La labor de la Unión de Mujeres Antifascistas Españolas en el exilio en Francia vista a través de su boletín

TALLER DE HISTORIA DEL PCE "MARUSIA"


Isabel Munera Sánchez[1]

1.- INTRODUCCIÓN

Acabada la Segunda Guerra Mundial y con los ojos de los exiliados puestos en España se reactiva en 1945, en la localidad francesa de Toulouse, una organización femenina que había surgido en 1933 al calor de otros movimientos europeos de mujeres antifascistas.

La Unión de Mujeres Españolas (UME), que cambiará su nombre en 1947 por el de Unión de Mujeres Antifascistas Españolas (UMAE), tendrá como principal objetivo denunciar las atrocidades cometidas por el régimen franquista, que había puesto en marcha una campaña de depuración de todo lo que sonara a rojo tras la derrota republicana de 1939.

Conscientes de la necesidad de difundir su mensaje, este grupo de mujeres ligadas al PCE y presididas por una figura mítica dentro del comunismo como Dolores Ibárruri, La Pasionaria, edita desde otoño de 1946 un periódico que se dirige a las mujeres exiliadas en su condición de madres o esposas de resistentes antifranquistas para que se incorporen también, sin olvidar sus roles tradicionales, a la lucha que el PCE llevaba a cabo en el interior de España.

Pese a que el exilio ofreció a las mujeres la posibilidad de seguir participando en la vida política tal y como habían hecho en los años de la Segunda República –a diferencia de lo que ocurrió con las féminas que permanecieron en España-, sin embargo, su intervención continuará relegada a un papel secundario, convirtiéndose muy a su pesar en protagonistas invisibles de una historia de olvido.

Durante el tiempo que duró la Guerra Civil, las actividades en las que participaron las mujeres se intensificaron. Con los hombres en el campo de batalla, las féminas tuvieron que asumir la dirección de fábricas, granjas, cooperativas, etc. También participaron en los primeros tiempos de la guerra como milicianas, fueron instructoras de aviación y dirigieron y trabajaron en Centros de Recuperación para heridos de guerra, escuelas, colonias para niños refugiados y comedores populares. Las mujeres estuvieron así presentes en todas partes, pero al terminar la contienda emprendieron el camino del exilio donde serán “las grandes perdedoras”.
Como muy bien apunta la historiadora Antonina Rodrigo: “Ellos intervinieron en la guerra, en el maquis, en la Resistencia, entraron triunfantes en el París ocupado (…) y pasaron a la Historia, se les condecoró, se les dedicaron monumentos. Ellas también hicieron la guerra, estuvieron en el maquis, en la Resistencia y, además, sometidas oscuramente a las vicisitudes de la casa, de la familia, del trabajo (…) Pero en los libros de historia, la mujer siguió ausente, no se han recogido sus batallas”.[2]

2.- UNIÓN DE MUJERES ESPAÑOLAS

La historia también se ha olvidado de la organizaciones creadas por mujeres. La bibliografía sobre ellas es muy escasa, y lo poco que se sabe es gracias a los testimonios de féminas que pertenecieron a estas agrupaciones o a las publicaciones periódicas que estas formaciones impulsaron.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los exiliados españoles que permanecen en Francia no tardan en reconstituir sus organizaciones para proseguir su lucha contra el régimen franquista. En 1945, un grupo de mujeres comunistas reactiva en la localidad francesa de Toulouse la Agrupación de Mujeres Antifascistas que había surgido durante la Segunda República con el nombre de Unión de Mujeres Españolas (UME), denominación que será sustituida en 1947 por la de Unión de Mujeres Antifascistas Españolas (UMAE).

Esta organización tenía su precedente en el Comité de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, llamado más tarde Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA), creado en 1933 por iniciativa del PCE como una sección de la organización internacional Women Against War and Fascism. Durante la Guerra Civil, alcanzó una gran notoriedad, y en el verano de 1936 agrupaba ya a 50.000 mujeres. La AMA, con vocación unitaria, reunía a féminas comunistas, socialistas y republicanas con el objetivo de coordinar las actividades de las mujeres contra el fascismo dentro de la línea marcada por el Partido Comunista Español, aunque nunca se reconoció oficialmente como organización femenina de este partido.

De hecho, recogía algunas peticiones femeninas que no solían aparecer en el programa comunista como el derecho de las mujeres a la igualdad laboral y a la educación o la protección de la salud de los niños y las madres.

