Los antecedentes: las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC)

TALLER DE HISTORIA DEL PCE "MARUSIA"

Juan Andrés Blanco Rodríguez [1] 


Los destacamentos de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC) constituyen el núcleo de algunos de los primeros grupos de milicias comunistas que van a servir de base para la formación de varias unidades del Quinto Regimiento. Por otra parte, los dirigentes de las MAOC serán los mandos improvisados de esas milicias comunistas de los primeros días de la Guerra Civil española.

La debilidad del Partido Comunista de España durante los años de la Segunda República española y la escasa adaptación de su política a la realidad de esa época determinarán que las MAOC, creación del partido, en vez de constituir la base del futuro ejército del proletariado, meta a la que doctrinalmente aspiran, sean meros grupos de autodefensa casi numéricamente inexistentes fuera de Madrid antes del triunfo del Frente Popular. Pero en la neutralización de la sublevación de julio de 1936 las MAOC adquieren un real, aunque difícilmente evaluable, protagonismo y a partir de ahí servirán en cierta medida de levadura del Quinto Regimiento de Milicias Populares, aunque éste no aspirará a convertirse en ejército del proletariado sino en base de un futuro Ejército popular republicano.

1.1. EL COMUNISMO Y LAS TESIS INSURRECCIONALES DURANTE LA REPÚBLICA

En las primitivas definiciones de la estrategia política del Partido Comunista de España durante el quinquenio republicano se admitía ya la necesidad de recurrir a la lucha armada como medio de acceso al poder, desconfiando de las tesis evolucionistas de la socialdemocracia que defendió la primacía de la vía electoral en el proceso político para establecer el socialismo en las sociedades occidentales. Pero las resoluciones del VII Congreso de la Internacional Comunista en 1935 y, fundamentalmente, el triundo del Frente Popular en España en febrero del 36 determinaron la modificación parcial de las tesis del PCE sobre la lucha armada y sobre la existencia y organización de milicias políticas paramilitares.

La debilidad numérica del PCE y, lo que es más importante, ideológica, determina que éste siga al pie de la letra las indicaciones y orientaciones de la Internacional Comunista, tanto en sus planteamientos políticos en general, como en lo referente a la insurrección armada y la creación de milicias.

Hasta su VII Congreso, los planteamientos de la Internacional Comunista sobre la lucha armada, la insurrección frente al Estado y la organización del proletariado con este fin, se asientan en las teorías de los clásicos marxistas y, fundamentalmente, en las tesis leninistas. En efecto, Lenin considera que frente a las “milicias” organizadas por el Estado burgués el proletariado y sus aliados deben crear una “milicia popular” integrada por toda la población obrera, que combine “las funciones de un ejército popular con funciones de policía”; tal milicia sería “el organismo ejecutivo de los soviets”. [2] Llamadas a sustituir a las fuerzas represivas, a la policía y al ejército regular, deben tener un carácter de milicia general.

Para Lenin, las milicias han de contribuir a crear en las masas un espíritu de combate, de enfrentamiento con las fuerzas represivas del Estado, al margen del armamento de que dispusiesen. Por ello afirma que las milicias deben “armarse por sí mismas, como puedan (fusiles, pistolas, bombas, cuchillos...)”. Los planteamientos de los comunistas españoles recogían especialmente el carácter general, no partidista, que deben tener las milicias y su función educadora, y ambas características intentaron materializarlas en las que se llamaron Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC), creadas por el PCE.

Las resoluciones elaboradas por el VI Congreso de la Internacional Comunista sobre insurrescción, lucha armada y milicias, que tenían algún precedente, como los escritos recogidos en obras colectivas como La insurrección armada, de la que aparecía como autor el seudónimo A. Neuberg, son la base teórica de la estrategia del PCE sobre trabajo en el Ejército y creación de milicias en el período republicano hasta 1935. El viraje que supone el VII Congreso de la Komintern influirá en las tesis del PCE sobre isurrección y milicias. En cierta medida, además delas directrices de la Internacional, la toma de conciencia de su propia debilidad y los cambios tácticos en su política determinan pequeñas modificaciones en las tesis insurreccionales del PCE.

