ayudarían a terminar con el franquismo. En Argelia se había coenzado a preparar grupos de guerrilleros para desembarcar en el país con vistas a un levantamiento nacional.
En el libro citado, Carrillo dice: “Estábamos preparados para ‘liberar España’”.
Envié aviso a Dolores Ibárruri a Moscú: “Hemos entrenado a sesenta camaradas, nos preparamos a desembarcar en Málaga”. Ella me respondió aproximadamente: “No hay nada que hacer”. “Vete a Francia”.
Después del repliegue del Valle de Arán la dirección del Partido puso en marcha la estrategia de enviar grupos y reforzar el movimiento guerrillero, y éste alcanzó notables proporciones.
En breve plazo el movimiento guerrillero logró tener grupos organizados en Asturias, Galicia, León, Aragón, Zona Centro, País Valenciano. Franco no sólo tuvo que movilizar contra ellos las famosas “contrapartidas”, sino grandes unidades militares, como en el caso del frente de Valencia y Aragón en que utilizó una división.
A mediados de 1946, en un artículo del camarada Juan Modesto publicado en Nuestra Bandera núm. 12, noviembre de 1946 en Toulouse (Francia) bajo el título “Experiencias importantes de las acciones guerrilleras en este último período”, se dice:
“Analizando las acciones de los guerrilleros en el período comprendido de junio a octubre, la primera conclusión que salta a la vista es su crecimiento; es también la amplitud de las acciones guerrilleras, que abarcan a casi todas las regiones de España. Se ha caracterizado por una intensificación de los choques y combates, principalmente en el campo.
En este período que señalamos se han desarrollado 266 acciones cuya distribución por zonas de operaciones convencionales es la siguiente:
GALICIA-LEÓN. (Coruña, Lugo, Orense, Pontevedra, León, Zamora, Salamanca, Valladolid, Palencia, Burgos), 30.
NORTE. (Asturias, País Vasco, Navarra, Santander, Soria, Logroño), 25.
CATALUÑA Y ARAGÓN. 17.
LEVANTE. (Valencia, Castellón de la Plana, Alicante, Murcia, Albacete), 11.
CENTRO-EXTREMADURA. (Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Ávila, Segovia, Cáceres, Badajoz), 64.
ANDALUCÍA. (Sus ocho provincias), 119.
Este breve resumen que comprende cinco meses de actividades guerrilleras, demuestra que a pesar de los esfuerzos que Franco viene haciendo, no ha logrado destruir la resistencia activa encarnada en los grupos guerrilleros patriotas. Y se puede asegurar que este movimiento patriótico que defiende al pueblo de los crímenes que a diario realiza el franquismo, tiende a desarrollar cada vez más la lucha en las montañas y en el llano, hasta que las causas políticas y económicas origen de su nacimiento no hayan sido aniquiladas.
Sólo la destrucción del régimen franquista y su política, mediante el restablecimiento de un régimen democrático y republicano –concluye Modesto- abrirá para España la era de paz que tanto necesita nuestro pueblo”.
La llamada Agrupación de Guerrilleros de Levante-Aragón, como también la de Galicia, desempeñaron no sólo un importante papel en la lucha guerrillera en sí, sino también como elemento que incidía en la vida política.
EL CAMBIO DE TÁCTICA
La perspectiva del Partido era provocar un levantamiento nacional. Se creía que los grupos guerrilleros podían crear las condiciones de ese levantamiento.
Sin embargo, en 1947-48 era ya evidente que el movimiento guerrillero no estaba en condiciones de provocar esa sublevación o insurrección nacional, en la que se creía. Había que cambiar de táctica.
Al llegar a este punto hay que decir que se cometió el error de prolongar demasiado la lucha guerrillera. En realidad, hasta cerca de 1949 se mantenía la idea de una insurrección nacional. La experiencia propia y algunos consejos de Stalin, llevaron a la dirección del Partido a una reconsideración autocrítica de la situación y de la actividad del Partido, a lo que llamamos “el cambio de táctica”. Pero retomemos el hilo que hemos dejado atrás, en cuanto a la política unitaria, etc. Como ya hemos apuntado, en 1946 el Partido decidió proponer la disolución de la Junta Suprema de Unión Nacional e integrarse en la Alianza de fuerzas democráticas, coalición formada por el PSOE, los grupos republicanos y los cenetistas. El objetivo era agrupar a todas las fuerzas antifranquistas.