Pese a que algunos testimonios de exiliadas hablan de que los primeros comités locales de Mujeres Antifascistas se crearon bajo la ocupación alemana, por ejemplo, en Nimes, el resurgimiento de la UME está ligado a la estrategia seguida por el PCE durante los años de la Segunda Guerra Mundial. En 1941, el Partido Comunista había puesto en marcha la Unión Nacional Española, una organización que reunía a miembros de diversas tendencias políticas para coordinar la participación de los españoles en la Resistencia francesa y, una vez derrotado el fascismo en Europa, continuar la lucha esta vez contra el régimen franquista. Los exiliados estaban convencidos de que las democracias occidentales les ayudarían a derrocar a Franco tras la derrota del régimen nazi, algo que finalmente no ocurrió.

La UNE contaba con secciones femeninas que se establecieron en diversos departamentos y que tenían como principal misión servir de apoyo a los grupos de guerrilleros que se reagrupaban en la frontera pirenaica con el objetivo de preparar una incursión guerrillera que levantara al pueblo contra el tirano, operación conocida con el nombre de Reconquista de España, que se puso en marcha en octubre de 1944 y que saldó con un rotundo fracaso.

Con un discurso femenino, aunque no feminista, pacifista y antiimperialista se dirigirán a las mujeres en su condición de madres y esposas de luchadores antifranquistas y dirigirán sus ojos como el resto de organizaciones del exilio a la lucha que se sigue en el interior de España por la recuperación de las libertades.

Las exiliadas continuarán con su movilización política iniciada durante los años de la Segunda República, al contrario de lo que ocurría con las féminas que vivían en la España de Franco, donde salvo en la clandestinidad, las mujeres debían conformarse con ejercer su rol de esposas y madres y donde cualquier actividad pública protagonizada por mujeres pasaba por el control de la Sección Femenina de Falange o de la Acción Católica de la Mujer.

Como señala la profesora Mercedes Yusta: “La posibilidad de reanudar en el exilio la actividad política de los años treinta, que por primera vez en la historia de España había supuesto una importante movilización de las mujeres en el espacio público, fue sobre todo explotada por mujeres procedentes del partido comunista, en un primer momento, y por las anarquistas a partir de la década de 1960”.[3] El exilio les permitió seguir participando en la esfera pública, algo imposible en España tras la derrota republicana de 1939.

Unión de Mujeres Españolas, creada en Francia en 1945 junto a la Unió de Donas de Catalunya (UDC), pasará a llamarse un año después Unión de Mujeres Antifascistas Españolas y elaborará un boletín, Mujeres Antifascistas Españolas, que será el órgano a través del cual se expresarán estas dos organizaciones de mujeres.

El primer Congreso de la UME se celebra en Toulouse en agosto de 1946 y en él se establecen las bases ideológicas de la organización. Dolores Ibárruri es elegida presidenta de la formación e Irene Falcón, secretaria nacional. En un artículo en Mundo Obrero de ese mismo mes se comenta de la recién creada organización: “La UME (…) no se considera una organización de emigradas, sino parte integrante de esa heroica organización de Mujeres Antifascistas de España (…) Quiere ver renacer una poderosa organización de mujeres antifascistas que agrupe a todas las mujeres de España que deseen vivir en una patria libre y democrática donde no sea posible el renacer de la tiranía ni el desencadenamiento de nuevas agresiones ni guerras”.[4]

La estructura, el funcionamiento, el discurso y la estrategia de la UME no se pueden explicar sin tener en cuenta el contexto en el que renace. Su resurgimiento se enmarca en un movimiento europeo de reorganización de la militancia femenina comunista después de la guerra mundial. El reordenamiento europeo que surgió de la conferencia de Yalta, en febrero de 1945, y de las de Postdam, celebradas en los meses de julio y agosto de ese mismo año, había puesto de manifiesto las grandes diferencias existentes entre los vencedores de la guerra mundial, que derivarían en la división del mundo en dos bloques antagónicos instaurando un nuevo periodo en las relaciones internacionales conocido como la guerra fría.

El discurso de los partidos comunistas europeos ya no va a ser revolucionario sino de defensa de valores como el pacifismo y el antiimperialismo norteamericano, ideales que ya habían sido defendidos por las organizaciones femeninas comunistas durante los años 30. Y es en este contexto, precisamente, donde surge Mujeres Antifascistas Españolas, el boletín de la UME y la UDC del que hablaremos a continuación.

3.- MUJERES ANTIFASCISTAS ESPAÑOLAS.

