El Partido Comunista de España y el 18 de julio (julio, 1940)

TALLER DE HISTORIA DEL PCE "MARUSIA"


por Antonio Mije

El Partido Comunista de España, que creció y se desarrolló en los grandes combates de las masas revolucionarias, figuró siempre en primera línea en la lucha contra la reacción española en el periodo comprendido entre 1931 y 1936, principalmente; o sea, el período de las grandes luchas de las masas por sus reivindicaciones, en el periodo del desarrollo de a revolución democráticoburguesa en nuestro país. Fue nuestro Partido un adalid incansable en la organización de la unidad de las masas obreras y campesinas, en la lucha por mejorar sus condiciones de vida, en los combates por la tierra para los campesinos, en la lucha consecuente contra los grandes terratenientes, los capitalistas, el alto clero, la nobleza y los generales monárquicos. La historia de la revolución española a partir de 1931 está llena de ejemplos magníficos que demuestran la lucha intransigente del Partido Comunista de España a favor de las masas explotadas y oprimidas de todo el país.

Constantemente puso al descubierto ante las masas a dónde conducía la política de los jefes socialdemócratas españoles en su apoyo y colaboración a toda la obra de los republicanos burgueses, de concesión en concesión a los grandes terratenientes y capitalistas y su actitud al impedir el desarrollo del movimiento revolucionario de las masas, como también el sabotaje abierto y descarado a la voluntad inquebrantable de éstas para realizar la unidad en la lucha revolucionaria.

Nuestro camarada José Díaz así lo exponía en su artículo publicado en “La Correspondencia Internacional” el 10-4-36:

“La masa obrera comprendió las consignas de nuestro Partido, pero no así la dirección del Partido Socialista. Nuestras cartas dirigidas a la Comisión Ejecutiva Nacional del Partido Socialista quedaron, en su mayor parte, sin contestación, y nuestras proposiciones fueron sistemáticamente rechazadas. La Comisión Ejecutiva Nacional del Partido Socialista se limitó a la formación de un Comité de Enlace entre el Partido Comunista y el Partido Socialista, pero rechazando todas las propuestas de nuestros representantes en dicho Comité, encaminadas a desarrollar una verdadera acción de masas.”

Fue el Partido Comunista de España el que denunció la demagogia criminal de los jefes anarquistas que, utilizando el malestar de las masas, las lanzaban a luchas armadas que frecuentemente se transformaban en “putschs” porque carecían de la preparación y de la organización necesarias, y, por tanto, con semejantes luchas consumían valiosas energías de las masas, lo que permitía a la reacción española asestar golpe tras golpe a las fuerzas obreras y campesinas y a sus organizaciones revolucionarias de nuestro país.

En una lucha ideológica sin tregua, desenmascaró las actividades de los trotskistas que se encontraban en el seno del movimiento obrero y actuaban como agentes de la reacción, que luchaban por impedir la acción unificada de las masas, que especulaban con consignas demagógicas, que eran realmente verdaderos enemigos del movimiento obrero.

Nuestro Partido, después de la derrota momentánea del movimiento de Octubre de 1934, enarboló la bandera de la unión de todas las fuerzas antifascistas, para formar un bloque poderoso, lo suficientemente fuerte que conquistara el predominio político en la situación y desalojara a la reacción del Poder, para dar satisfacción a los deseos de las grandes masas populares, tanto en lo que se refería a la libertad de decenas y decenas de millares de revolucionarios presos, como a las reivindicaciones económicas y a las condiciones de vida del pueblo trabajador que se encontraba sometido a la política de explotación brutal de los elementos reaccionarios que tenían usurpada la dirección política en el Gobierno del país. Pero nuestro Partido, merced a su clarividencia política, a su ligazón con las masas, consiguió que el Frente Popular llegara a realizarse en nuestro país y que éste consiguiera el triunfo del 16 de febrero.

