XVIII Congreso PCE. Documento Político. Introducción

TALLER DE HISTORIA DEL PCE "MARUSIA"


XVIII CONGRESO PCE. DOCUMENTO POLÍTICO. INTRODUCCIÓN[1]

INTRODUCCIÓN

Debe ser una tarea fundamental de este Congreso implicar al PCE en una lucha contra una salida neoliberal e incluso autoritaria o fascista de la crisis, consiguiendo mejorar la correlación de fuerzas en la lucha anticapitalista mediante un proceso de acumulación de fuerzas. Para ello debemos hacer del PCE un instrumento político, organizativo, social y cultural, útil y eficaz, que facilite a la clase trabajadora y al conjunto del pueblo tomar la iniciativa en la lucha contra los efectos de la actual crisis. Un PCE que practique el debate ideológico para construir una alternativa que vaya desde lo concreto hasta el horizonte de la construcción del socialismo y el comunismo.

El eje vertebral sobre el que desarrollar nuestras propuestas debe ser la elaboración de un programa de transición al comunismo, desarrollando una de las ideas-fuerza aprobadas en el XIII Congreso del PCE y ratificadas en el XIV: "relacionar nuestros grandes objetivos emancipatorios con nuestra actividad cotidiana del día a día". Y que en el XVI Congreso se formuló declarando "El comunismo, movimiento y objetivo global": "El socialismo por el que apostamos es la fase de transición hacia una sociedad sin clases. Pero, para que esto sea posible el socialismo debe ser dinámico, y el Estado ir disolviendo su papel en la propia estructura social, para conseguir la sociedad sin Estado, es decir, el comunismo (...) nuestra propuesta de una nueva síntesis emancipatoria que funda las tradiciones comunista y libertaria con las aportaciones de los nuevos movimientos emancipatorios está empezando a tomar forma a escala internacional en el seno del movimiento contra la globalización capitalista, que tiene entre sus señas de identidad fundamentales el anticapitalismo y el antiautoritarismo. Debemos esforzarnos por contribuir, desde nuestra posición comunista, al desarrollo internacional de la necesaria alternativa que aúne movimiento y objetivos". En esta línea, debemos desarrollar nuestra concepción del socialismo del siglo XXI como un proceso democrático de transición al comunismo, a una sociedad sin opresión ni explotación, en una humanidad sin clases ni Estados.

Para que el PCE pueda articular una alternativa debe partir necesariamente de una reflexión profunda que nos lleve al origen del problema, para lo cual no podemos hurtar una de las cuestiones principales como es la configuración actual de la clase trabajadora, los cambios que se han producido en la configuración de las clases y en sus posicionamientos estratégicos. ¿Cuál es la caracterización actual de la clase trabajadora y qué cambios ha sufrido en las últimas décadas? Y desde esta perspectiva es desde la que debemos entender el papel actual del Partido, sustentándolo en su afirmación ideológica y armando cultural y políticamente a su militancia para prepararla en una guerra en la que el capitalismo nos ha derrotado en una batalla crucial.

Por ese motivo debemos seguir construyendo un tejido social que se fundamente en el debate político y en la práctica política. Por ello, apoyar las alternativas concretas y a corto plazo que se deben plantear frente a la crisis no puede significar renunciar a luchar por el cambio de sistema, ya que como señalamos en la resolución de la Conferencia del PCE de mayo pasado, la plena democracia y el capitalismo son incompatibles.

En función de este objetivo, para que no sea una simple declaración de intenciones tenemos que plantear todo un proyecto de futuro para el PCE, un proyecto que contemple desde una forma de trabajar y organizarse hasta definir muy bien nuestro trabajo en los diferentes frentes en los que los y las comunistas desarrollamos nuestra lucha.

Esto significa un Congreso muy volcado hacia lo concreto, hacia como hacer del PCE una organización activa implicada en la lucha social, y desde la mayor conexión con su entorno.

Para empezar debemos partir de la certeza de que la responsabilidad principal de esta crisis es de un sistema que no solo desprecia e impide la básica planificación de necesidades y posibilidades de la humanidad, sino que convierte la alimentación, la energía, el agua, la salud, la educación, la vivienda o el transporte en un negocio para enriquecerse.