Al aparecer la posibilidad de que se creasen gobiernos en el exilio, con participación de todas o casi todas las corrientes democráticas e incluso ciertos grupos del interior, el Partido estimuló la creación de esos gobiernos y participó en ellos. Uno presidido por el Dr. Giral y otro por Rodolfo Llopis.
Simultáneamente, el Partido propiciaba la lucha en el interior, creando un Consejo Central de la Resistencia. Era el momento en que, terminada la Segunda Guerra Mundial con la victoria aliada; condenado Franco por las Naciones Unidas; con el auge del movimiento guerrilero y manteniéndose aún la alianza de los países que habían derrotado a Hitler, se vivía también en el país, aunque con limitaciones, un cierto auge democrático. Pero por razones internas e internacionales que tienen mucho que ver con la derrota en la guerra civil, ese auge fue pasajero. El cambio producido, en sentido negativo, tenía también dos vertientes: la ruptura de la unidad en el interior y la instalación en el exterior de la política de Guerra Fría.
De otra parte, era evidente que, en aquella etapa, la burguesía española apoyaba a Franco y que la pequeña burguesía de la ciudad y del campo le apoyaban o, al menos, no se le oponían. Las guerrillas no pasaban de tener un cierto apoyo solidario, pero los campesinos no entraban en ellas, no las engrosaban. Y en las condiciones de España, no podía haber realmente un movimiento guerrillero sin que lo engrosaran los campesinos.
Hay que tener además en cuenta que la derrota político-militar de la causa democrática, el terror y la represión eran, en ese orden, como en otros, un muro de contención.
Esa nueva situación nos impondría definitivamente un cambio de táctica. Este cambio se realizó en 1948, mediante el análisis crítico y autocrítico de los dos últimos años de lucha. Haciendo un balance de esos años y de los sacrificios que había costado, se llegó a la conclusión de que era preciso modificar radicalmente las formas de lucha y de organización respecto al trabajo de masas y el movimiento guerrillero. Estaba claro que con sólo una vanguardia, por muy heroica que fuese, no se podía vencer.
Hoy, al hablar de estos problemas, podemos afirmar que abandonamos esta orientación por dos razones: La primera, por la ruptura de la unidad por parte de los socialistas. Dichos compañeros a partir del exilio, decidieron volver en el terreno sindical a una UGT vinculada al PSOE. La segunda razón, porque la experiencia nos enseñó la imposibilidad de mantener una organización de masas, diversa, como es un sindicato, en las condiciones de represión fascista e ilegalidad total.
TRABAJAR EN LOS SINDICATOS
En realidad, la tentativa de crear un sindicato clandestino fue producto de una concepción sectaria que mantuvimos hasta ese momento en el Partido. Concepción que consistía en considerar que los comunistas nos “mancharíamos”, “empañaríamos” nuestra imagen revolucionaria trabajando en los sindicatos verticales. Se perdía de vista la verdad acabada de decir: que con sólo la vanguardia no es posible vencer. En 1948, tras una discusión autocrítica decidimos trabajar en el seno de los sindicatos verticales, compitiendo por los puestos electivos. Pronto tuvimos la confirmación de la justeza de esta nueva táctica, que nos proporcionaba un contacto con las amplias masas de trabajadores del que habíamos carecido, apareciendo clara la posibilidad de iniciar una auténtica lucha de masas.
En el desarrollo de esta experiencia el Partido descubrió la necesidad de combinar las formas de trabajo dentro del sindicato vertical, con otras formas independientes que permitiesen lograr una coordinación y una clarificación mayor, de clase, de la lucha obrera. Por la vía de lo que fue la oposición sindical obrera en un primer período; analizando la experiencia y también la de los tiempos iniciales del movimiento obrero, se vio que en ambos casos, las primeras acciones aisladas en empresas, se habían realizado en torno a Comisiones Obreras, que surgían al calor de una acción y volvían a desaparecer al finalizar ésta. Estas Comisiones fueron la células primarias a partir d elas cuales se constituyó el nuevo movimiento obrero.