La insurrección y su preparación habían de basarse en el trabajo del Partido en dos frentes: la neutralización del Ejército burgués y el armamento del proletariado. La posición del PCE sobre la neutralización del Ejército se asienta, también, en las tesis leninistas. Era necesario contar con el Ejército a favor de la revolución en el momento de la insurrección, o al menos con el apoyo de una parte de él para neutralizar al resto. Además, la solidez del Ejército, pilar básico del Estado burgués, depende de su uidad. Cuanto más fraccionado esté el Ejército, más fácil será el asalto al poder. Por tanto, la labor del Partido Comunista respecto al Ejército debe tener dos dimensiones: atraer partidarios en su seno de las ideas revolucionarias y realizar una labor antimilitarista desde el exterior; de forma clandestina la primera y utilizando los órganos legales la segunda. Ambas actividades son imprescindibles “para desmoraliza a las fuerzas armadas de la burguesía”.

El trabajo en el Ejército debe traducirse en la creación de células comunistas en el interior del mismo, que en el momento de la sublevación neutralicen los mandos reaccionarios y atraigan a la mayoría de los soldados para ejecutar las misiones revolucionarias, conjuntamente con el proletariado. Este trabajo fue realizado por el PCE publicando El Soldado Rojo, órgano de información dentro de los cuarteles y creando células en diversas unidades militares. [3]

La labor de descomposición y neutralización del Ejército difícilmente podría tener un éxito absoluto consiguiendo ganar una masa importante dentro de él para la revolución. Se contaba con que una parte trataría de aplastar la insurrección. Por ello era preciso crear unas fuerzas armadas propias, las milicias: la preparación de la insurrección debía realizarse a la vez mediante la formación de fuerzas armadas proletarias propias.

La posición del PCE sobre las milicias, sus funciones y finalidad va a variar de acuerdo con los cambios que se producen en su estrategia política durante la República. Una inflexión importante en esa estrategia es la marcada por acontecimientos como el VII Congreso de la Internacional Comunista y el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. Hasta el comienzo de los años treinta, las milicias como “organizaciones semimilitares del proletariado” tienen como misión esencial la movilización y la educación del proletariado en la línea de la lucha de clases, así como la lucha política contra las organizaciones militares de la burguesía y facilitar que los obreros realicen su educación para la guerra civil. Es decir, tienen varias funciones: luchar por las reivindicaciones obreras, actuar de órgano de autodefensa del proletariado, educar y preparar a las masas para la revolución y, al mismo tiempo, reforzar la táctica política del partido en su intento de apartar a las masas de la socialdemocracia y el movimiento anarquista.

Proclamada la República en 1931, las instrucciones de la Internacional insisten en la lucha armada, la formación de soviets y la toma del poder por el proletariado dirigido por el PCE. Por tanto, éste ahoga en sus proclamas por el armamento del pueblo y el desarme del Ejército y la Guardia Civil. [4] El PCE huye de los planteamientos blanquistas sobre creación de una organización militar secreta y reducida que tome el poder, y acepta la tesis leninista que proponía la formación de una milicia popular, encargada de asegurar los avances del proletariado y de servir de fuerza de choque en la insurrección: “Siempre que se plantea la cuestión de dotar a las luchas obreras de formas determinadas de organización, hay que buscar aquellas que tengan un carácter más amplio y comprendan a la totalidad, o a la mayor parte de las masas (...). El hecho de que el objetivo final de todos sea la conquista del Poder, y que las milicias nazcan en una situación revolucionaria, no quiere decir que éstas se creen exclusivamente para la impugnación y el asalto al poder”. [5] De esa forma se exponen ya dos características básicas de las milicias que propugna el PCE: ser amplias organizaciones no exclusivamente comunistas, y, por otra parte, formadas y educadas en la lucha revolucionaria y preparadas para el asalto al poder. Debían ser, por tanto, el núcleo básico del futuro Ejército del proletariado y vanguardia de la insurrección.

Hasta 1934, y antes de que el PCE entrara a formar parte de las Alianzas Obreras, defiende la política sectaria de Frente Único por la base y luego Frente Antifascista, buscando una mayor vinculación con las masas para sustraerlas del influjo del socialismo reformista. En esta estrategia defendida por la Internacional el partido debe contar con la posibilidad de organizar las fuerzas armadas de la revolución.