La mayoría de la sociedad es la víctima del sistema, y en especial, de los especuladores y corruptos del mismo, que corrompen lo que tocan, en la economía, en las finanzas, en los procesos electorales y en la comunicación, utilizada ésta a fondo para alienar a una sociedad que pierde su capacidad crítica para conocer lo que realmente ocurre y qué hacer para cambiarlo.

Para que esta realidad sea así valorada mayoritariamente, y lo que es aún más importante, sea socialmente combatida por la inmensa mayoría, es decir , y en primer lugar, por los trabajadores y trabajadoras, por la clase más desfavorecida, y para hacerlo de forma unitaria, en un frente en el que no quepan divisiones por origen, por tipo de contrato, por edad o por sexo, es necesario avanzar en la reconstrucción del impulso moral y político del cambio del cual nació en su momento la perspectiva socialista. Hoy, la necesidad de concretar una alternativa viable al capitalismo, está más vigente que nunca, hace falta una resistencia organizada y coordinada frente a las políticas neoliberales y frente al sistema que las cobija y al mismo tiempo alternativas concretas, y posibles por necesarias, ante los problemas.

En la actual fase, se siguen perfeccionando los mecanismos de dominación del capitalismo, procurando destruir cualquier forma de organización de las clases dominadas. Sin embargo, los trabajadores deben seguir avanzando, tanto objetiva como subjetivamente, para alcanzar la superación del actual sistema. Es falso que haya desaparecido la lucha de clases. Uno de los problemas, y no el menos importante, reside en la falta de un grado de conciencia colectivo que propicie el desarrollo de esta lucha hasta un nivel cualitativamente superior. La única solución viable para la clase trabajadora es su vertebración social y política.

La lucha debe ser política, social y cultural por un proyecto, no contra la derecha y el conservadurismo en abstracto. Gritar al poder la verdad no sirve de nada si la gente no ve, no capta, las propuestas. La derecha piensa estratégicamente y la socialdemocracia actual va a remolque de la estrategia de la derecha para modificarla algo, o bien, más a menudo, para denunciarla, sin proponer una alternativa global y concreta, no sólo medidas coyunturales y deslavazadas. Pensar en las consecuencias y en el resultado de nuestras propuestas exige conocer bien lo que se combate y actuar en términos de alcanzar amplios objetivos políticos y morales, tanto como defender los programas.

La hegemonía política y cultural dominante ha contribuido a una continua degradación y difamación de las ideas comunistas. El revisionismo histórico y la criminalización de nuestras ideas son dos amenazas reales que debemos combatir. Es tarea del PCE la rehabilitación del significado del comunismo, la subsanación, explicación y desmitificación de nuestro proyecto emancipador a la población.

Gran parte de los más de 10 millones de votos del PP no tienen intereses diferentes a los de la mayoría de 11 millones de votantes del PSOE. Lo que ocurre es que hay, o se han introducido artificialmente, identidades ideológicas y valores políticos que muchas veces no coinciden con los intereses comunes de unos u otras votantes.

Ello provoca un alejamiento de la política entendida como forma de participación social para decidir aspectos fundamentales de la organización social como la distribución de la renta, la política de empleo, las políticas de bienestar, fiscalidad, etc. A la ciudadanía se le limita su poder de decisión a pronunciarse sobre aspectos secundarios, muchas veces teñidos de ideología (religión, racismo, nacionalismo, etc.) pero alejada de sus problemas más inmediatos. Ello provoca tanto un alejamiento de la política (crecimiento de la abstención), como una irracionalización de la política (nacionalismos fundamentalistas, disputas de religiones, debates identitarios, etc.) en otro segmento de ciudadanía.

Siendo conscientes de ésta situación nos parece un grave error tanto, girar el discurso hacia esa realidad, girar a la derecha, que conduce no sólo a desnaturalizar el proyecto de cambio sino a la desmotivación y alienación de las bases sociales que han de ser el motor del cambio y la transformación social de cualquier proyecto de izquierda, como ignorar esa misma realidad y alejarse de esa realidad en vez de situarse en lo concreto para , que es desde donde, en un proceso de acumulación de fuerzas , se puede avanzar colectivamente hacia espacios de lucha y movilización que nos acerquen a las transformaciones necesarias que sólo pueden ser obra de las mayorías sociales participes de un proyecto político emancipador.

Es una realidad que en Europa, como en otras situaciones históricas anteriores, se esta dando una conjunción de la crisis del capitalismo con el déficit de una alternativa al mismo. Y ello no sólo por la debilidad orgánica y electoral de las fuerzas reales de izquierdas, sino por la falta de una alternativa global de sociedad.

