La revista Mujeres Españolas: La resistencia antifranquista en el exilio

TALLER DE HISTORIA DEL PCE "MARUSIA"

Iliana Olmedo [1]


En el libro Cartas a un exiliado español de 1939, Paulino Masip señalaba los deberes que el refugiado español debía asumir en su nueva condición, destacaba en primer término el compromiso con España, es decir, ser fiel al pasado del que se venía y mantener el regreso como opción para el futuro, siempre desde una perspectiva política, porque “Mientras dure nuestra calidad de emigrados la política nos será consubstancial”. [2] Preservar el vínculo con España autoriza el exilio, le otorga coherencia y justificación y la letra impresa se convierte en una herramienta de acción, afirma Masip, “Tu oficio es ahora un doble instrumento. [...] es a la vez vehículo de defensa u ofensa de tu patria”.[3]

Desde las páginas del diario escrito durante el trayecto del Sinaia se proponía que los refugiados debían realizar una adaptación mesurada que les permitiera la supervivencia sin marginar el interés político hacia España. “Solamente si los republicanos españoles permanecemos unidos en el anhelo común de reconquistar la patria invadida, podremos, en un día no lejano, vivir de nuevo en España, independiente, dueña de sus destinos”. [4] Esta mirada fijada en España es una de las características del exilio republicano y marca sus actividades en México, ya que al ubicar el regreso como el objetivo último del exilio, la participación en el país de acogida queda determinada por la resistencia al régimen franquista y por el compromiso con esa resistencia.

Esta singularidad del exilio republicano en México, produce, en primer lugar, la diferenciación entre nuevos y viejos residentes, el refugiado y el inmigrante por causas económicas. Masip había señalado la distancia entre los dos grupos: “Ellos emigraban como hombres y no como españoles y en ti la cualidad de hijo de España, abrasado por su patria, es esencial porque es ella la que te ha hecho inmigrante. Por eso la traes como primerísimo término y antes que hombre eres español”. [5]

También Luisa Carnés, en un artículo publicado en 1951, definía al buen español en el exilio en contraposición al refugiado que había optado por la adaptación y la bonanza económica. “No quiero fijar los ojos en los otros, en esos pocos seres mezquinos, por cuyas venas circula plata en vez de sangre”. [6] 

Juan Rejano, en su columna “Cuaderno de señales” (publicado veinticinco años después de haber salido de España) analizaba el proceso sufrido por los españoles en México con argumentos semejantes: “Muchos emigrados políticos han prosperado: poseen en México lo que no poseyeron en España, y ello les hace mirar con más atención sus intereses de aquí que el desarrollo de los acontecimientos allá. […] Pero entiendo, y entendí siempre, al mismo tiempo, que el asilo que un día nos concedió México tenía, entre sus muchas liberalidades, una exigencia: no olvidar a España, no olvidarnos de que dejamos a España sumida en la tragedia –en una tragedia que continúa- y que nuestro deber es contribuir a su liberación, independientemente –o quizá por ello mismo- de los otros deberes que en México contrajimos”. [7] Desde la mirada de Rejano, el exiliado, además de las tareas naturales e inmediatas, como trabajar en y por el lugar de acogida, debe mantener presente aquello que produjo su traslado, a pesar del tiempo y de que haya menguado el vigor o la candencia de los intereses políticos.

Este alejarse de los objetivos provocaba largas disputas entre los refugiados y ponía en cuestión la idea de exilio que cada uno de los miembros del colectivo formulaba. Así se observa en las recreaciones de las tertulias en los cafés de la novela El cortejo, de Otaola, donde se discute cómo dar sentido a un exilio tan prolongado, en el que han brotado matices sobre las creencias pasadas y en el que el peso de lo cotidiano empieza a mermar la entereza personal. Realizar la distinción entre el grupo comprometido y el desvinculado era una manera de definir la identidad y establecer las prioridades. El sentido político prevalece sobre el resto de las inquietudes, muestra una de las claves del exilio del 39 y en cierta manera expresa su fracaso, porque las posibilidades tangibles de acción estaban limitadas por las condiciones mismas del exilio, por más firme que fuera el compromiso en México. [8]

El ser españoles y exiliados era una categoría que conformaba la imagen e identidad en el presente. Prevalecía en los exiliados un deseo de escribir la memoria de un pasado compartido –la misma desgracia-, que los cohesionaba como grupo, les otorgaba sentido de comunidad. [9] Si el pasado construía la identidad, su escritura la afianzaba. De ahí la necesidad, atizada por la añoranza, de volver la mirada a España y analizar la guerra (el suceso), los años previos (las causas) y los posteriores (las consecuencias).