No hay más que echar una ojeada a su primer número para darse cuenta de que a la UME lo que realmente le importaba era lo que estaba sucediendo en España. Conscientes de que eran afortunadas al haber huido de la gran prisión en la que se había convertido el país que las vio nacer, en su editorial dejaban claros cuáles eran sus propósitos al editar el boletín: “Mujeres Antifascistas españolas sale a la calle, reemplazando a nuestro boletín Unión de Mujeres Españolas, de acuerdo con los deseos expuestos en nuestro primer Congreso. Esperamos que nuestro periódico sea capaz de llenar el vacío que sienten todas las mujeres españolas que están obligadas a vivir fuera de su país, pero que tienen a España en el corazón y la mirada puesta en su Patria atormentada y debe llegar a ser el verdadero órgano de todas las mujeres antifascistas españolas, que informe, sobre todo, de los sufrimientos y de la lucha desigual, pero incansable de las mujeres demócratas de todo el mundo para prestarles ayuda y obligar a sus gobiernos a que rompan las relaciones diplomáticas y comerciales con Franco”.[5]

Este periódico, que se editaba en París después de que las direcciones de la UME y la UDC se hubieran establecido en esta ciudad en el año 1946, se dirigía a las mujeres exiliadas, despojadas de derechos políticos, que continuaban luchando por la recuperación de las libertades en España. Por eso, entre sus principales misiones estarán las de denunciar las atrocidades que comete el régimen franquista y recaudar fondos para las mujeres represaliadas en el interior de España. Así las páginas de este boletín se llenarán de relatos acerca de la vida en las prisiones, de las acciones guerrilleras, de las valientes heroínas republicanas y de las organizaciones antifranquistas en la clandestinidad, mientras se celebran mítines y reuniones para despertar la conciencia internacional sobre la situación que se vive en España.

Por ejemplo, en un artículo en junio de 1949 se denuncian las crueles condiciones a las que somete el franquismo a las mujeres presas. Así se dice que en la cárcel de Segovia, Juanita Corzo y un grupo de 54 compañeras “después de haber sido bárbaramente apaleadas, se encuentran incomunicadas en celdas de castigo. Los cinco primeros días su único alimento ha sido agua. La mayoría de ellas quebrantada su salud por largos años de sufrimientos, tememos no puedan resistir físicamente este duro golpe. El estado físico de algunas de ellas es desesperado (…) El franquismo queriendo llegar al aniquilamiento completo de nuestras queridas hermanas no les permite recibir ninguna clase de medicamentos, necesarios para su quebrantada salud, hoy empeorada terriblemente. Pero no termina ahí su brutalidad, sino que les priva también de ese alimento moral que es la carta de la madre, del hijo, del compañero; las palabras de cariño que reconfortan y ayudan a sobrellevar el peso de nueve años de cárcel; el peso de toda esa vida de terror y miseria”.[6]

La UME estaba volcada completamente hacia España como el resto de las organizaciones de exiliados y apenas hay en sus páginas referencia alguna a las duras condiciones de vida en el exilio, pese a las dificultades económicas y de integración que sufrían los españoles.

Con la mirada dirigida a España, no abundan las referencias a la situación en la que viven los exiliados. De hecho, en un reportaje en el que se habla de las condiciones de vida de las mujeres en Saint-Denis se afirma: “A pesar de haber vivido la mayor parte de sus vidas en Francia y de haber sabido participar en la lucha antifascista del pueblo francés, no olvidan ni un momento a España y desean, sobre todo, poder volver a una patria libre y democrática”.[7]

Por eso, son frecuentes los llamamientos para que las mujeres se comprometan políticamente. “¡Levántate mujer! ¡Lucha!”, se puede leer en este mismo número, en el que citan como ejemplo de valor a las féminas encarceladas en las prisiones franquistas, que escriben al boletín contando sus testimonios. “Escritos en la cárcel, estos documentos de las mujeres españolas que cumplen condena por luchar contra Franco, ponen de manifiesto su inquebrantable decisión de no cejar en la lucha hasta ver desarraigado de nuestra tierra todo vestigio de la ponzoñosa hierba fascista”. Y animan a las exiliadas a sumarse a su lucha: “Ha llegado la hora de que sin demora, sin vacilaciones, abiertamente, dando incluso nuestra vida, emprendamos la lucha para acabar con el terror y la tiranía y conseguir la libertad e independencia de España (…) No vaciles, mujer obrera, mujer intelectual, mujer católica, mujer de tu hogar. ¡El fascismo acabará contigo lentamente, si te resignas a sufrir el yugo!”.[8]

Como apuntan estas líneas, el público al que se dirigía Mujeres Antifascistas Españolas era muy variado, aunque la mayoría de las mujeres que cruzaron la frontera francesa y permanecieron en Francia tras el fin de la Segunda Guerra Mundial pertenecía a las capas populares, a diferencia de las que cruzaron el Océano, en gran parte intelectuales o artistas.