Las fuerzas de la Izquierda Europea hemos planteado propuestas programáticas correctas, centradas en el impulso de un sector público estratégico como base de un desarrollo sostenible que permita la satisfacción de las necesidades sociales a través de servicios públicos. Pero, incluso cuando hemos partido de una crítica global al capitalismo, no hemos sabido proponer un modelo social alternativo, inspirado en el socialismo. Así mismo, debemos reflexionar sobre la ausencia de una dirección estratégica de los trabajadores europeos en el sentido político, ideológico y organizativo.

La situación en Europa contrasta agudamente con la de Latinoamérica, donde la resistencia antiimperialista está en un proceso de integración en un proyecto común de carácter socialista que, aunque balbuciente, ha encendido un faro de esperanza para sus pueblos. Cuando las alternativas y resistencias en ámbitos locales frente al imperialismo y el capitalismo globalizado se extienden también en Asia y África, una de las principales rémoras para el desarrollo de dicha alternativa internacional es el retraso en Europa, frente al cual las fuerzas europeas comunistas y de izquierdas debemos asumir nuestras responsabilidades.

Europa es muy importante, fundamental para los cambios económicos, sociales y políticos a escala mundial, pero la actual Europa ha perdido gran parte de la fuerza histórica que le habían dado sus procesos revolucionarios, triunfantes y/o fracasados aunque continúa teniendo una gran capacidad potencial para su contribución a un cambio de orientación socialista.

Para avanzar solidamente en la construcción de la Alternativa tenemos que tener claro que las medidas concretas que configuren la construcción del socialismo del siglo XXI deberán ser objeto de un amplio acuerdo democrático de izquierdas, porque dichas medidas sólo adquirirán su pleno sentido, como alternativa al sistema capitalista, en la perspectiva de la transición a una sociedad alternativa, de la transición al comunismo. Y la coherencia de dicho proceso de transición, entre las medidas inmediatas y el objetivo comunista, requiere un proceso de desarrollo pleno de la democracia, superando los límites a la misma impuestos por el capitalismo, y en particular los derivados de la propiedad privada de los medios colectivos de producción, de modo que la democracia se extienda a la esfera de la producción.

Todos los objetivos que se plantean en esta Tesis Política necesitan un modelo de partido que nos sitúe en las mejores condiciones para conseguirlo, por lo que la forma en que organicemos al Partido se convierte en algo fundamental para este Congreso.

En lo concreto debemos avanzar instrumentos que mejoren la participación del conjunto del Partido, y en métodos de trabajo que hagan más efectivas y concretas las reuniones.

Las políticas de género han tenido un desarrollo muy desigual entre nuestra teoría y nuestros ejes programáticos, en los que hemos sido abanderados de las propuestas transformadoras y un referente claro para gran cantidad de mujeres y organizaciones feministas. Sin embargo, en nuestra práctica diaria y en nuestra proyección social, no ha sido así, apareciendo como poco creíbles y contradictorios.

Esto se debe básicamente a la no asunción del feminismo y de la igualdad por parte de muchos/as de los y las militantes del Partido: se han asumido prácticas, aunque no siempre, como las listas paritarias, o la mención más frecuente de la problemática de género, pero la mentalidad no ha cambiado. Por lo tanto el feminismo sigue siendo una lucha de segunda clase, accesoria, lo que se traduce en una inadmisible falta de influencia de las políticas de mujer en el interno del Partido. La insuficiente política feminista del Partido es una de las razones de la escasa afiliación femenina que padecemos, ocasionada también por la ideología patriarcal tan difundida en nuestra sociedad, según la cual la política es “cosa de hombres”.

El hecho de que las mujeres seamos minoría en el Partido, no quiere decir que no se pueda llevar a cabo una política feminista, puesto que la conquista de la igualdad es un objetivo a alcanzar juntos, hombres y mujeres, y no se puede posponer eternamente nuestro compromiso con el feminismo, del que no se tienen que ocupar sólo las mujeres, puesto que para alcanzar la igualdad hace falta también el trabajo de los hombres. En este sentido debemos tener en cuenta y estudiar fórmulas que se dan en otros partidos y en el PIE, en donde se dan realidades que deberíamos contrastar y estudiar para a partir del Congreso ser capaces de convertirnos en un referente real de participación y transformación para el conjunto de las mujeres las mujeres y hombres que se comprometen con la igualdad entre ambos sexos.