Para responder a estos objetivos, los exiliados republicanos crearon medios de difusión propios –revistas, asociaciones y centros culturales y políticos- desde los que podían informar a los mismos exiliados y promover iniciativas orientadas a España. El exilio se aglutinó en lugares y escuelas creadas por y para ellos que los mantenían aislados y donde afianzaban el recuerdo de la España perdida (escuelas) y llevaban a cabo acciones dirigidas a mermar el franquismo (asociaciones y revistas). El exilio republicano se constituyó en una nación imaginaria, [10] un espacio autónomo dueño de su propio tiempo y del espacio fuera del tiempo y del espacio. [11]

Este exilio también es singular por su duración. En la historia del siglo XX pocas circunstancias han provocado exilios tan extensos. El tiempo afecta directamente en dos aspectos: las mutaciones de la estancia que amenazan con la adaptación y los hijos, cuyas historias serán distintas a las de sus padres. Carolyn L. Galerstein encuentra que la prolongación produjo un grupo de novelistas del interior-exterior (“outside-inside”), [12] cuya experiencia de regreso después de la dilatada ausencia causaba el inevitable desgarramiento de no pertenecer a ninguno de los dos lugares y les permitía una visión de ambos que aprovecharían en sus novelas.

La larga duración del exilio también creó un conflicto respecto al regreso, sobre todo en la medida en que las políticas represivas del franquismo se fueron modificando conforme el transcurso del tiempo. El conflicto acerca de la opción del regreso se compone de dos partes, de la visión del retorno como cuestión política, que significa el no retorno hasta el fin de la dictadura (el exiliado no regresa porque el retorno es una convicción ética, resultada de la convicción política) y la imposibilidad de la adaptación (adaptarse es rendirse). Los hijos –naturalmente adaptados- se enfrentan con sus padres –que esperan el regreso. De ahí surge la queja de Angelina Muñiz sobre este exilio heredado: “El exilio español republicano derivó, en sus elementos más jóvenes. En una pérdida de la nacionalidad. Dio lugar a una generación ambigua, que no encontró su acomodo en la sociedad mexicana”. [13]

LA UNIÓN DE MUJERES ESPAÑOLAS

Si el exilio significa un traslado, en las mujeres puede propiciar (al estar tradicionalmente en los márgenes de las instituciones de poder) una conciencia más clara e incluso una liberación. Primero, al ubicarlas en la misma posición marginal que los hombres también exiliados, les brinda oportunidades creativas y de difusión y, segundo, les permite actuar dentro de las sociedades de acogida, si éstas son menos limitadas. Como el caso de Mercedes Pinto, [14] que salió de España debido a la falta de ley de divorcio o el de muchas mujeres que abandonaron por voluntad propia sociedades restrictivas. En los lugares donde llegaron ejercieron la crítica de sus instituciones opresivas.

Pese a que la mayor parte de las mujeres exiliadas en México lo hicieron por vinculación familiar, muchas estaban comprometidas políticamente y buscaban maneras de expresar este compromiso. En este contexto las mujeres, que constituían el 40% del exilio, [15] crearon nuevas asociaciones y revitalizaron otras que habían organizado durante la guerra. [16] La Unión de Mujeres Españolas, formada a partir de la Asociación de Mujeres Antifascistas, se reorganizó en 1939 en Francia y estuvo activa hasta 1945. Una de sus ramas resurgió en México hacia los años cuarenta. Los objetivos de la UME partían de las tareas que dentro de las asociaciones políticas se consideraban adecuadas para las mujeres, cuidado de la infancia, labores de abastecimiento convertidas en el exilio en organización y distribución de fondos y ropa para los presos y presas en las cárceles franquistas y a las mujeres que trabajaban en la clandestinidad; además de nuevas actividades derivadas del exilio, como la realización de actividades políticas femeninas, que incluían tanto la concienciación de las otras mujeres exiliadas como la difusión de ideas pacifistas y la organización de reuniones y mítines. Inicialmente comenzó fusionando distintas asociaciones femeninas exiliadas con independencia de su línea política y debido a la filiación de la mayoría de sus colaboradoras se fue acercando al comunismo; en los años cincuenta su propuesta ideológica estaba ligaba con el Partido Comunista. [17]