“La idea de conseguir que esas Comisiones, surgidas espontáneamente al calor de una reclamación, en vez de desaparecer se estabilizaran y fueran coaligándose de una empresa a otra, de éstas a la localidad y a la provincia, para terminar componiendo el entramado general de un nuevo movimiento obrero, fue teorizada por el Partido Comunista cuando todavía no podía garantizarse el éxito de esa previsión”. Pero la nueva realidad está ahí, en la gran Confederación Sindical de CCOO de hoy.
Es un hecho indiscutible que la clase obrera con su lucha jugó un papel de vanguardia para abrir el camino de la reconciliación nacional y para que madurasen las condiciones para salir de la dictadura. Pero este ya es otro tema.
En abril de 1940, el entonces secretario general del PCE, el camarada José Díaz, decía en un artículo: “El triunfo de la reacción en España no ha eliminado las causas que llevaron a nuestro pueblo a la lucha, sino que las ha hecho más agudas.”
Es una gran verdad. Esas causas eran la defensa de una serie de conquistas, entre ellas las libertades políticas y su ampliación en el terreno político y social, por la vía democrática.
Hoy, podemos afirmar que la realización de esa ingente tarea, agudizada por la prolongación de la dictadura, hubiera sido imposible sin una gran dosis de voluntarismo político y de romanticismo revolucionario.
Eso determinó no só aciertos sino también errores. Quien conciba una lucha revolucionaria pensando que sólo tendrá aciertos olvida el “abecé” del marxismo el principio de la dialéctica materialista que es la lucha de los contrarios. Olvido que, a diferencia de lo que ocurre en la naturaleza, los cambios en la sociedad son el producto de la acción y la voluntad de las masas y que cuando un pueblo sufre la sangría que sufrió el nuestro, tarda decenios en reponerse. Y que para un partido revolucionario la conquista de las masas es siempre lo determinante.
En el V Congreso del Partido (1954), la camarada Dolores Ibárruri señalaba que junto a los lados positivos de la actividad del Partido durante la guerra civil, éste tuvo también sus lados negativos. Y añadía: “Fue una gran debilidad no haber dejado organizado en España el trabajo legal [ilegal] del Partido, no sólo al salir del país después de la derrota, sino antes, en el transcurso de la guerra cuando nos veíamos obligados a abandonar pueblos y ciudades en las sucesivas retiradas del Ejército republicano”.
Con la serenidad y posibilidad de reflexión que nos da la distancia y la propia experiencia de otros países durante la Segunda Guerra Mundial, cabe que nos interroguemos sobre esta autocrítica.
Quizá si hubiera sido posible en el curso de la contienda, una mayor actividad democrática y del propio Partido en la retaguardia enemiga, actividad que habría permitido dejar, en 1939, ciertos núcleos de referencia del Partido en el conjunto del país. Pero en las condiciones en que se libró la guerra, con su carácter y su final, eso resultaba dificilísimo, por no decir imposible.
Para ello habría que haber dado otro enfoque a la resistencia, a la sublevación. Pero en este caso, la resistencia quizá no se hubiera prolongado más allá de noviembre de 1936, cuando el heroísmo colectivo y particularmente del pueblo madrileño, permitió salvar la capital para la democracia.

A MODO DE RESUMEN
En un intento de resumir, siquiera esquemáticamente, el proceso de implantación y desarrollo del Partido desde 1939 a 1956 quizás podríamos decir:
En una primera etapa, los esfuerzos para la reconstrucción del Partido, además de la preocupación de la dirección desde el exilio, parten, como hemos subrayado, de las cárceles y de los camaradas que, estando en la calle, tratan de relacionarse, de reunirse de constituir grupos. Así llegan a crearse numerosos grupos dispersos hasta que se logra ya constituir una delegación del Comité Central.
Esta etapa, con altibajos, abarca todo el periodo que va desde la delegación constituida como dirección del PCE al final de la guerra hasta Quiñónez, pasando por la detención del núcleo de camaradas encabezados por Jesús Larrañaga e Isidoro Diéguez.