Estas elecciones tuvieron una gran significación revolucionaria en todo el país. Nuestro camarada José Díaz, decía en este sentido en su artículo publicado en “Mundo Obrero” el 3 de febrero de 1936:

“Nuestra lucha en España no tiene el menor parecido con las ‘elecciones de tipo normal’ de países como Inglaterra, Norteamérica, Suiza, etc. Aquí se ventila mucho más. La movilización de las masas por nuestra parte, su llamamiento a las urnas bajo la bandera del Bloque Popular tiene más significación que el simple hecho de designar a unos representantes en Cortes. Con los votos va a decidirse esta vez el futuro, la forma y el cauce por los que ha de marchar el movimiento ascendente de los oprimidos. La reacción llama a las turbas para aplastar todo vestigio de libertad y de democracia; para destruir las organizaciones del proletariado y de las fuerzas democráticas. No caben términos medios. Ni cabe la abstención, como preconizan algunos jefes anarquistas, cometiendo un error grave, ya que las elecciones son una forma de la lucha por la revolución; con abstenerse, con aconsejar a los obreros que no voten, tratando de quitarle importancia al hecho revolucionario que representa esta lucha, no se hace sino favorecer los propósitos de la reacción.”

Nuestro Partido fue un combatiente abnegado y leal en el periodo del Frente Popular, entre marzo y julio de 1936, apoyando al Gobierno de izquierda, constituido como consecuencia del triunfo del Frente Popular; el Partido Comunista indicaba constantemente el camino que debía seguirse para consagrar el triunfo electoral. Insistentemente venía denunciando que si bien la reacción había sido derrotada en las urnas, las posiciones que tenía conquistadas en el aparato político y de represión del Estado y en el terreno económico, se encontraban intactas, por la actitud vacilante, tímida, de los republicanos burgueses de izquierda que desde el Poder no se atrevían a llevar a fondo, adelante, la realización política del programa del Frente Popular, tal y como las masas anhelaban.

En su artículo publicado en “Mundo Obrero” el 6 de julio de 1936, José Díaz señalaba el camino que debía seguirse ante las provocaciones reaccionarias en todo el país, y la ausencia de una mano dura en el Gobierno para golpear las actividades de los elementos reaccionarios para deshacerlas:

“Por eso, la tarea fundamental y urgente que ahora tienen ante sí las organizaciones obreras, las únicas capaces de conducir a las masas populares en la lucha decisiva contra el fascismo e infligir a éste una derrota definitiva, consiste en minar totalmente la base de masas del fascismo y aislarle del pueblo. Para ello no hay más que un camino: seguir una política resuelta, encaminada a satisfacer las necesidades de las masas populares. He aquí la formidable enseñanza positiva de la gran revolución rusa, corroborada por la triste experiencia negativa de Italia, Alemania, Austria y de la primera etapa de la República en España”.

Nuestro Partido consiguió, con su política vigilante, poner al descubierto los planes de la reacción en España, que al ser derrotada en las urnas se disponía a la organización de un golpe militar, que diera al traste con el triunfo de las masas y sumiera en sangre todas las conquistas revolucionarias del pueblo.

La historia desde febrero hasta julio de 1936, está llena de advertencias y consejos de nuestro Partido, que de forma leal, con la valentía política que le caracteriza, denunciaba todos los planes y manejos de los elementos reaccionarios, combinando su actitud firme de desenmascaramiento de los propósitos de la reacción, con la denuncia de las debilidades de los republicanos burgueses, que desde el Poder no se atrevían a cumplir con audacia el programa del Frente Popular y permitían, por el contrario, el envalentonamiento de los reaccionarios y monárquicos que preparaban con urgencia el alzamiento militar que culminó con la sublevación del 18 de julio.

En un artículo publicado en “Mundo Obrero” a mediados de junio de 1936, nuestro Secretario general ponía en guardia al Gobierno y señalaba a las masas:

“La República y el Gobierno deben tomar medidas de defensa, procediendo con todo rigor contra los traidores y conspiradores, llegando hasta la confiscación de sus bienes, para engrosar el fondo de ayuda al paro.”