Tanto las asociaciones políticas como las revistas eran lugares donde la resistencia adquiría cuerpo y el exilio significación, tenían la función de actuar en contra del franquismo y se constituían como vías organizadas de resistencia. Al conformarse como colectivo organizado, las mujeres dejan de moverse en las orillas y toman cierta autoridad que les permite expresar sus ideas. Varias mujeres se habían comprometido desde la guerra en esta tarea de difusión, Isabel Oyárzabal de Palencia recorrió varios países buscando apoyo para la República, experiencia que relata en dos textos memorialísticos, donde explica las causas y pérdida de la guerra desde el punto de vista los republicanos; [18] con la misma intención de formular un discurso alterno a la visión oficial franquista, Constancia de la Mora publicó Doble esplendor [19] y Clara Campoamor La revolución española vista por una republicana. [20]

MUJERES ESPAÑOLAS

Las revistas publicadas en el exilio pretendían la cohesión de la comunidad y la difusión de ideas entre el colectivo. Las culturales daban noticias y fomentaban el conocimiento de los intelectuales exiliados en la propia comunidad como en México, y aunque se apoyaban y comentaban entre sí, solían contar con colaboradores mexicanos e informar sobre sus actividades. Mientras que las publicaciones políticas tenían en la mira el regreso a España e informaban sobre su entorno político y social.

Las publicaciones periódicas de los exiliados se transformaron con ellos. De una primera etapa provisional pasaron a una cuya permanencia indefinida exigía otro tipo de acciones. En esta segunda etapa, enmarcada en los años cincuenta, apareció la revista Mujeres Españolas, fue el órgano de expresión de la UME en México, el primer número apareció el primero de agosto de 1951 y el último en 1957. Así, la participación más activa y directa de los primeros años, encaminada a influir en la opinión pública –son frecuentes las cartas- contra el franquismo, se transforma después de 1955 y se concentra más en objetivos más generales, la paz, la ayuda a los presos y la crítica de la participación norteamericana en España. Su precedente era la anterior publicación de la UME en París, la revista Mujeres Antifascistas Españolas, aparecida de 1946 a 1948 y luego de 1949 a 1950.

De igual manera, con la prolongación del exilio, se redireccionaron las intenciones de la narrativa exiliada, de una primera etapa de nostalgia y de denuncia donde se crean textos cercanos a los documentos –buena parte concentrados en discutir la guerra civil- se pasa a una donde se discute el acomodo y la adaptación de los exiliados. [21]

El primer número de Mujeres Españolas figura como el Boletín de la Unión de Mujeres Antifascistas de México, este subtítulo desaparecerá en los números siguientes. Aunque pretendía salir mensualmente, su edición era irregular y corría a cargo de la Imprenta Madero, fundada por Enrique Naval, que colaboraba con varias editoriales y revistas de exiliados. La revista pasó por dos etapas asociadas con sus dos directoras, Luisa Carnés y Luisa Redondo. Ambas coincidieron en el intento de crear un medio de expresión del colectivo femenino exiliado para el consumo del mismo colectivo. El público femenino señala su línea discursiva, por lo que se propone la participación de las mujeres exiliadas en distintas tareas de la resistencia y se da información sobre las actividades que realiza la asociación. Los principales objetivos son dos: conseguir una mayor intervención de la mujer exiliada y concienciarla ideológicamente de la necesidad de esa participación. “Unamos nuestras fuerzas a las fuerzas progresivas del país para acelerar la caída del franquismo, y abrir el camino que habrá de conducirnos a la plena conquista de nuestros derechos sociales, económicos, políticos y culturales, a la paz y a la dicha, la seguridad de nuestros hijos y hogares, a un régimen democrático de libertad y progreso”. [22]

A pesar de los intentos por acercar a la política a las exiliadas, la mayoría de las lectoras de la revista y de hecho, la mayor parte de las exiliadas no pertenecían a ningún partido político. Aquellas que habían desempeñado cargos políticos o contaban con educación antes de la guerra eran un grupo minoritario, “una élite” [23] como señala Josebe Martínez.