Quisiera subrayar que cualesquiera hubiesen sido las motivaciones de Quiñónez para proceder como lo hizo, su postura política de enfrentamiento con las orientaciones del Buró Político del CC y su propia concepción respecto a las formas de organización del Partido, representaron un serio obstáculo al desarrollo de éste.
Otra etapa es la que media entre la detención, proceso y fusilamiento de Quiñónez hasta el final de la segunda guerra mundial (1945). Es el período de la delegación de Carreras y de Jesús Monzón, en el cual crece el Partido, pese a la represión. En ello influían factores, tanto de orden exterior como interno: La derrota de los nazis en Stalingrado, que abría nuevas perspectivas de victoria sobre el nazi-fascismo; el inicio de la recomposición de la moral de lucha de muchos antifranquistas, mientras van restañándose las heridas de la guerra civil; la aparición de la nueva generación de postguerra. Además, las organizaciones del Partido van adquiriendo en la práctica una mayor experiencia.
A partir de Stalingrado se vive un cierto auge. Se extiende la organización del Partido prácticamente a todo el país, muy especialmente en Madrid, Barcelona, Sevilla, Córdoba, Valencia, Bilbao, Coruña, etc. Se crean grupos de la UGT. Se comienzan a organizar comités de Unión Nacional. Hay confusión entre Partido y Unión Nacional, entre Partido y sindicato. La política de Monzón acentúa el confucionismo. Pero el Partido existe en nacionalidades y regiones y en casi todas las provincias. Comienza a hacerse notar el movimiento guerrillero.
Una tercera etapa coincide con el final de la Segunda Guerra Mundial. El PCE se desarrolla, sobre todo, en ciertas regiones. Pero este auge es de todos modos superficial. La clase obrera no estaba organizada ni su nivel de conciencia hacía posible una acción generalizada contra la dictadura. Y el Partido, pese a su crecimiento, tampoco estaba enraizado en los fundamentales centros obreros.
En 1945 aparece por primera vez en escena la generación posterior a la guerra civil. Un grupo de jóvenes madrileños, alumnos de Instituto, reparten octavillas clandestinas denunciando la represión. Este grupo integrado por los jóvenes Piquero, José Luis, Yuste y otros, engarza ya la actividad clandestina de los veteranos con la de la generación joven.
Desde 1945-46 hasta mediados de 1947 se vive una etapa de verdadero crecimiento orgánico del Partido. En algunas zonas de Andalucía: Sevilla, Córdoba, Málaga, Jaén, así como en Valencia y en ciertas comarcas de Alicante, el PCE pasa a ser casi de masas. Tiene ya decenas de miles de miembros. Aunque en menor proporción las organizaciones del Partido son también importantes en el País Vasco, en Galicia, etc.
Al mismo tiempo se recrudece la acción represiva de la policía. Las redadas y los procesos afectan a veces a cientos de camaradas. El penal de Burgos y otras prisiones que se iban vaciando de los presos de guerra, se vuelven a llenar con los de “delito posterior”.
En 1946 se producen huelgas obreras en el País Vasco. Tienen lugar distintas acciones guerrilleras y, en ese mismo año, se crea en Francia un Gobierno republicano en el exilio de carácter unitario.
Pero el auge va decayendo desde finales de 1947 y su caída es ya vertical en 1948.
La ruptura, a nivel internacional, de la unidad de los aliados que hicieron posible la guerra contra Hitler, la ruptura también de la unidad de las uerzas democráticas españolas, la ayuda de los imperialistas a Franco, el alejamiento del final de la segunda guerra mundial dejando sin resolver el “caso de España”, acentúa la desmoralización y propicia el repliegue.
En 1948-49 la organización del Partido en el interior pasa por una situación muy difícil. En un momento dado la policía logra introducir sus agentes en el propio aparato del Partido y desarticular durante cierto tiempo, aunque corto, la ayuda directa a las organizaciones existentes. Sin embargo, la orientación política, por medio de “Radio España Independiente”, Mundo Obrero clandestino y por otros medios, no les faltó jamás.