Pero el boletín no sólo pedirá la colaboración de las exiliadas sino que se dirigirá también a mujeres de otros países en busca de solidaridad con la causa española. En una carta enviada por Dolores Ibárruri a la presidenta de la Federación Democrática Internacional de Mujeres, Eugenia Cotton se puede leer: “Por la presente, me dirijo a usted, querida amiga, para denunciar estos nuevos crímenes y rogarla, en nombre del pueblo martirizado de España, haga todo lo posible por que la democracia francesa se movilice contra esta bárbara ola de terror que el régimen franquista ha desencadenado, demostrando así una vez que su existencia es una ofensa permanente hacia la conciencia democrática universal”.[9]

Para las organizaciones del exilio publicar un periódico significaba afirmar su existencia política y organizativa. Como apunta la historiadora Geneviève Dreyfus-Armand: “La prensa del exilio español revestía un carácter esencialmente militante, en el sentido de que trabajaba por una causa (…) la guerra de España, acontecimiento que dio lugar al exilio republicano, (…) dio pie al surgimiento de numerosos imaginarios sociales que, a su vez, generaron todo un simbolismo. Dicha prensa, centrada en España, en las estrategias políticas, en la cultura y en la memoria de los refugiados, constituye un espejo bastante fiel del imaginario colectivo del exilio español”.[10]

Todas las publicaciones, con independencia de su filiación política, dedicaban un espacio muy importante entre sus páginas a la historia y a la memoria. “El objetivo era reavivar el recuerdo de las grandes figuras de la cultura española, y sobre todo los acontecimientos recientes de la historia españolas que poseían valor simbólico (…) Algunas fechas eran recordadas cada año por la prensa del exilio y constituían objeto de conmemoración y de reflexión sobre la segunda república y la guerra civil”.[11]

El 14 de abril de 1931, fecha de la proclamación de la República será uno de los días especialmente recordados. Ese mismo día del año 1947, Dolores Ibárruri escribe un artículo en Mujeres Antifascistas Españolas en el que todavía alberga la esperanza de que España vuelva a ser republicana: “Que este aniversario de la proclamación de la Republica sea para los españoles antifranquistas el punto de partida de un gran movimiento de unidad y de lucha que acorte los sufrimientos de nuestro pueblo y acerque el momento del retorno a la Patria, tan ardientemente deseado por todos. Y nosotras, mujeres antifascistas españolas, hagamos de este día no sólo un día de recordación y de añoranza, sino un día de ayuda real a nuestras compañeras que en el interior del país sufren y luchan, sostenidas por la esperanza de volver a vivir días de paz, de libertad, en una España republicana y democrática”.[12]

En ese mismo número Claudina García, miembro del Comité Nacional de UMAE, escribe otro artículo en el que relata los logros conseguidos por las mujeres durante la Segunda República, conquistas que el régimen franquista se ha encargado de anular. “Antes del establecimiento de la República Española, la mujer en España era una “cosa”, una “sierva”, un “mueble” en el hogar. Un “instrumento” y un “adorno decorativo” en el Estado y nada más. La constitución de la República Española concedió a la mujer los mismos derechos que al hombre y la elevó a la categoría de ciudadano. Nada más y nada menos (…) Y ahora mujeres españolas, mujeres del exilio ¿qué queda de aquella legislación? ¿Qué ha hecho el régimen franquista de todos aquellos beneficios? Solamente subsiste una ley creada por la República. La del derecho electoral que alcanza a la mujer y esta la mantienen, no por lo que tenga de beneficio para las mujeres, sino por considerar que todavía quedan en España mujeres bastantes y con suficiente fanatismo para dar el triunfo a la reacción (…) Y en estas circunstancias; ¿podrá dudar nadie que no sea un fanático o un reaccionario burgués, que las mujeres en España luchan, trabajan y se organizan todas unidas y con un solo pensamiento: para derribar el régimen franquista y reinstaurar la República? Luchemos, también, con ellas en el interior, unidas en el exilio, y prestemos nuestro concurso que para ser eficaz, debe de ser a base de la unión de todos los republicanos del exterior, con la vista puesta generosamente, desinteresadamente en España, en nuestras compañeras de España”.[13]

Como señala la profesora Mercedes Yusta: “Se pretendía del periódico, por tanto, que fuese un instrumento de información, de movilización y de concienciación política”.[14] En sus páginas las lectoras podían conocer lo que ocurría en el interior de España al tiempo que recibían consignas políticas. Por ejemplo, les enseñaban cómo crear un comité local dentro de la organización y cómo captar simpatizantes: “Para que rápidamente podamos crear en este pueblo la organización de Unión de Mujeres Españolas es preciso que te rodees de unas cuantas compañeras que ya conozcas. Les das a leer nuestro periódico y les explicas asimismo qué es nuestra organización”.[15]