El público lector de la revista estaba formado por amas de casa y mujeres jóvenes, ambos grupos desligados en principio de la política, así una de las tareas que se proponen las editoras de Mujeres Españolas es informar y, a partir de la exposición, llegar a la conciencia. En el primer número, dedicado a Dolores Ibárruri, aparece un mensaje firmado por ”La redacción” en el que se cita una frase dicha por Pasionaria en el Congreso de Mujeres Españolas de 1946 realizado en Toulouse, donde se anuncia que la asociación pretende mostrar a las mujeres de la importancia de su papel en la lucha social. ”Hay que hacer de la UME la organización de todas las mujeres que aspiran a una vida de paz, de trabajo y libertad: de todas las mujeres que aspiren al establecimiento de la democracia y justicia en España”. [24]

Debido a las intenciones pedagógicas de la revista el discurso suele apelar al sentimiento, sus herramientas son el amor de madre y el beneficio de los hijos, en este sentido reafirma la idea tradicional de la mujer a través de una ideología conservadora. [25] A pesar de que la revista se proponía motivar la cooperación de todas las mujeres exiliadas, y quizá desarrollar su conciencia política, en ningún sentido se proponía objetivos feministas. Ya desde la República las mujeres comprometidas españolas se habían enfrentado a la dificultad de conciliar los intereses de partido con los intereses de género. Tal y como quedó claro tras el debate entablado en torno al sufragio femenino y en la negativa a concederlo por parte de dos de las tres diputadas. [26] El compromiso de la mujer siempre se moverá dentro de esta disyuntiva, perseguir las transformaciones sociales o colaborar en un proyecto mayor.

De esta manera, los objetivos centrales de la revista se centraban en informar las actividades realizadas por la Unión de Mujeres Antifascistas Españolas en México (UMAE) y difundir sus líneas de acción política. La unión participó en distintas conferencias internacionales a favor de la defensa de la infancia y la paz. Además de funcionar como medio de propaganda política contra el franquismo, habla de la situación social y económica que se vive en España, la pobreza extrema, la falta de educación y las precariedades laborales de las mujeres. “En las páginas de esta revista, mediante ejemplos concretos, nos proponemos llevar a conocimiento de nuestras compatriotas como viven las mujeres de nuestro pueblo, la miseria y el hambre en que se debaten, el dolor que sienten de ver a sus hijos famélicos y enfermos, sin poder remediarlo, porque después de un trabajo agotador, con los jornales que perciben no pueden sacar adelante a sus hijos”. [27]

En la primera época la mayoría de los artículos no tienen firma, la revista parece así la obra de un colectivo organizado que comparte las opiniones que publica. El discurso pacifista se sostiene en la apelación a las lectoras de su sentido maternal para que eviten la guerra. En el primer número se llama a la “¡Mujer, madre! Firma y haz firmar el llamamiento por un pacto de paz entre las cinco grandes potencias. Así unirás tu esfuerzo al de cientos de millones de hombres y mujeres de todo el mundo que, como tú, odian la guerra y se unen para defender la paz, para cerrar el paso a los agresores imperialistas que preparan una nueva conflagración mundial”. [28] Durante las dos direcciones de Luisa Carnés, [29] la revista reflejaba las principales inquietudes del colectivo exiliado: la resistencia antifranquista, la ayuda a los presos políticos, el pacifismo, la guerra de Corea, las armas bacteriológicas. [30] Estas preocupaciones las desarrolló su directora en su obra de exilio. [31]

Hasta el número 19, bajo la dirección de Luisa Redondo, empiezan a firmarse la mayoría de los artículos. [32] Se mantiene el eje ideológico de la revista –la paz, la infancia y la maternidad- pero el contenido cambia hacia un tono más centrado en llegar a un público femenino por vía de los discursos tradicionales. Si ya en los primeros años de la revista se apelaba a la condición femenina –identificada con maternal- de las mujeres para desarrollar su conciencia social y rechazo de la guerra, en la segunda dirección se acentúa, aumentando las secciones dedicadas a la moda y la cocina y afirmando la identificación de la mujer como madre.

El segundo objetivo de importancia de la revista era las prisiones franquistas, donde se realizaba una suerte de traslación-recuperación de las tareas que las mujeres habían efectuado en la retaguardia durante la guerra. Buena parte de las tareas de las exiliadas se concentraba en conseguir fondos y fabricar ropa para enviar a España, acciones asociadas con el rol femenino: la caridad y la costura.