Junto a esa ofensiva policíaca, el escaso progreso del movimiento guerrillero aumenta las dificultades de tipo general. Todo ello obligó, como hemos visto, a realizar el cambio de táctica.
El repliegue del movimiento guerrillero dejó durante un tiempo zonas desérticas en el orden político. Por ejemplo, Galicia, en parte de Aragón y sobre todo, la zona Centro.
Tres años después del repliegue guerrillero, como una comprobación de la justeza de la nueva táctica, estalla en Barcelona la huelga de 1951. Con esta se abre una nueva etapa. Será larga, ondulante, pero se va en ascenso.
Cabría terminar este resumen destacando que el esfuerzo del Partido por levantarse de la postración y elevar el nivel de conciencia de las masas, no hubiera sido posible sin un esfuerzo conjunto de la dirección del Partido desde el exilio y la parte de ésta que desafiando la represión se incorporó a España y el esfuerzo y la colaboración de los camaradas de dentro. Merecen especial mención los importantes núcleos del Partido que durante todos esos años permanecían en las cárceles: Burgos, San Miguel de los Reyes, El Dueso, Porlier, Yeserías, Alcalá de Henares, Ventas, Segovia, etc. De todas estas prisiones, muchas de ellas escuelas de marxismo, especialmente el penal de Burgos, fueron saliendo miles de camaradas que se reincorporaron a la lucha clandestina.
En cuanto a las formas de organización del Partido, señalaría el proceso, lento, lleno de dificultades y de altibajos, para pasar de los contactos individuales en la calle, a una forma, aún embrionaria, de reunión y discusión colectiva, tanto sobre los problemas políticos, como respecto a las cuestiones orgánicas. Pasaron años, caídas, fases de represión muy agudas, en el proceso que llevó al Partido a reconstruirse y a tener una vida política en un nivel aceptable para un partido clandestino.
Pero este tema requeriría un libro de 500 páginas.
Permítaseme que termine mi disertación afirmando que si el PCE pudo resistir y superar todas las pruebas de ese largo y difícil período fue posible:
1) Porque el PCE era un Partido que había luchado a la cabeza de la clase obrera y de los pueblos de España por una causa justa. Y cuando se lucha por una causa justa, aunque ésta sufra una terrible derrota, la lucha misma proporciona mil veces más moral que la entrega inerme ante el adversario.
2) Porque a pesar de los tremendos problemas que creó la derrota y de la terrible noche de la dictadura, el Partido, que durante 1936-39 estaba unido, era un todo, preservó, a pesar de ciertas pérdidas, su unidad política.
3) Es un hecho histórico que el Partido, con su núcleo esencial de dirección a la cabeza, afrontó la derrota de 1939, como algo transitorio. Actuó en la nueva realidad, trató de incidir en ella. Y lo hizo con alto sentido de responsabilidad, con elevada moral, sin perder jamás la confianza en el pueblo, en su ideal y en el futuro.
4) El PCE se esforzó por conectar con las nuevas generaciones y los nuevos problemas de la sociedad moderna; se esforzó por abrirse y evolucionar, teniendo en cuenta las nuevas realidades.
El PCE pudo seguir esa trayectoria de lucha por las razones expuestas y porque preservó su fidelidad al marxismo revolucionario, como método esencial de análisis de la realidad y de inventiva creadora.
* * *
APÉNDICE I
CARTA DE J. G. GAYOSO, FUSILADO EN 1948, A SU MUJER (Extracto)
La Coruña, 6 de septiembre de 1948
Querida Concha:
Hoy, después de más de cinco años te escribo. Por cierto que en situación poco envidiable. Lo hago con un esfuerzo sobrehumano, pues tengo las manos deshechas. Llevo en España cuatro años y medio. Los mejores de mi vida. Desde que la dirección del Partido me concedió el honor de venir a luchar al interior, mi mayor anhelo era ver llegado el momento en que pisara tierra española. En estos cuatro años y medio, hice todo lo que a mi alcance estaba por cumplir con mis deberes de comunista. Los dos últimos he dirigido la organización de Galicia. En este punto he caído el 11 de julio en La Coruña. Ello fue consecuencia de la traición de un canalla que era ayudante del camarada Antonio Seoane, jefe del Ejército Guerrillero de Galicia. Éste fue detenido el día 10; tenía que verme con él en su casa el 11 y al llegar me abrió la puerta la policía, que me encañonaba. Pude lanzarme escalera abajo y en ese momento por el hueco de la escalera me dispararon, entrándome la bala por la sien y saliéndome por un ojo. Aún así logré escapar, pero a las 12 del día, y con la ropa empapada de sangre, lograron darme caza, casi una hora después...