Y después de la muerte de Calvo Sotelo, cuando las provocaciones de la reacción alcanzaban un grado inaudito en todo el país y realmente la tragedia se vivía, y se veía a paso agigantado el desenlace, por lo avanzado que estaban los preparativos de la sublevación militar fascista, que tan tesoneramente venía denunciando nuestro Partido. Una vez más, José Díaz, en la sesión celebrada el 15 de julio por la Diputación Permanente de Cortes, denunció valientemente los planes de la reacción, culpando al Gobierno republicano burgués de tibieza y blandura con los que venían organizando una catástrofe, que pudo ser evitada o, cuando menos, desarticulada por completo, si se hubiera atendido en la proporción debida cuanto venía exponiendo nuestro Partido.

En esta sesión, nuestro camarada Díaz dijo:

“Señor Gil Robles: no se puede negar que estáis organizando un complot en España. Recientemente, hace dos o tres días, en vista de ese peligro, se han reunido las fuerzas obreras, se han puesto de acuerdo en diez minutos y han acudido al Gobierno para ofrecerle toda su fuerza, a fin de defender la República. Y eso lo hacemos porque estamos completamente seguros, que en muchas provincias de España, en Navarra, en Burgos, en Galicia, en parte de Madrid y en otros puntos, se están haciendo preparativos para el golpe de Estado, que no dejáis de la mano un día tras otro. ¡Tened cuidado! Todos nos hallamos vigilantes.”

Y seguía más adelante:

“Yo creo que el Gobierno se ha quedado corto al no meter mano a fondo a los elementos responsables de la guerra civil que hay en España.”

Y surgió la sublevación militar fascista: el 17 de julio, en Marruecos; el 18, en gran parte de la Península, y el 19, en Cataluña. Los planes de la reacción, que habían sido madurados suficientemente por la actitud de transigencia y tolerancia, que en muchos casos llegaba a la complicidad de los republicanos burgueses desde el Poder, abarcaba a la inmensa mayoría del Ejército, de las fuerzas armadas como la Guardia Civil y, en general, a casi todo el aparato del Estado.

La sublevación del 18 de julio fue necesaria, al parecer, para que muchos republicanos burgueses y jefes socialistas comprendieran la razón y la justeza de la política del Partido Comunista, que insistentemente ponía en guardia a las masas y a los partidos de izquierda frente a lo que fraguaba la reacción. Y aquellos mismos que meses antes decían que el Partido Comunista sobresaltaba a las masas con su política de alarmismo, al estallar la sublevación militar fascista caían en el peor pesimismo y no querían aprovechar la voluntad indomable de la clase obrera y del pueblo, para luchar contra los sublevados, incluso negando, en unos casos, y retardando en otros, el armarlos como era debido, para hacer frente a la sublevación fascista.

Nuestro Partido vio clarísimamente la situación desde el primer momento, y luchó en Madrid y en Valencia, en Málaga y en Sevilla, en Galicia y en Asturias, en Euzkadi y en Cataluña, con ahínco y fe para que se armase al pueblo y a la clase obrera, saltando en muchos casos por encima de las trabas legalistas de los gobernadores, temerosos y complicados, para la lucha contra los sublevados, consiguiendo resultados muy favorables para la causa de la República al derrotar en los primeros días a los facciosos en puntos importantes del país.

Gracias a esa política justa, comprendida perfectamente por las masas, el Partido Comunista logró transformarse con rapidez extraordinaria en un dirigente completo del pueblo, con una influencia poderosa entra las masas, que seguían ciegamente sus consignas y sus instrucciones, porque, en efecto, veían que era el único partido que ante una situación tan grave no perdía la cabeza, y que, por el contrario, orientaba a las masas justamente en la línea en que debían actuar.