Las mujeres hacían residir su valor en su condición de madres y esposas de resistentes. En septiembre de 1947 ante la visita de Eva Perón a París comentan: “Unión de Mujeres Antifascistas Españolas, en representación de las mujeres españolas emigradas en Francia, África del Norte, Inglaterra, Estados Unidos y algunas repúblicas de América latina, en representación sobre todo de las mujeres que sufren y luchan contra el terror fascista en la España de Franco, protestamos con toda la fuerza y autoridad que nos da nuestra calidad de madres y esposas de luchadores antifranquistas, contra los homenajes vergonzosos que la señora Perón ha rendido al verdugo Franco”.[16]

El boletín también se dirigirá a ellas en su condición de amas de casa, madres o esposas. Así junto a las consignas políticas, no faltan tampoco en el periódico secciones de moda, belleza, cocina o puericultura. En todos los números hay siempre una página doble dedicada a temas de moda como, por ejemplo, “haceos vosotras mismas un sostén”, de 15 de enero de 1947; otra de recetas de cocina, algunas con títulos tan sugerentes como “recetas de cocina para la playa y el jardín” en julio de 1947; y otra donde enseñan a las mujeres cómo cuidar a sus hijos: “Pijamas para niños y camisas de noche”, “higiene del niño”, en marzo de ese mismo año.

Artículos que podrían encontrarse perfectamente en cualquiera de los manuales que distribuía la Sección Femenina de Falange. Así en la sección de Moda y Belleza del número 11 del boletín se puede leer el siguiente consejo: “¿Todavía estás así? Esa pregunta hará tu marido si llega a casa y te encuentra desarreglada. Después de una dura jornada de trabajo, procura ofrecerle el espectáculo agradable de una mujer cuidadosa de ella misma. Estas menudencias embellecen la armonía de un hogar: mujer compuesta quita al novio de otra puerta”.[17] Mujeres Antifascistas Españolas trataba así de ser una publicación femenina y política al mismo tiempo.

¿Pero realmente conseguía ese objetivo de concienciación política que se había marcado? Después de la lectura de algunas cartas de las lectoras podría pensarse que no del todo: “La lectura de nuestro periódico nos gusta porque vemos el entusiasmo tan grande de nuestras compañeras de España. Las recetas de cocina son muy interesantes. El catálogo de modas es estupendo y muy bonito; nos viene muy bien para nuestra confección. Las recetas de belleza, nuestras jovencitas, la mayoría, las aprovecha muy bien; esto no se las olvida”.[18]

Como demuestra esta carta, las lectoras parecían estar más interesadas en las secciones presentes en cualquier publicación femenina de la época. Esto resultaría contradictorio con el discurso de igualdad que propugnaba el PCE, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que esta revista tenía que competir con otras publicaciones de la época como Marie Claire, Elle, Femmes d’aujourd’hui y que se dirigían también a mujeres, principalmente amas de casa.

La publicación dura desde el otoño de 1946 al de 1950, fecha en la que es ilegalizado el PCE en Francia y sus organizaciones afines. Elisa Uriz y Rosa Vila eran las principales redactoras y contaban con la supervisión de Irene Falcón. Sin embargo, si atendemos a la lista que el propio periódico publica en su primer número, en él colaboran mujeres como la radical-socialista Victoria Kent, Isabel de Palencia, María Casares, María Teresa León, Constancia de la Mora y Dolores Ibárruri, entre otras. Aunque, sin duda, el personaje central femenino que ocupará muchas de las páginas de Mujeres Antifascistas Españolas será La Pasionaria, ejemplo de mujer comprometida políticamente con el comunismo.

En una primera etapa, el periódico hace constantes llamadas a la unidad siguiendo las directrices marcadas por el PCE. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los partidos y organizaciones del exilio consideraba que las potencias democráticas europeas colaborarían en la instauración de nuevo del régimen republicano. Para conseguirlo, los comunistas consideraban que era necesaria la unidad de todos los españoles que quisieran restaurar la libertad y la democracia en España y, por supuesto, pedían a todos su colaboración para apoyar a la resistencia que trabajaba en el interior por conseguir estos objetivos. “Necesitamos también de vuestra ayuda. Formad en todas partes grupos de Amigas de Mujeres Antifascistas Españolas que recaben donativos para el periódico, que se comprometan a venderlo y a liquidar una cantidad determinada de cada número. ¡Mujeres Españolas! Ayudad a vuestro periódico”.[19]

Una estrategia que el PCE y el periódico defenderán hasta mediados de 1948, año en el que el boletín se radicaliza y adopta una posición marcadamente prosoviética. Por ejemplo, en el mes de junio, son constantes las llamadas a apoyar la formación de un Comité Nacional de la Resistencia, último intento de los comunistas por intentar comandar una resistencia a nivel nacional.