La subida al poder de Hitler en Alemania en 1933 empuja a la Internacional Comunista a elaborar una política que persigue la creación de bloques antifascistas en cada país. El PCE propugnará entonces la formación de un Frente Antifascista para luchar contra la reacción fascista y preparar la revolución, lo que exige la creación de milicias: “los comunistas, los socialistas y los anarquistas -se dice en un documento del PCE de 1933- procederán inmediatamente junto con los demás trabajadores, a la creación de Comités de lucha antifascista en todos los lugares de trabajo y en todos los pueblos, elegidos y compuestos por trabajadores de todas las tendencias. Inmediatamente, y sobre la misma base, se crearán milicias antifascistas obreras y campesinas en todas las ciudades y aldeas de España para luchar contra la reacción y para defender a los trabajadores contra las provocaciones y agresiones de los monárquicos y fascistas.” [6]

Frente Antifascista y milicias se complementan en la lucha revolucionaria: el Frente lleva a cabo la preparación ideológica de las masas, las dota de una fuerte organización, y las milicias, como organización de frente único de autodefensa de los intereses de los obreros y campesinos, valen para eliminar los obstáculos que puedan presentarse en el camino del Frente Antifascistas.

El escaso éxito de la política del Frente Antifascista, el incremento del fascismo en Alemania y la inminencia de la insurrección de Octubre, empujan al PCE a incorporarse a las Alianzas Obreras, abandonando la catalogación del socialismo reformista como “social-fascismo”. Sin embargo, sólo en Asturias las Alianzas pudieron llevar a cabo la insurrección. [7] La entrada en las Alianzas Obreras, la preparación de la insurrección de Octubre y el fracaso de ésta llevan al PCE a reforzar la tesis de la necesidad de las milicias como vanguardia armada, escuela revolucionaria y vehículo para la unificación del proletariado bajo hegemonía comunista.

El VII Congreso de la Internacional Comunista, en fin, constituye un viraje radical de las tácticas políticas del movimiento comunista. Del tema insurreccional apenas si hay referencias en los textos del Congreso y al admitir que desde las urnas se pueden mejorar las expectativas para el triunfo de la insurrección se aleja el momento de ésta. Se suponía que los frentes populares darían lugar a gobiernos republicanos de izquierda, que completarían la revolución burguesa en sus respectivos Estados. Estos gobiernos republicanos serían derrocados por la insurrección popular dirigida por el partido único del proletariado, que englobaría a la totalidad de los obreros y campesinos. El triunfo de la insurrección supondría la instauración d ela dictadura del proletariado.

Las consignas emanadas del VII Congreso de la Internacional Comunista dan lugar a un viraje en la táctica política del PCE, al sustituir las tesis de la unidad por la base, de frente único, por las de “frente popular” de unidad por la cúspide. Respecto a las milicias, el VII Congreso proponía que se formasen grupos de autodefensa contra los asaltos de las bandas fascistas. No se aclara si estos grupos han de ser el núcleo del ejército del proletariado, ni se habla de su papel en la insurrección. Ahora bien, no se renuncia a la insurrección, únicamente se retrasa el momento de la misma, para centrar la acción en la lucha contra el fascismo, tarea que exige la colaboración con parte de la burguesía. En esta perspectiva, la unificación ideológica y política del proletariado pasa a ser una de las tesis básicas del PCE.

Respecto a la insurrección -en perspectiva, aunque en una segunda etapa- la elaboración teórica del PCE, después del fracaso de la revolución de Octubre, establece que sólo es posible si existe la unión del proletariado en torno a un partido marxista fuerte y se ha preparado a través de la formación y entrenamiento de las masas en la lucha diaria. Las milicias habrían de dirigir esta preparación y facilitar, con el acercamiento que supone la lucha cotidiana, la formación de aquel partido. Mientras tanto, respecto a las milicias, habría que reforzar su carácter antifascista como organizaciones de autodefensa del pueblo. Para Modesto, responsable nacional de las Milicias del PCE, las MAOC son “una organización de autodefensa del pueblo, producto del endurecimiento de la lucha provocado por la reacción”. [8]

El triunfo del Frente Popular no provoca un cambio brusco, pero sí significativo, en la posición del PCE sobre las milicias y sus funciones. En el programa electoral se exponía la doble vertiente de la lucha comunista parlamentaria y extraparlamentaria que confluían en un objetivo fundamental: la lucha revolucionaria por el poder. Se reivindicaba la creación de una milicia popular armada, formada por obreros y campesinos, cuya legalización defenderían los diputados comunistas en el Parlamento. El OCE consideraba la formación del Frente Popular un paso adelante para la consolidación y el desarrollo de la revolución. Suponía un avance en la organización de la misma, al ser una manifestación de la unidad de acción del proletariado a través de los acuerdos de los partidos marxistas. Las Alianzas Obreras constituían el cauce de unión de obreros y campesinos para preparar la insurrección. El Frente Popular servía para ampliar las conquistas del pueblo, pero para defenderse de la reacción y el fascismo era imprescindible “el establecimiento y ampliación de las milicias obreras y campesinas, haciendo de ellas amplias organizaciones de autodefensa de tipo popular”. [9]