En la alocución pronunciada por radio el 31 de agosto de 1936, José Díaz señalaba al pueblo español las causas por las cuales debía luchar frente a los facciosos:

“Queremos evitar a nuestro pueblo la vergüenza del régimen fascista. Queremos vivir en paz con todos los pueblos del mundo. Defendemos las más puras esencias de la democracia; luchamos porque los obreros tengan un salario remunerador, por que no vuelvan a ser azotados por el espectro del paro y del hambre; luchamos por una legislación justa, por la igualdad de derechos políticos y sociales para la mujer; luchamos por que los campesinos tengan la tierra suficiente para poder vivir. Queremos el bienestar para todo el pueblo, y nosotros sabemos que esto es posible dentro de nuestra República democrática, y por eso la defendemos, como defendemos las libertades a que tienen derecho Cataluña, Euzkadi, Galicia y Marruecos. Respetamos las ideas religiosas, tanto como deseamos sean respetadas las nuestras; pero combatimos sin piedad a los mercaderes de la religión, a los que de las iglesias y conventos ha hecho centros de conspiración y espionaje, transformándolos en fortalezas dirigidas contra el pueblo.”

Nuestro Partido planteó con una audacia extraordinaria la necesidad de crear un Ejército Popular revolucionario, encuadrado con una disciplina militar, porque la lucha era larga y dura, y al enemigo había que hacerle frente en condiciones de igualdad y superioridad desde el punto de vista de la organización militar, y no confiarlo -como decía el cretino de Largo Caballero- a las milicias de partidos y organizaciones, que carecían de plan militar combinado y estaban movidas por impulsos espontáneos.

Nuestro Partido planteó el problema de la creación de un estado Mayor de operaciones, con mando único, que dirigiera las acciones militares en todo el país, para terminar con los grupos que actuaban diseminados, sin orden ni concierto, atendiendo la voz de mando de sus Sindicatos y sin contribuir al esfuerzo común desde el punto de vista militar, para derrotar a los militares sublevados. Lo hacía en los momentos en que ni los mismos republicanos burgueses, ni los jefes socialistas, se atrevían a hablar de esto, poseídos de un pánico enorme ante las propagandas demagógicas y criminales de anarquistas y trotskistas, que, preconizando “la revolución social”, expandían la indisciplina por todo el país, no respetando más fuero y autoridad que los que encajaban en su insolvencia caprichosa, malgastando energías y distrayendo fuerzas que en los primeros momentos hubieran jugado un papel importante de haber sido organizadas previamente y coordinadas para la lucha en los frentes de batalla que iban creándose en distintas regiones del país.

En la contestación a la encuesta de “Mundo Obrero”, el 18 de septiembre de 1936, nuestro camarada Díaz planteó que:

“El heroísmo no es suficiente para ganar la guerra; hace falta complementarlo con la disciplina más férrea y la organización más perfecta. Quienes sean los mejores organizadores y estrategas llevarán una gran ventaja en esta lucha a muerte entre la democracia y el fascismo. Nuestro plan, que ha de ser la ofensiva, debe contar con los medios necesarios para realizarlo. Otra condición fundamental hoy es el mando único de las operaciones. Mando único que debe ser obedecido sin vacilaciones por todas las fuerzas que luchan, cualesquiera que sean sus tendencias: anarquistas, comunistas, socialistas, republicanos de izquierda o antifascistas en general, que deben marchar a ocupar sus puestos de combate donde el mando lo crea necesario, donde las circunstancias estratégicas lo aconsejen.”

El Partido Comunista defendió con audacia extraordinaria la línea de terminar con los excesos que se cometían contra los campesinos y la pequeña propiedad en el campo, ya que en la lucha contra los sublevados éstos eran aliados magníficos de la clase obrera, que actuaban con calor y entusiasmo al lado de ella y bajo su dirección. Por esto nuestro Partido logró conquistarse las iras de los elementos que, utilizando una demagogia sin frenos, tales como los jefes anarquistas y los trotskistas, y haciéndoles el juego a ellos, los elementos caballeristas, al son de consignas “ultrarrevolucionarias”, estaban haciendo un daño enorme, porque, en realidad, con su labor contrarrevolucionaria en el campo, principalmente, restaban una colaboración y un apoyo valiosísimo, de incuestionable eficacia, que más tarde pusimos apreciar cuánto significaba en el transcurso de treinta y dos meses de resistencia.