Tradicionalmente, las mujeres se encargan de salvaguardar las costumbres; en el exilio, transmitían a sus hijos la tradición familiar y cultural. Las mujeres, como depositarias de los valores –las creadoras del hogar-, intentan conservar su tradición, sobre todo en relación con los hijos, que traen a la casa los valores adquiridos fuera, en el nuevo entorno. [33] César Alcántara, el protagonista de la novela El eslabón perdido (2002) de Luisa Carnés, encabeza una familia uniparental y padece el conflicto de enseñar a sus hijos las costumbres españolas que ellos, como mexicanos, consideran ajenas. Así, esta transmisión de los valores españoles se convierte en una de las prioridades de la revista, que incluye consejos a las mujeres en columnas como “Hagamos ejercicio” y “Cocina española”, donde esta última aporta siempre recetas de España. [34] Es esta una manera de mantener vigentes las tradiciones, de que las mujeres ejerzan su papel de preservadoras de la tradición. [35]

La dirección ideológica de la revista seguía los planteamientos del Partido Comunista en el que la liberación de los seres humanos conduciría a la de la mujer, la prioridad consistía en alcanzar, primero, la transformación de la sociedad. Por tanto, estos grupos dirigieron sus actividades a actuar contra el franquismo difundiendo ideas clandestinamente en sus publicaciones y a ayudar a los presos políticos con apoyos económicos y donativos, dejaron de lado los planteamientos a favor de las mujeres y sus derechos por el más apremiante de la cooperación. La línea comunista de la revista también se expresa en el seguimiento doctrinal de los dictados de Dolores Ibárruri, en la presentación de la vida de los países socialistas siempre mejor [36] y en la alabanza de las medidas y acciones sociales realizadas en la URSS, sobre todo en relación con la situación de la mujer. Se utilizan términos que asocian lucha antifranquista con lucha antiyanqui muy en el tono del discurso comprometido de los años cincuenta en Latinoamérica.

Los símiles y asociaciones con la guerra civil y sus episodios son frecuentes, se evocan los sucesos del 7 de noviembre en Madrid, y se pide una actitud similar al “grito de No pasarán que lanzara Dolores en defensa de la tierra española el 7 de noviembre en Madrid, y que brotaba de todos los corazones unidos en defensa de la libertad de España, hoy sale de todos los pechos ¡Fuera de España yanquis!. A este grito inspirándose en el magnífico ejemplo de unidad antifranquista que logró la victoria de Madrid, se lanza hoy todo el pueblo, unido a la paz y la independencia de España”. [37] Al recordar ese día, se apela a un pasado de acción y se pide que de la misma manera se actúe a favor del Congreso por la Paz. De igual forma se remite constantemente a la guerra como la causa del exilio.

El proyecto político era prioritario, por esta razón los textos literarios que aparecen en la revista siempre presentan connotaciones políticas. Como el cuento “El pilluelo” [38] de Luisa Carnés, cuyos protagonistas intentan sobrevivir en la España franquista hasta que el mayor, después de leer Mundo Obrero, se une a la resistencia en el monte. [39]

LA IMAGEN DE ESPAÑA DESDE EL EXILIO

En las publicaciones aparecidas en exilio, y del mismo modo en Mujeres Españolas, la imagen de España difiere de la que era en realidad. Además de que se advierten contrastes entre los discursos de los opositores al régimen producidos en el interior de España y los provenientes del exilio. En 1960: “Aquellos [los del exilio] llevan una carga emocional y recurren en el discurso a construcciones apasionadas sobre las libertades, el reagrupamiento para la consecución de la paz y de la democracia, mientras que estos últimos [de España] acuden a expresiones más cotidianas y próximas a los problemas y dificultades del entorno, tales como: la lucha por el subsidio, elevación de salarios, peticiones de trabajo, etc.”. [40] El alejamiento temporal y físico produce enfoques idealizados o pesimistas.

Aunque se publicaron obras donde la visión de España desde el exilio acierta, en el imaginario y pensamiento del exiliado crece la distancia entre la España real y la imaginada. Como en la novela, Juan Caballero (1956) de Luisa Carnés, donde la guerrilla no es sólo la continuación de la guerra, sino la misma guerra, vigente en la década de los años cuarenta. Carnés imagina la España de posguerra, las ilusiones perdidas, el miedo, la carestía, los rencores, las penas de una sociedad en proceso de reacomodo y las voces discordantes que persistían. Así como el establecimiento de las guerrillas, que mantuvieron la resistencia dentro de España a pesar de la dura represión franquista, su método y regulaciones. Al finalizar la guerra, Juan Caballero vagabundea en la sierra hasta que tropieza con otros hombres también prófugos, con ellos se constituirá uno de tantos grupos que surgieron dispersos en varios puntos de España. Cada uno de los integrantes de la guerrilla confiesa una justificación para pertenecer a ella, casi siempre relacionada con algún episodio de la guerra. De la misma manera, muchas familias los asisten por el recuerdo de algún familiar asesinado o antiguo republicano, pero, también hay las que no se habían implicado en la política antes, que, al advertir los abusos cometidos por los franquistas, se revelan contra ellos.