Así pues, los planteamientos insurreccionales del PCE pierden radicalismo a favor de la lucha contra el fascismo, pero no desaparecen. El 7 de julio de 1936 se afirma en Mundo Obrero: “Todos aquellos que consideren que la emancipación del proletariado se puede hacer por vía de evolución engañan al proletariado. Al enemigo se le vence con las armas cuando llega el momento oportuno”. En el Comité Central Ampliado celebrado del 28 al 30 de marzo de 1936 no se rechaza la insurrección, pero se establece que la labor del Partido ha de centrarse en la defensa de la revolución democrática burguesa que prepara el paso para la revolución socialista.

En esta etapa la misión de las milicias se centra en varias funciones existentes en etapas anteriores pero se le añaden otras nuevas. Se reitera el papel de las milicias como escuela revolucionaria, como educadoras políticas de las masas. Se reafirma su carácter antifascista, amplio, no exclusivamente comunista, lo que facilita los planteamientos que sobre unificación política del proletariado defiende el PCE, y es ahora cuando esa idea de la unificación alcanza su mayor desarrollo antes de la guerra. En abril el PCE se dirige “especialmente a los camaradas socialistas y a la organización juvenil unificada” para la formación de milicias unidas. [10]

En consecuencia con la postergación de la insurrección se considera misión básica e inmediata de las MAOC la defensa de la actividad obrera: mítines, manifestaciones, venta de prensa, etc. Lo más llamativo sobre las funciones que el PCE atribuye a las MAOC será su oferta para defender al Estado burgués frente a los ataques de la derecha y el peligro de sedición militar, lo que era inimaginable cuando se crearon las milicias con la única misión de derrocar a ese Estado.

Sobre las milicias como defensoras del Gobierno del Frente Popular hay numerosos testimonios. Así, por ejemplo: “hay que colocar al pueblo en condiciones de luchar contra sus enemigos y defender el régimen político que se dio con todas las garantías. Frente a la reacción debe existir un pueblo armado y firme. De aquí la necesidad de constituir sobre la marcha milicias obreras y campesinas”. [11] “Si el Gobierno -se escribe en MUNDO OBRERO el 17 de marzo de 1936- necesita ayuda para acabar con la criminalidad reaccionaria y fascista, las milicias obreras y campesinas y el pueblo se la prestarán sin regateos.”

Conocido en la primavera de 1936 el proceso de una sublevación militar en preparación, se intensifican las manifestaciones sobre la importancia de las milicias “como garantía del fracaso de los intentos reaccionarios preparados por la derecha que estaban creando un estado psicológico desde la Cámara, desde la calle, desde las organizaciones patronales y desde las sacristías”. [12] “El Gobierno sabe muy bien -se reitera en MUNDO OBRERO el 15 de junio- que cuenta con las milicias para cuanto signifique mantener y desarrollar la política que se realice bajo el signo del Frente Popular. Y tenga en cuenta que si otros organismos, otras fuerzas que tenían que ser leales fallan, las milicias jamás fallarán.”

Se llega a pedir que el Gobierno arme las milicias, con lo que éstas pasarían a estar organizadas por el Estado, situación en la que la idea del asalto al poder no tendría sentido. Sin embargo, el Gobierno frentepopulista en modo alguno tomó en cuenta el papel que las milicias podían jugar como defensoras d ela democracia ante un golpe de estado reaccionario y no ofreció facilidades para su armamento, ni siquiera en el momento del levantamiento militar. Ello no era de extrañar tampoco cuando dentro de las mismas filas obreras la idea de la función como defensoras de la democracia no era compartida por todos los militantes.

En definitiva, aunque a la postre serían las MAOC las milicias más conocidas, en función principalmente de su vinculación a los primeros grupos que se oponen a la rebelión militar de julio, la idea general de la existencia de milicias, la insurrección como su objetivo político y su concepción, por tanto, instrumental, dentro de una estrategia de asalto al Estado, no fue patrimonio exclusivo del PCE sino que respondía a un pensamiento generado en la Internacional Comunista antes de 1935.