Fue el Partido Comunista un organizador encarnizado de la resistencia del Pueblo español frente a la conducta liquidacionista que seguían los capituladores abominables que hoy medran por distintas partes del mundo, como Martínez Barrio, Prieto, Companys y otros muchos, que orientaron todas las actividades a romper la resistencia admirable de nuestro ejército, cundiendo la desmoralización entre las masas del pueblo hasta la culminación infame de la entrega de Madrid por Casado, Besteiro, Miaja y otros.

En la lucha por la libertad y la independencia de España, nuestro Partido, en unión con todas las fuerzas revolucionarias, logró a costa de grandes sacrificios, interpretando la voluntad del pueblo, organizar una resistencia sublime que asombró al mundo entero, llenando páginas de gloria en la historia de nuestra guerra, tales como la defensa de Madrid, la toma de Teruel, la batalla del Ebro y otras muchas.

Los campos de batalla en España están regados por la sangre de millares y millares de combatientes comunistas que orientaban a las masas señalándoles el camino, pero ofreciendo el ejemplo con el sacrificio máximo para la defensa de la independencia de España.

La historia del Partido Comunista de España tiene, como una de sus páginas más gloriosas, la conducta de todos sus militantes, que el 18 de julio supieron hacer el honor, como durante toda la guerra, a la gran misión que tenían confiada en la lucha por la defensa de los intereses de las masas obreras y campesinas y del pueblo español.

En el corazón de millones de españoles existe grabado el recuerdo imborrable de la conducta del Partido Comunista de España que fue, es y será, su mejor y más ardiente defensor, el guía insuperable que le ayudó en cien batallas contra los tiranos y explotadores y contra los invasores extranjeros italo-germanos. El Partido, fiel al Stalinismo que aprendió de sus sabios consejos a ligarse a las masas, a trabajar con ellas, a dirigirlas, aprendiendo de ellas. El Partido, implacable con los traidores, inflexible con los oportunistas. El Partido, monolítico, unido en un solo haz, que hoy es la esperanza de todos los españoles, ya que es el único que conserva su línea clara y su unidad de conducta, de apreciación, de voluntad combatiente, entre sus militantes en España y los que se encuentran diseminados por todo el mundo, en tanto los otros Partidos y Organizaciones españolas al terminarse la guerra, han saltado hechos trizas, divididos en decenas de grupos y cada uno por su lado, llenos de ambiciones de lidercillos y sin tener otra perspectiva que la solución de su problema personal o de familia, careciendo de quien les oriente en la lucha por la reconquista de la República Popular de España.

El Partido Comunista de España al conmemorarse el cuarto aniversario del 18 de julio, sigue en su lucha tenaz y consecuente contra Franco y su régimen y por la reconquista de la República Popular. En las condiciones más terribles, los militantes de nuestro Partido, luchan lo mismo en Madrid que en Barcelona, en Valencia que en Sevilla, en las montañas de Galicia y Asturias, sin arriar su bandera de combate contra el franquismo y todos los explotadores que tienen a España sumida en la mayor tragedia.

El mayor honor, la mayor gloria que le cabe al Partido Comunista de España, el Partido de José Díaz y “Pasionaria”, está en su obra frente a todos los enemigos del pueblo, en su actitud intransigente contra Franco y cuanto representa su régimen de ignominia y terror y en la continuación de su obra de reconquista de la República Popular Española, para que el pueblo español sea libre en sus destinos y goce de un mejor vivir.

[ESPAÑA POPULAR Nº 21 - 18 de JULIO 1940, p. 1]














































































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