Tengo el intestino y estómago destrozados y los pulmones no cesan de vomitar sangre. Las manos, sólo ahora con enorme dificultad, puedo coger la pluma. En fin, los cuatro años y medio que tardaron en cogerme los tenían rabiosos...
Actualmente, desde que el 1º de septiembre salí del calabozo y pasé a semi-aislamiento, pero que permite salir dos horas al patio (los del nuestro completamente solos), empiezo a reponerme algo. Los camaradas que conmigo están, son los que se esfuerzan por cuidarme...
Nuestro caso lo están acelerando. Tienen una prisa enorme por liquidarnos. Calculo que no nos libraremos por lo menos Antonio Seoane y yo de dos o tres penas de muerte. Y para principios de noviembre quieren tenernos ya bajo tierra.
Por eso te doy los nombres:
José Gómez Gayoso, maestro Nacional; Antonio Seoane, obrero; Juan Romero Ramos, obrero; José Bartrina, médico; José Ramón Dras, sastre; José Rodríguez Campos, obrero; Juan Martínez, campesino; hay también cuatro mujeres que se han portado magníficamente y a las que no han podido arrancarles ni una sola palabra. Son María Blázquez, obrera, que le perforaron el estómago de un tiro y que aún hoy en la cárcel tiene la bala sin extraer: Clementina Gallego, que está casi paralítica de una pierna; Carmen Orozco, maestra nacional, en grave estado, con una lesión cardiaca, y Josefina González Cudeiro.
Nuestra situación actualmente sólo ha variado en que por lo menos estamos juntos tres en cada celda y que los que tienen familia pueden recibir comida en la calle. Por lo demás estamos encartados de nuestro proceso completamente aislados del resto de los 250 presos políticos. Temen la influencia que podamos ejercer sobre ellos.
Saben muy bien la expectación que produjo nuestra caída, saben que los comunistas no irán al Consejo de Guerra en plan de lloronas y están trabajando en muchas direcciones para minar la moral y entereza de los menos forjados.
Bueno, Conchi, ahora quiero entrar en el fondo político de las causas y derivaciones de este golpe. Los comunistas no podemos conformarnos con lamentar los percances ni tampoco con el hecho de que hayamos sabido portarnos ante el enemigo como era nuestra obligación.
Por lo demás, el resto de la dirección sigue en libertad y el Partido que había no fue afectado. Lo mismo las Agrupaciones Guerrilleras. El golpe fue duro pero confío en que en poco tiempo, con un esfuerzo de los camaradas de dirección que quedaron, y sacando las debidas experiencias, Galicia seguirá ocupando el puesto que le corresponde en la lucha contra el franquismo.
De la firmeza cuando caí en manos del enemigo, podéis estar seguros. Y eso será mi actitud hasta la muerte. Yo no me doy por satisfecho y te juro que en algunos momentos me decía a mí mismo, me lo digo día y noche, que cien vidas que tuviera las daría antes de que mis camaradas, mis dirigentes, tú y mis hijos, pudieran decir, no ya que fui cobarde, sino que tuve una vacilación o claudicación.
Mi fidelidad a la dirección y a su línea política, mi inquebrantable voluntad de que por encima de todo se mantenga en alto y limpia la bandera del Partido.
Quiero si mis fuerzas lo permiten dejar una carta para la camarada Dolores. Ella ha sido no sólo el jefe querido, la que me educó en la entereza y fidelidad a los principios del marxismo-leninismo. Ella, Conchi, fue la que me dio fuerza y ánimo para aguantar las torturas. Muchas veces cuando yo creía volverme loco, me decía para mis adentros: “Dolores dijo que a los comunistas se les puede romper, pero no se les puede doblar”. Y no me doblaron. Como tampoco, por lo menos hasta ahora, tampoco han doblado a los demás camaradas que cayeron.