1.2. CREACIÓN DE LAS MAOC

Carecemos de fuentes documentales precisas sobre el origen y creación efectiva de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas. En esto, el caso comunista no se diferencia del de otras agrupaciones políticas, de derecha e izquierda, que también en la época propendieron a fomentar esos instrumentos que fueron las milicias, llegando a crearlas efectivamente. Tal fue el caso de carlistas y falangistas o el de socialistas. Sin embargo, la actuación mediante acciones violentas que planteaba el anarcosindicalismo tenía una instrumentación distinta. Hemos de basarnos para el estudio histórico de los orígenes de este tipo de organizaciones en testimonios de protagonistas que no pueden ser adecuadamente depurados y, en el mejor de los casos, en informaciones de prensa.

Ya hemos visto cómo desde el inicio de la Segunda República el PCE aboga por la creación de milicias. Sin embargo su exigüidad numérica y sectarismo político impiden de hecho la creación de las mismas hasta 1933. No obstante, algunos autores como Comín Colomer afirman su existencia desde mucho antes. Comín hace referencia a la actuación de “un grupo de choque de los jóvenes comunistas vizcaínos” que, en agosto de 1923, según Comín, trataron “de volar El Liberal, con Indalecio Prieto dentro”. Igualmente atribuye a “milicias” comunistas algunas “acciones violentas” durante la huelga portuaria de Sevilla en 1931. También tendrían que ver estos grupos con el intento insurreccional de Villa de Don Fadrique y el de la cuenca del Llobregat, que no fue obra eclsuiva de los anarquistas. Así pues, existiría “un dispositivo incipiente titulado Organización de Auto-Defensa, que asumía realmente la misión de proteger al partido y a sus dirigentes, y de la cual salieron los primeros brotes de la Guardia Roja que no alcanzó demasiada notoriedad”. [13]

Creemos que estas supuestas “milicias” no eran, en realidad, más que “grupos de choque” y no milicias organizadas. Es decir, es posible que el PCE tuviese grupos de autodefensa para proteger sus actos y dirigentes, pero sin el carácter que define a las milicias: grupos organizados para preparar el asalto al Poder por la vía insurreccional, contando con la participación de las masas en sus filas. Es cierto que ya en el II Congreso del PCE de julio de 1923 Pérez Solís aboga por la creación de “centurias obreras”, siguiendo el modelo alemán de organización paramilitar, [14] pero es indidable que esta propuesta no se llevó a la práctica y las milicias del PCE no se crearon hasta diez años después.

No hay acuerdo sobre el momento -ni aun el año- de creación de las MAOC. Comín afirma que la formación del Frente Antifascista en junio de 1933 constituyó el primer fundamento de las milicias armadas. La historia oficial del PCE dirigida por Dolores Ibárruri centra la creación de las MAOC entre febrero y junio de ese mismo año. Tagüeña afirma que el PCE empezó a organizar las milicias en la primavera de 1933, siendo su jefe un joven vasco conocido como “Alcalde”. El líder comunista Matorras señala que “en una reunión celebrada en el mes de mayo por el Buró Político del Partido, la delegación de la Internacional Comunista planteó la necesidad de crear una organización antifascista de frente único que estuviera controlada por el Partido y se encargara de llevar a la realidad la creación de milicias”. [15]

La afirmación de Matorras corresponde posiblemente a un hecho cierto, teniendo en cuenta la estrecha relación que hay entre el Frente y las milicias. Además, Modesto, responsable nacional de las MAOC a partir del verano de 1934, afirma lo mismo. Aunque en su libro Soy del Quinto Regimiento dice que las MAOC se crearon a finales de 1933, en otro de sus escritos, Al servicio del pueblo, afirma: “Si el curioso historiador o lector curioso se interesa por sus antecedentes, que no pierda el tiempo, son una cosa nueva, original, que crea el pueblo, que hace sus primeras armas en las manifestaciones de mayo de 1933, donde aún bisoños, son sorprendidos por la fuerza pública, aún sin darle tiempo a sacar su sencilla pistola, como cae gravemente herido en aquellas manifestación Julio Zamolea al que la prensa califica en los cotidianos del día 2 de mayo, de pistolero”. [16]

Enrique Líster, responsable de la actividad del PCE en los cuarteles desde 1935, considera que la constitución de las MAOC empezó en la primavera de 1933, “aunque hasta después de octubre de 1934 no recibieron apenas atención”. [17] Durante el mes de marzo de 1933 aparecen ya algunas noticias en MUNDO OBRERO sobre las MAOC. En el ejemplar del día 20, en la reseña de un mitin del Frente Antifascista, se hace referencia a la presentación de las MAOC de Madrid. Las MAOC no cuajaron rápidamente y en MUNDO OBRERO el 17 de julio se afirma: “las MAOC apenas existen, lo que hay no son más que brotes débiles”. Esta situación se mantendrá hasta las vísperas del triunfo del Frente Popular.