Es por esto que, para cubrir estas carencias hay que comprometerse desde todas las instancias del Partido a desarrollar formulas y propuestas que permitan una mayor participación de las mujeres en las organizaciones del Partido. En este sentido debemos tener en cuenta y estudiar fórmulas que se dan en otros partidos y en el PIE, en donde se dan realidades que deberíamos contrastar y estudiar para a partir del Congreso ser capaces de convertirnos en un referente real de participación y transformación para el conjunto de las mujeres comprometidas con la igualdad entre hombres y mujeres.

Desde la necesidad de mantener las agrupaciones territoriales como elemento de base de la organización del Partido se hace necesario dotarnos de mecanismos como las agrupaciones de centro de trabajo que faciliten el trabajo sectorial y su implicación en la organización territorial. Tanto el proyecto de Estado como el de organización deben tener mas federalismo, mas democracia, mas participación, mas control de la base sobre el ejecutivo, mas planificación democrática, mas dependencia de quienes tiene cargos (gerentes o diputados/as) de quienes les eligen, mas transparencia (desde censos a presupuestos del Partido a los de las cooperativa o de los Ayuntamientos y otras instituciones).

Necesitamos un partido que elabore alternativas a la realidad actual para superar el sistema capitalista origen de una crisis de civilización a escala planetaria, una organización que de una manera colectiva estudie y analice los porqués, buscando sus causas y que incorpore conocimientos y saberes al movimiento emancipador, que beba del marxismo, de las distintas y valiosas experiencias del movimiento obrero, así como de todas aquellas luchas que se realizan por la libertad, la igualdad y la dignidad a la vez que concreta respuestas. Un partido internacionalista, solidario, que busca la colaboración de los pueblos y defiende la paz, un partido de clase y que como tal afronta las cuestiones ecológicas, de producción económica, culturales y de crisis de civilización en su conjunto.

Urge recrear espacios de diálogo y de socialización. Todo comunista debe participar y potenciar el tejido social, en su entorno cotidiano, sin instrumentalizarlo, y como medio para la transmisión de ideas y propuestas, de la sociedad al partido y del partido y su militancia hacia la sociedad. La apuesta por una IU (como la que queremos) ni quita razón de ser al partido, más bien al contrario, ni debe suponer un solapamiento de estructuras, ni mucho menos impedir el trabajo de fortalecimiento y desarrollo del partido como herramienta para la transformación social.

La formación continua tanto en la teoría como en la práctica debe ser una prioridad inexcusable, necesitamos un partido de militantes formados, de cuadros, donde todos y cada uno de sus militantes tengan una misión que cumplir y una responsabilidad de la que responder, respetuoso con las personas, un partido de camaradas que evite reproducir en su seno las diversas discriminaciones sociales y que articule adecuadamente y con la suficiente fluidez el debate horizontal y vertical, garantizando que las decisiones de los órganos estén respaldadas por las bases.

Un partido donde sea posible y efectiva las participación de todos y todas y no se desperdicie ninguna capacidad y con un reparto claro de atribuciones para cada uno de los niveles de la organización. Un partido de valores alternativos, defensor de los Derechos Humanos para toda la ciudadanía del planeta, laico, austero solidario, que apuesta por la paz, respetuoso con los otros seres vivos y con militantes coherentes con sus valores que sea escuela de comunistas. Capaz de renovarse para avanzar en las posiciones de clase en la sociedad, de afrontar los nuevos retos desde nuevas perspectivas, que cambia las dinámicas de enfrentamiento interno por la búsqueda de soluciones, que afronta de forma valiente, clara y nítida los conflictos existentes desde la perspectiva de la coherencia y la unidad y que se dota de una dirección capaz de cumplir y hacer cumplir los acuerdos tomados en el seno del partido democráticamente.


Tenemos que conseguir trabajar mejor en lo concreto, en base a tareas que sean realmente asumidas por el conjunto del Partido y con objetivos de poner a trabajar a toda la militancia. En este sentido el Congreso debe marcar los grandes objetivos para los próximos 4 años, siendo muy directos y concretos, y debemos conseguir que de cada reunión, desde la Federal a la de agrupación salgan objetivos para desarrollar a corto y medio plazo.

[1] XVIII Congreso PCE. Documento Político. Madrid, 6-8 noviembre 2009

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