Al inventar los años del franquismo el exiliado recurría a su experiencia. Trasladaba el propio pasado visto y vivido a la ficción, suponía un presente en el que ya no se encontraba. Con el paso del tiempo las opiniones se fueron matizando dirigiendo la mirada hacia la perversión de la guerra y su inutilidad, el discurso pacifista que predomina en las páginas de Mujeres españolas.

La repercusión real en España de la revista Mujeres Españolas es muy tenue; sin embargo consiguió concretar varios de sus objetivos, se convirtió en un medio de difusión de las exiliadas (en América y en Francia), [41] logró cohesionarlas como grupo y brindó solidariamente ayuda a los presos y presas de las cárceles franquistas (colaboración que se constata en varias cartas de agradecimiento publicadas en la revista). Así significó una vía de resistencia organizada creada por las mujeres.

LA RESISTENCIA DE LA MUJER EXILIADA

En principio, cualquier contexto donde se encuentre el intelectual pone en marcha su capacidad crítica y de discusión del pasado –sucesos históricos como la guerra- y del presente –el franquismo y México; pero el exilio amplía las perspectivas del escritor y le otorga nuevas herramientas de análisis. Para Edward Said, el intelectual exiliado no se acomoda nunca, “Por tanto es verdadero afirmar que el exilio es la condición que caracteriza al intelectual como alguien que se sitúa como una figura marginal, fuera de las comodidades del privilegio, el poder […]”. [42] Estar exiliado constituye un estado crítico en sí mismo, porque se está fuera de la institución y si uno de los objetivos del intelectual es discutirlo todo, no resulta extraña la crítica que hacen algunos exiliados de aquellos que al perseguir beneficios económicos olvidaron la causa de su exilio.

Los exiliados trataban de describir aquello que los rodeaba, pero su misma circunstancia inevitablemente vinculada con la política les impedía alejar la mirada del pasado y de España. En vez de salir al mundo para buscar el aprendizaje del entorno, se recogieron en la memoria. Si, como en un primer momento se plantearon, se habían llevado la canción no podían deshacerse de ella y darle la espalda a España. Su primera misión era responder a esa España que habían dejado y no olvidarla y la segunda, aclarar los discursos históricos, como la guerra o la República, como se observa en la temática de su narrativa. [43] En cierta forma intentaban realizar una literatura nacional desde el exilio. Actitud que Francisco Ayala califica de vicio e incluso encuentra en sus versiones más exacerbadas cierto patriotismo que colinda con la ideología del fascismo, por eso propone alejarse del tema nacional (como sucede hacia la década de los cincuenta y sesenta en la narrativa exiliada, cuando las miradas cambiaron y los temas se diversificaron), y sobre todo de la política, “que limita la creación”. “[…] nos hemos ido enredando en las inapropiadas falacias del nacionalismo hasta un punto exagerado de postular literaturas nacionales que, en el hecho, no tienen otra realidad sino la afirmación ideológica, aspiración dictada por consideraciones o sentimientos de índole política y en todo ajenos a la literatura misma”. [44]

Las mujeres interpretan su deber como exiliadas desde una perspectiva de género, así su compromiso se encuentra matizado por estas connotaciones, se mueve dentro de los límites asociados a la mujer y en vez de ampliar su campo de acción hacia el feminismo, lo limita asignándole como estandarte de batalla categorías tradicionales, principalmente la maternidad.

Para definir la misión del intelectual en el exilio, Said utiliza la metáfora de dos exiliados clásicos, Robinson Crusoe y Marco Polo, el colonizador y el viajero, y concluye que el intelectual es un barco hundido que aprende a vivir en armonía con la tierra, no en ella, sino como huésped provisional, cuya doble perspectiva, entre lo que se dejó y el sitio donde se está, le permite ampliar la visión hasta alcanzar el pensamiento crítico. Y con esta mirada que siempre cuestiona todo y se compromete, la revista Mujeres Españolas, se propuso, dentro de los límites que su circunstancia le imponía, actuar.