El año 1948 marca un antes y un después en la vida del boletín. A partir de ese momento, se intensifica el tono prosoviético del periódico y comienzan a aparecer secciones dedicadas a la vida en la URSS plagadas de alabanzas al régimen soviético en contraposición a las potencias imperialistas capitaneadas por Estados Unidos. Así, por ejemplo, en el número de marzo de 1949, nos encontramos con el siguiente titular: “Las mujeres soviéticas, ejemplo para las mujeres del mundo”;[20] o unos meses más tarde, en julio de ese mismo año, leemos en un artículo titulado “La vida de los jóvenes españoles en la Unión Soviética” con elogios como el que sigue: “La vida de estos jóvenes es alegre, llena de perspectivas, tienen abiertos todos los caminos de la ciencia. Hijos de la clase obrera española, muchos de ellos son, actualmente médicos, químicos, ingenieros, geólogos, historiadores, médicos y técnicos de todas clases. ¡Qué fuerza para nuestra querida España! (…) Y es que el gran país del Socialismo ha educado a nuestros niños, hoy jóvenes, en el amor a España”.[21] En mayo de 1950, la línea editorial del boletín continúa siendo la misma. El número se abre con la foto de una niña con un titular llamativo: “Protejamos a la infancia de la bomba atómica”[22] y es que, para Mujeres Antifascistas Españolas, la Unión Soviética es, sin duda, el país que más está haciendo por evitar una nueva guerra.

Uno de los aspectos que más destacará esta publicación para defender al régimen soviético será la ayuda de esta nación a la causa republicana durante la Guerra Civil. Así, comentan: “Mujeres y muchachas españolas en la Unión Soviética. Cuando la aviación fascista italiano-alemana bombardeaba nuestras ciudades abiertas asesinando a niños y mujeres indefensos, hubo un país amigo, la Unión Soviética que brindó generosa hospitalidad a los pequeños españoles. Han transcurrido desde entonces más de 10 años. Y aquellos pequeños compatriotas nuestros son ya hombres y mujeres, que estudian o trabajan rodeados del cariño y de las atenciones del pueblo soviético”.[23]

Y dedican uno de los números al cumpleaños de Stalin, al que califican de “guía de los que luchan por la justicia, esperanza de los pueblos, ardiente combatiente por la paz, jefe y maestro de las fuerzas progresivas del mundo!”.[24]

Como muy bien apunta la profesora Mercedes Yusta: “Desde ese momento, la política internacional pasa a ocupar un espacio preferente en la revista, así como la adhesión a la política pacifista y antiimperialista impulsada por los partidos comunistas europeos a través de sus organizaciones femeninas”.[25]

En un artículo en el que se habla de los debates en la Asamblea de la ONU, se comenta que las mujeres españolas deben aprender “a apreciar a los verdaderos amigos de España, que son los auténticos defensores de la paz y del progreso. Mientras los Marshall, los Beving y los Spaak llaman abiertamente al odio entre los pueblos, a nuevas guerras de agresión contra la URSS y las democracias populares, es Vichinsky, jefe de la delegación soviética, quien magistralmente acusa a los imperialistas que preparan nuevas agresiones, y señala el camino que todos los pueblos anhelan: el camino de la paz. Unión de Mujeres Antifascistas Españolas, como todo nuestro pueblo, se adhiere con entusiasmo a las proposiciones presentadas por la delegación soviética, porque ellas constituyen una poderosa ayuda a la lucha de nuestro pueblo por derribar la tiranía franquista y establecer la República”.[26]

Un régimen que desean se reinstaure en España y que permita a las mujeres recuperar los derechos que tuvieron durante la etapa republicana. El periódico dedica así algunos de sus números a explicar el programa político elaborado por Dolores Ibárruri, en el que además de los derechos citados se defiende la necesidad de llevar a cabo una profunda reforma agraria, además de nacionalizar la industria, la banca y la tierra, según el modelo soviético.[27]

Las mujeres de la UME quieren hacer ver en los foros internacionales que el hecho de que Franco continúe gobernando España supone un peligro para la paz y la seguridad en el mundo, y para ello tratan de conseguir la solidaridad de otras organizaciones internacionales de mujeres como la FDIM. Así publican los extractos de un informe en el que la señora Cotton, presidenta de esta agrupación, comenta: “El aniquilar el régimen franquista no es solamente un deber moral hacia el pueblo español, sino un deber internacional, un acto indispensable que debe realizarse para la consolidación de la paz y de la seguridad (…) El régimen franquista se mantiene únicamente gracias a la ayuda y al apoyo que Franco recibe de los Estados Unidos y de Gran Bretaña”.[28] En otro artículo añaden que la lucha contra Franco y por la paz forman parte de un mismo combate: “¡El franquismo es la guerra! Este grito ha sonado en el Congreso y nosotras, mujeres y madres españolas hemos de recogerlo sintiendo en toda su profundidad el peligro que representa para nuestro país (…) ¡Luchar contra Franco y sus sostenedores, los imperialistas americanos es luchar por la paz! ¡Denunciemos por todas partes los criminales propósitos del franquismo! (…) Cuatro años después de la tragedia mundial se precipita a los pueblos en una peligrosa carrera de armamentos”,[29] donde “España se convierte rápidamente en base de operaciones, en un trampolín monstruoso para la agresión y la guerra”[30]