Si aceptamos las afirmaciones de Modesto, las MAOC sólo existirán de hecho antes de 1936 en Madrid y algunas zonas de la provincia, en especial la comarca de Villalba. Será a partir del 1º de mayo de aquel año cuando se formen realmente en otras zoans: “Es a partir de entonces (primero de mayo) -escribe Modesto- que comienzan, inspirados en el ejemplo de Madrid, las MAOC de otras ciudades”. [18] Considera Modesto que desde su aparición luchan por su legalización, “que conquistan después de febrero de 1936. Y, desde luego, sin serle servida en bandeja, sino como resultado de una actividad intensa”. Después del triunfo del Frente Popular, “el 19 de febrero, las MAOC legalizan sus estatutos. Lo esencial de sus misiones, en ellos estampadas, se ciñe al derecho de autodefensa”. “Un golpe de fuerza para su legalización -continúa Modesto- es realizado el 29 de febrero en el mitin de homenaje a los amnistiados en la plaza de toros de Madrid (...). Al final del mitin, forman las MAOC en la plaza de toros y salen a la vía pública, cerrando el paso con sus pechos a la fuerza pública que quiere impedírselo y con una decisión manifiesta ganan el derecho a desfilar, arrancando desde allí y bajando por la calle Alcalá hasta Cibeles, donde se da la orden de cada uno a su distrito”. [19]

En resumen, antes de 1933, el PCE cuenta con grupos de autodefensa o de choque, una especie de guardia de seguridad de los militantes, locales y actos del Partido. Pero la creación de milicias, entendiendo éstas como organizaciones paramilitares cuyo fin era la lucha armada con otras organizaciones, se iniciará en la primavera de 1933 en Madrid, y prácticamente no existirán en otras provincias hasta después del triunfo del Frente Popular. A partir de este momento se crearán MAOC en distintas ciudades y zonas en general, no muy organizadas, sin apenas armas, y con escasa influencia, pero servirán de núcleo de los primeros grupos de milicianos que tratarán de hacer abortar la sublevación militar de julio.

1.3. ORGANIZACIÓN Y ACTUACIÓN DE LAS MAOC

En el ya mencionado libro firmado por Alfred Neuberg, La insurrección armada, se recomienda que las milicias se organicen en pequeños grupos, formados en cada barrio, fábrica, pueblo, etc., dependiendo de los jefes superiores (de barrio, fábrica, etc.), y dirigidos por un comandante. Se aconseja no formar grandes unidades y que se creen escuadrones y grupos (10 a 20 hombres), secciones (35 a 45) y compañías (2 ó 3 secciones), para facilitar la lucha callejera. Se recomienda también la preparación de hombres y grupos formados por especialistas: enlaces, enfermeros, etc.

En febrero de 1934 se publica un folleto firmado por S. Guerra titulado Cómo se organizan las MAOC, verdadero catecismo para la formación de milicias. En este folleto se afirma que las MAOC están integradas por jóvenes obreros y campesinos y otros antifascistas. Están organizadas en escuadras, secciones y centurias, cada una con un delegado técnico y otro político, encargados de su funcionamiento. Territorialmente se estructuraban en milicias de aldea, empresa o radio, residiendo su ejecutivo en Madrid.

En el primer número del órgano de prensa de las milicias del PCE denominado MAOC y aparecido en septiembre de 1934 se ofrece un croquis de la estructuración de las milicias en troikas. En un Boletín Interior del Radio Sur del PCE de Madrid se establece que cada célula debe nombrar un responsable de las MAOC para conectar a éstas con las distintas células, haya o no militantes de las MAOC en esa célula. A cada célula se le asignará una fábrica para crear en ella un grupo de MAOC en unión con las Juventudes Comunistas. Cada célula reclutará obreros de todas las tendencias de la barriada para formar MAOC de barriada. Se establecen contactos semanales entre célula y MAOC de barriada. [20]