[1] ILIANA, Olmedo: “La revista Mujeres Españolas: La resistencia antifranquista en el exilio”. En BUENO, Manuel (coord.): Comunicaciones del II Congreso de Historia PCE. De la resistencia antifranquista a la creación de IU. Un enfoque social. CD, Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), 2007


[2] MASIP, Paulino. Cartas a un emigrado español. México: Cuadernos del Nigromante, 1989, p. 47

[3] MASIP, Paulino. Cartas a un..., op. cit., p. 51

[4] AA.VV. Sinaia. Diario de la primera expedición de republicanos españoles a México. España-México: Universidad de Alcalá-Instituto Mexicano de Cooperación Internacional-Fondo de Cultura Económica, 1999, p. 72

[5] MASIP, Paulino. Cartas a un..., op. cit., p. 78

[6] CARNÉS, Luisa. Los refugiados españoles. El Nacional, (28 de septiembre de 1951), p. 8

[7] REJANO, Juan. Esbozo de un balance. El Nacional. Revista mexicana de cultura, 900 (28 de junio de 1964), p. 7

[8] Francisco Caudet enumera los topoi repetidos del exilio republicano: “superioridad moral” de su integrantes, se identifican y llaman “la verdadera España” y se constituyen como un “frente espiritual e ideológico”. CAUDET, Francisco. Hipótesis sobre el exilio republicano de 1939. Madrid: Fundación Universitaria Española, 1997, 541 pp.

[9] Existen varios estudios sobre la insistencia y deseo de narrar la desgracia para afianzar la identidad y el sentimiento de pertenencia a una comunidad, principalmente sobre textos del holocausto de varios autores judíos.

[10] Como señala MARTÍNEZ, Josebe. Las intelectuales de la Segunda República. España: Ayuntamiento de Alcalá de Henares-Centro Asesor de la mujer, 2002, p. 12

[11] Como señala Enrique de Rivas utilizando como metáfora la historia de los durmientes de Éfeso. RIVAS, Enrique de. Los durmientes de la cueva: tiempo y espacio de exilio republicano de 1939. En AZNAR, Manuel, editor. El exilio literario español de 1939: Actas del Primer Congreso Internacional (Bellaterra, 27 de noviembre- 1 de diciembre de 1995). Vol. 1, Bellaterra: Universitat Autónoma de Barcelona, 1998, pp. 85-94

[12] GALERSTEIN, Carolyn. Outside-inside views of exile: Spanish women novelist and younger generation writers. En MOELLER, Hans-Bernhard, editor. Latin America and the Literature of Exile, A comparative view of the 20th-Century European refugee writers in the New World. Heildelberg: Carl Winter-Universitätsverlag, pp. 137-150

[13] LLARENA, Alicia. Yo soy la novela. Vida y obra de Mercedes Pinto. Las Palmas de Gran Canaria: Ediciones del Cabildo Insular- Instituto de la mujer- Fondo europeo de desarrollo regional, 2003, 280 pp.

[14] DOMÍNGUEZ PRATS, Pilar. Mujeres españolas exiliadas en México (1939-1950). Tesis doctoral, Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 1992, 500 pp.

[15] NASH, Mary. Rojas, las mujeres republicanas en la guerra civil. España: Taurus, 1999.

[16] Comité de la UME en México: Amelia Martín, presidenta. Vicepresidentas: Matilde Cantos, Veranda Manzano, Claudina García, Luz García y Aurelia Pijoan. Secretaria: Luisa Viqueira.

[17] Vicesecretaria: Luz Llopis. Sección Organización: Luz Pereira. Sección Cultura: Pilar Obregón. Sección Finanzas: Luisa Ramos. Sección Solidaridad: Luisa Segurajauregui. Vocales: Teodora Noguerol, Gloria Armengol, Fidela Prada.

[18] PALENCIA, Isabel de. Smouldering Freedom. The Story of the Spanish Republicans in Exile. Nueva York/Toronto: Longmans, Green and Co., 1945, 264 pp.; PALENCIA, Isabel de. I Must Have Liberty. Nueva York-Toronto: Longmans, Green and Co., 1940, VII + 488 pp.

[19] DE LA MORA, Constancia. Doble esplendor. Barcelona: Crítica, 1977.

[20] CAMPOAMOR, Clara. La revolución española vista por una republicana. Bellaterra: Universitat Autónoma de Barcelona, 2002.

[21] Tema de novelas como El eslabón perdido (2002) de Luisa Carnés o Cita de fantasmas (1963) de Manuel Andujar.