En 1950, la vida política francesa estaba fuertemente marcada por la guerra fría, sobre todo tras el estallido de la guerra de Corea y por el miedo a una amplia operación comunista de subversión. El Gobierno francés temía que los comunistas españoles que estaban en territorio francés sirvieran de peones al PCF si llegara a producirse una ofensiva soviética.

A comienzos de septiembre de 1950, principalmente en el suroeste, se emprende una operación policial denominada Bolero-Paprika. La operación supone el arresto de entre 256 y 285 comunistas españoles. Nueve organizaciones comunistas o simpatizantes del comunismo fueron disueltas: el PCE, el PSUC, el Partido Comunista de Euzkadi, los Amigos del Mundo Obrero, la Sociedad Amigos de los ex FFI, la Unión de Mujeres Españolas, que presidía Dolores Ibárruri, la UGT procomunista, las JSU y la Solidaridad Española. Y fue prohibida la circulación, venta y distribución de diez periódicos publicados por estos movimientos: Mundo Obrero y Nuestra Bandera del PCE, Lluita del PSUC, Euzkadi Roja del Partido Comunista de Euskadi, Cultura y Democracia y el Obrero Español de la UGT, Mujeres Antifascistas Españolas y Juventud de la JSU y Solidaridad Española y Partidarios de la Paz del Movimiento Español por la Paz. El PCE fue declarado fuera de la ley en 1950 en Francia y no volvería a tener existencia legal hasta 1977 en España.

4.- CONCLUSIONES

Como hemos visto a lo largo de estas páginas, la organización femenina Unión de Mujeres Españolas resurge en Francia en 1946 con la clara voluntad de colaborar en la derrota del régimen franquista. Como ocurre en la mayoría de las publicaciones del exilio, Mujeres Antifascistas Españolas dirigirá su atención a España. Así, informará de las actividades de la resistencia interior, de las detenciones de guerrilleros, al tiempo que denuncia las penosas condiciones de vida de las mujeres en las cárceles franquistas, y la situación que padecen otras muchas, que sin estar en prisión, viven en la inmensa cárcel en la que se convirtió España tras el final de la Guerra Civil y que acabó con las conquistas sociales que introdujo la Segunda República y que concedieron a la mujer los derechos y libertades que hasta el momento se le habían negado.

Con la publicación de este boletín, la UME tratará de llegar al mayor número de mujeres posible para explicarles la importancia de que se comprometan políticamente ante la situación que se vive en el país que las vio nacer y que tuvieron que abandonar injustamente tras el final de la Guerra Civil. Conscientes de que la mayoría de las mujeres que huyeron de España precipitadamente en 1939 y se refugiaron en Francia estaban vinculadas a las clases populares, obreras y campesinas, y apenas tenían preparación cultural o política; serán numerosos los artículos que irán orientados a explicarles cómo se forma un comité local, cuál es la misión de la UME o por qué es necesario tomar partido si quieren colaborar en la derrota del régimen franquista. Pese a que muchas no sabían apenas leer ni escribir, todas habían vivido con la República lo que el escritor Manuel Vázquez Montalbán denominó “la cultura de la emancipación” y en ellas pervivía un profundo deseo de saber.

Con la vista puesta en España, las difíciles condiciones de vida en el exilio apenas serán mencionadas en las páginas de esta publicación, que llevará a cabo una intensa labor de proselitismo. Pero para poder competir con las publicaciones femeninas que estaban surgiendo en ese momento en Francia, el boletín tendrá secciones fijas de hogar, moda, belleza o puericultura con consejos que no diferían mucho de los que se podían encontrar en publicaciones de la Sección Femenina de Falange, y en los que las mujeres eran tratadas en su tradicional rol de ama de casa, esposa o madre.