Según Modesto, en Madrid, la única zona donde se estructuran realmente las milicias del PCE, la organización de las MAOC se divide en cuatro distritos, según los puntos cardinales. Al mismo tiempo se las conoce por el nombre del barrio-guía, por lo menos en dos de ellas, como, por ejemplo, a las del distrito Norte se las conoce más como “de Cuatro Caminos”; las del distrito Oeste, como las “MAOC del Puente de Segovia”. Y algo así ocurre con las demás, pero ya hay una mayor dispersión. Por ejemplo, las del distrito Este se llaman indistintamente de las Ventas, de Chamberí, incluso de Manuel Becerra, mientras que en las del Sur tropezamos con Vallecas, que tenían numerosos efectivos pero a las que sus integrantes llamaban también “de Pacífico”.

Comín Colomer, en su afán por poner de manifiesto el “peligro comunista”, considera que las MAOC alcanzan una organización más que aceptable, basando esta afirmación en lo expuesto en alguna circular sin localizar. [21] La realidad de las MAOC, no obstante, parece que era muy distinta. Según el dirigente comunista Gregorio Aznar las MAOC cuentan con un servicio de información a principios de 1936 dirigido por un tal Castro, pero tal servicio no debió ser muy operativo.

La imagen de organización estructurada y disiciplinada que pudieran dar las MAOC en algunos desfiles a partir de la primavera de 1936 no coincide con la realidad interna. La indisciplina fue la tónica común en las MAOC, llegándose a eliminar algunos grupos de milicias. En el Boletín de Información Mensual de las MAOC de Madrid y Provicia, en su número 1 de abril de 1935, se exige una mayor disciplina, insistiendo en que era “una organización militar”, y se recomienda que se intensifique la vigilancia dentro de las milicias para evitar la provocación y el espionaje. El Pleno del Radio Norte del PCE de Madrid, en una reuión celebrada el 20 de enero de 1935, aprueba que las MAOC sean controladas directamente por el Radio “para evitar desviaciones en su misión y táctica”. [22]

A lo largo de la historia de las MAOC hay un cierto temor entre los dirigentes del PCE a que las milicias puedan llegar a recaer en el pistolerismo d etendencia anarquista que el Partido practicara durante la Dictadura de Primo de Rivera. El temor al pistolerismo y la dificultad para conseguir armas llevará al PCE a recomendar que se formen escuadras aunque se carezca de armas.

El armamento será uno de los problemas más graves de las milicias, ya que sin armas difícilmente podrían llevar a cabo la misión de autodefensa obrera, ni podrían atacar al enemigo: las bandas fascistas. Desde el mando de las milicias se repartían consignas para armar las escuadras: “Pueden hacer fiestas, organizar festivales para recaudar fondos, organizar espionaje para averiguar donde haya material”, y también desarmando a los individuos de fuera del Partido que tengan armas. [23] Se dice en el mencionado boletín de las MAOC que “todas las escuadras de las MAOC tienen que armarse por sí mismas” y los comunistas que tengan armas “o ingresan en las MAOC o entregan el material”. Se llega a recomendar desde la dirección de las MAOC que, a falta de armamento tradicional, sería conveniente que las escuadras amprendieran los métodos de autodefensa y ataque que ofrecen instrumentos como martillos, hoces, palos y cuerdas. [24] La necesidad obliga a seguir las tesis leninistas que hemos citado.

Después del triunfo del Frente Popular el PCE pide que el Gobierno arme las milicias: “El Gobierno debe procurar que el pueblo mismo sea quien corte las provocaciones y los crímenes de los reaccionarios y sus aliados. Para ello no hay más que un camino: armar al pueblo.” [25] La respuesta del Gobierno no pasa de mantener una cierta benevolencia con la posesión ilegal de armas. Sin embargo, parece que a partir de febrero de 1936 las MAOC llegan a disponer de algunas armas más, pocas en cualquier caso. [26] En vísperas de la rebelión se consiguieron algunas por procedimientos más o menos “legales”. [27] Modesto y el capitán Benito consiguieron varios centenares de fusiles del Parque de Artillería de Pacífico, pero esto fue ya cuando el estallido de la rebelión había tenido lugar.