[22] ANÓNIMO. Llamamiento a las mujeres españolas residentes en México. Mujeres Españolas, 16 (1 de mayo de 1953), p.7

[23] MARTÍNEZ, Josebe. Exiliadas. Escritoras, guerra civil y memoria. Barcelona: Montesinos, 2007, p. 16

[24] ANÓNIMO. La redacción. Mujeres Españolas, 1 (1 de agosto de 1951), p.5

[25] Como, al analizar las imágenes de la revista, señala DOMÍNGUEZ, Pilar. La representación fotográfica de las exiliadas. Migraciones y exilios, 4 (2003): “Es evidente que tanto estos textos como las imágenes que los acompañan, refuerzan el estereotipo de género, al presentarnos un modelo de mujer volcada en su hogar y su marido”, p. 14

[26] V. FAGOAGA, Concha. La Voz y el voto de las mujeres: 1877-1931. Barcelona: Icaria, 1985, 214 pp. y FAGOAGA, Concha y Paloma Saavedra. Clara Campoamor: la sufragista española. Madrid: Instituto de la Mujer, 2007, 387 pp.

[27] ANÓNIMO. La redacción. Mujeres Españolas, 1 (1 de agosto de 1951), s.p.

[28] ANÓNIMO.¡Mujer, madre!. Mujeres Españolas, 2-3 (1 de septiembre de 1951), p.2

[29] Luisa Carnés, narradora y periodista, nació en el Madrid el 3 de enero de 1904 y murió en la ciudad de México en 1964. Durante la guerra trabajó en la retaguardia, principalmente en tareas editoriales vinculadas al partido comunista, del que fue miembro. Desde 1930 publicaba en Mundo Obrero, Frente Rojo, Altavoz del frente. Sobre su biografía remito a la introducción de Antonio Plaza a CARNÉS, Luisa. El eslabón perdido. Sevilla: Renacimiento, 2002, 303 pp

[30] Desde el primer número hasta el 16 y del 23 hasta el último.

[31] Se ha editado por primera vez: CARNÉS, Luisa. El eslabón..., op. cit. y se ha reeditado recientemente CARNÉS, Luisa. Cumpleaños, Los bancos del Prado, Los vendedores de miedo. España: Asociación de directores de escena de España, 2001, 221 pp.

[32] Entre las colaboradoras están Felisa Espinosa, Marisa Arregui. Luz Pereira, Estrella Cortich, Felisa Gil. Amparo Bonilla, Amelia Martín, Armonía Gracia, Manuela Ballester, Elvira Gascón, Rosita Ballester y Luisa Carnés.

[33] En RUIZ FUNES, Concepción y Enriqueta Tuñón. Médulas que han gloriosamente ardido: el papel de la mujer en el exilio español. México: Ateneo Español de México, 1994, 130 pp. Las autoras describen su experiencia en este conflicto, como depositarias de la tradición, sus costumbres se enfrentaban a las de sus hijos.

[34] Las recetas son bacalao con patatas, calamares y huevos en ajillo.

[35] Como el espacio de coplas titulado: Enseña a tus hijos el folklore español. Mujeres Españolas, 17 (1 de julio de 1953), p. 15

[36] Por ejemplo en el Número 11-12 (1 de noviembre de 1952). Apareció el reportaje gráfico: “La vida feliz de la mujer soviética” y los artículos “Las muchachas de Lublino”; “La revolución de octubre ha hecho felices a las mujeres” en el que se afirmaba que: “por primera vez en la historia de la humanidad las mujeres han sido iguales en derechos a los hombres”, p.11

[37] CARNÉS, Luisa. 7 de noviembre en Madrid. Mujeres Españolas, 4 (1 de noviembre de 1951), p. 16

[38] CARNÉS, Luisa. El pilluelo. Mujeres Españolas, 5 (1 de enero de 1952)

[39] Otros textos literarios aparecidos en la revista fueron “Canción a las mujeres de España” de Juan Rejano en el número 6. El poema de Rafael Alberti “Del soldado español al soldado yanqui” en el número 21. Un fragmento de la ”Oda a Dolores” de Juan Rejano en el número 8. “Romance del niño bueno y el civilón patilargo” de César Arconada en el número 4 y en el número uno, “La mujer manchega” de Antonio Machado.

[40] ROMEU, Fernanda. El silencio roto. Mujeres contra el franquismo. Oviedo: Summa, 1994, p. 62

[41] En la editorial del número 16 (1 de mayo de 1953) se anota que la revista crece y que “las asociadas de Francia piden 1000 ejemplares más”.

[42] SAID, Edward. Representations of the intellectual. London: Vintage, 1994, p. 44

[43] Así lo demuestra una rápida ojeada al catálogo de RODRÍGUEZ PLAZA, Joaquina. La novela del exilio español. México: Universidad Autónoma Metropolitana, 1986.

[44] AYALA, Francisco. El escritor en lengua española. Los ensayos. Teoría y crítica. España: Aguilar, 1971, p. 174

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