Pese a su independencia respecto de las organizaciones masculinas comunistas, el discurso de Mujeres Antifascistas Españolas seguirá las directrices de unidad marcadas desde los órganos directivos del PCE. Sin embargo, el nuevo contexto internacional que surge tras el final de la Segunda Guerra Mundial y que tendrá como consecuencia el paso a la clandestinidad de los partidos comunistas permitirá a las mujeres alcanzar un protagonismo que, en otro caso, hubiera sido difícil. Sus lazos de solidaridad con otras organizaciones femeninas como la Union de Femmes Françaises y su pertenencia a la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM) –movimiento que agrupaba a mujeres de más de 60 países- les permitirán eludir las prohibiciones y llevar su discurso a foros donde las organizaciones masculinas no llegaban, defendiendo el pacifismo y adoptando una postura antiamericana y de defensa a ultranza de la Unión Soviética. Sus páginas se llenarán así de alabanzas al régimen soviético y a su líder, Stalin, convertido en el paradigma de lo que es deseable para una nación.

Pese al ideal de igualdad que defiende esta organización comunista, en muchas ocasiones, supeditarán la contribución de las mujeres en la lucha contra el fascismo al mero papel de esposas y madres de resistentes, y reclamarán que se sumen al combate contra el régimen franquista sin descuidar su hogar.

No obstante, gracias a publicaciones como ésta, las exiliadas pudieron continuar participando en la vida política y seguir siendo ciudadanas de primera frente a las mujeres que se quedaron en España, que perdieron todos los derechos y conquistas alcanzados con la República. Sin embargo, también en el exilio, las mujeres serán una vez más las grandes perdedoras. Como sus compañeros varones sufrieron las penurias de los campos de concentración franceses tras la derrota republicana en la Guerra Civil, los peligros de la vida clandestina y la Resistencia. Fueron detenidas, torturadas, ejecutadas y conducidas al infierno de los campos de exterminio nazis donde muchas encontrarían la muerte. Y, pese a su lucha, continúan siendo las grandes olvidadas de una historia que las condenó al silencio.

[1] MUNERA SÁNCHEZ, Isabel: “La labor de la Unión de Mujeres Antifascistas Españolas en el exilio en Francia vista a través de su boletín”. En BUENO, Manuel (coord..): Comunicaciones del II Congreso de Historia PCE. De la resistencia antifranquista a la creación de IU. Un enfoque social”. CD, Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), 2007[2] RODRIGO, ANTONINA. Mujer y exilio 1939, Flor del Viento, Barcelona, 2003, página 21.[3] YUSTA RODRIGO, MERCEDES, “La Unión de Mujeres Antifascistas Españolas (1946-1950): actividad política femenina al comienzo de la guerra fría”. XIII Coloquio Internacional de la AEIHM. La Historia de las Mujeres: perspectivas actuales. Barcelona, 19-21 de octubre de 2006, página 3.[4] Mundo Obrero, agosto de 1946. Declaración tomada de la resolución adoptada al final del Congreso que puede consultarse en “Resolución de organización”, Organización de mujeres, Archivo del Comité Central del PCE. Caja 117, carpeta 1, legajo 6.[5] Mujeres Antifascistas Españolas, 1 de noviembre de 1946, número 1.[6] Mujeres Antifascistas Españolas, junio de 1949, número 28.[7] Mujeres Antifascistas Españolas, 1 de noviembre de 1946, número 1.[8] Ibidem.[9] Mujeres Antifascistas Españolas, marzo de 1949, número 26.[10] DREYFUS-ARMAND, GENEVIÈVE, El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco, Crítica, Barcelona, 2000, páginas 241 a 242.[11] Ibidem.[12] Mujeres Antifascistas Españolas, 14 de abril de 1947, número 7.[13] Ibidem.[14] YUSTA RODRIGO, MERCEDES, “La Unión de Mujeres Antifascistas Españolas…”, op. cit, pág. 11.[15] Mujeres Antifascistas Españolas, 15 de febrero de 1947, número 5.[16] Mujeres Antifascistas Españolas, septiembre de 1947, número 12.[17] Mujeres Antifascistas Españolas, 11 de julio de 1947, número 11.[18] Mujeres Antifascistas Españolas, marzo de 1948, número 19.[19] Ibidem.[20] Mujeres Antifascistas Españolas, marzo de 1949, número 26.[21] Mujeres Antifascistas Españolas, julio de 1949, número 29.[22] Mujeres Antifascistas Españolas, mayo-junio de 1950, número 37.[23] Mujeres Antifascistas Españolas, junio de 1948, número 21.[24] Mujeres Antifascistas Españolas, diciembre de 1949.[25] YUSTA, MERCEDES. “La Unión de Mujeres Antifascistas…”, op.cit, página 15.[26] Mujeres Antifascistas Españolas, agosto de 1948, número 23.[27] Mujeres Antifascistas Españolas, abril de 1949, número 27.[28] Mujeres Antifascistas Españolas, marzo de 1949, número 26.[29] Mujeres Antifascistas Españolas, junio de 1949, número 28.[30] Mujeres Antifascistas Españolas, septiembre-octubre de 1949, número 31.

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