Comprenderás que la bandera del Partido tiene que salir con gloria. Trabajo y trabajaré sin descanso para que así sea. De mí respondo yo, pero hay que conseguir que así se comporte la mayoría.
Y ahora, mi Conchi, algo de nosotros. Tal vez ésta sea la última. Tú eres comunista y como tal debes acoger mi caída, como la de un combatiente que cayó en el campo de batalla. Antes que yo han caído otros que valían infinitamente más. Sabes con qué alegría y orgullo acogí la noticia de que iba a salir para España. Esta alegría se centuplicó en cuanto llegué. ¡Qué grande y hermoso es nuestro pueblo!.
Comprenderás claramente la razón de por qué nunca te escribí. Sin embargo, os he tenido siempre presentes en mi corazón. Han transcurrido ya bastantes años desde que nos separamos. Cualquiera que haya sido el rumbo de tu vida, lo considero acertado siempre que hayas seguido siendo la comunista que yo conocí. Yo procuraré cumplir con la promesa que te hice de que jamás ninguna actitud o acción denigrante empañará mi condición de militante comunista. Este es el único legado que dejo a nuestro hijo. Te pido que cuando tenga edad para comprenderlo mantengas vivo en su memoria mi recuerdo; te pido, te lo suplico, que lo eduques como yo quisiera, para que él sea un comunista fiel y honrado como lo fue su padre. Enséñale el amor al pueblo, a los trabajadores, a España, la patria querida por la que su padre dio la vida. Edúcalo en el respeto y cariño a los dirigentes del glorioso Partido Comunista de España, a nuestra camarada Pasionaria. Este es mi último ruego a ti, la compañera y Camarada. Estoy seguro, porque te conozco, porque sé lo que hay de honradez política en ti, que lo cumplirás. Y respecto a ti sólo dos palabras; si no lo has hecho ya, rehaz tu vida. Eres joven todavía. Pero que nada, ni aún los más fuertes sentimientos personales, te aparten jamás del recto camino que emprendiste al ingresar en el Partido. Esto por encima de todo. Con toda mi alma te deseo que goces de la felicidad que no supe o que no pude ofrecerte. Aleja lo antes posible de tu mente mi recuerdo como compañero y si piensas en mí hazlo como un camarada. No quiero que por mí sufras. Alcanzar un bien tan preciado como es la liberación de nuestra Patria exige muchos sacrificios. ¿Qué ahora me tocó a mí? ¡Paciencia y entereza! En la brecha quedan miles de comunistas, queda el pueblo, este pueblo por el que debes de trabajar y luchar incansablemente. Sólo quiero pedirte una cosa. Si diera tiempo, que me mandaras una foto de Pepito y tuya. Tenía una, pero hace dos años me la cogió la policía. Quiero ver aunque sólo sea en fotografía a mi hijo por última vez y también a ti...
¿Para qué despedidas? Que seas muy feliz, tanto como yo hubiera querido y sabes que quería que lo fueras. Da a nuestro hijo el último beso de su padre y, para ti, Conchi, el cariño eterno de tu Pepe.
José Gómez Gayoso
Prisión Provincial. Primera Galería.
Si me escribes hazlo por avión, certificado y urgente.
Un fuerte abrazo para Blas, Marinello, Fabio, Monguito y demás cubanos y españoles.
[1] ÁLVAREZ, Santiago: “La retirada, la lucha guerrillera y el cambio de táctica”. En VV.AA.: Contribuciones a la historia del PCE. Madrid, FIM Fundación de Investigaciones Marxistas, 2004, pp. 283-313

1 comentario:

  1. Jesus Muñoz Brihuega,.mi tio Jesus... me llamo y apellido como el ,en homenaje a sus huevos, presos.. 20 años,y a su mujer en la carcel de Ventas,y a su primo Tomas tambien preso,y a su primo Falin de Tetuan amputado y fusilado,a su hermano Pascual de Chamartin desparecido.

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