Las MAOC, como organización paramilitar que pretende ser, cuentan con instructores. Ya en la obra firmada por A. Neuberg se considera conveniente que las milicias estén dirigidas e instruidas por militares profesionales. El PCE consideraba que los instructores, organizadores y dirigentes de cada grupo (de milicias) debían ser miembros del partido, posición que mantendrá durante toda la época republicana. Efectivamente, en la mayoría de los casos los instructores de las MAOC eran militares, en activo o no, lo que favorecía el carácter militar que se quería dar a las milicias. Comín Colomer ofrece una amplia lista de instructores de las MAOC en la que están el teniente Castillo, Manuel Márquez, de la Guardia Presidencial, el capitán Uribarri, de la Guardia Civil, el comandante Bayo, el capitán Trías, retirado por la ley Azaña, entre otros. Sin embargo, no disponemos de comprobación documental de estas afirmaciones de Comín.

En cuanto a los mandos de las MAOC tampoco disponemos de información suficiente. Tagüeña habla del vasco conocido como “Alcalde” como su primer jefe nacional. De Juan Fernández “Juanito”, dice MUNDO OBRERO con ocasión de su muerte que era jefe de las MAOC y “su principal organizador” y desde hace años del “Comité Nacional de las Milicias Populares”. [28] En el verano de 1934 Modesto fue designado responsable nacional de las MAOC bajo la dirección inmediata de Pedro Checa, Secretario de Organización del PCE. En vísperas de la sublevación militar de julio los dirigentes de las MAOC en Asturias son Antonio Muñiz, Manolín Álvarez, Mazuco, Bárcena y Somoza que posteriormente mandarán batallones de milicias integrados básicamente por comunistas.

En la sección de “Tesis y Manuscritos” del Archivo del Comité Central del PCE aparecen hoy numerosas referencias a mandos de las MAOC que luego dirigen grupos o unidades de milicias durante la guerra, pero no se especifica su actividad antes de la sublevación. De nuevo es Modesto quien nos da una información más detallada. Escribe: “Los jefes de Madrid -y Madrid es el centro de la actividad de las MAOC- son: Juan Fernández (Juanito) y Agustín Lafuente. En el distrito Norte, Miguel Buenaventura. En el distrito Sur, Félix Barriaga García y Manuel Fernández Cortina. En el Este, Julio Zamolea y Miguel Plaza. En el Oeste, Manuel Díaz del Valle (tendero), Manuel Escontrela (Rácano), y J. G. “El Perifollo”. Sabes, no te doy más nombres porque entonces, tendría que enumerar a unos 4.000, alguno de los cuales sí te citaré, si la memoria no me falla a mí ni a los viejos de las MAOC con los que estoy hablando recordando esto, en la medida que después los encuentro en el curso de la guerra”. [29]

A escala nacional los dirigentes serán: “en Madrid, los mencionados Juan Fernández y Agustín Lafuente; en Asturias, Antonio Muñiz y “el Setas”; en Guipúzcoa, Jesús Larrañaga y Cristóbal Errandonea; en Valencia, Juan escrich; en Sevilla, Manuel Acisclo Romero; en Córdoba, Valenzuela e Irtos; en Jaén, Joaquín Feijoo, en Toledo, Cicuéndez, en Barcelona, a más de los responsables locales, se encontraba Manuel del Valle, que fue trasladado allí por las vicisitudes de la lucha”. [30]

En cuanto al número de integrantes de las MAOC tampoco disponemos de datos muy precisos. Hasta 1936 su número debió ser muy reducido. En la resolución del Buró Político del PCE después de la revolución de octubre, que apareció como Los combates de octubre, se dice que en Gijón las MAOC consiguen llegar a 150 miembros, con un importante refuerzo de no-milicianos. A principios de 1936 se criticará en el PCE la falta de milicianos en las filas de las MAOC, debido probablemente a las infiltraciones de elementos violentos. Para mayo de 1936 se da la cifra de 2.000 milicianos y en Guerra y Revolución en España se afirma que las MAOC contaban en Madrid con unos 1.500 milicianos antes de la sublevación. Para estas mismas fechas Modesto daba, como hemos visto, la cifra de 4.000 miembros de las MAOC.

En realidad en la organización de las MAOC prevalece la precariedad. Como escribe Modesto: “amigo lector, no confundas a las MAOC con otra cosa. Ni hay dinero, ni hay vestidos, ni hay comida, ni hay nada. Todo eso en los tiempos heroicos de las MAOC, que son a lo largo de toda su existencia”. Como él mismo afirma, más de la mitad de esos 4.000 milicianos se concentra en Madrid capital “y si nos salimos de Madrid a la provincia será la Sierra, con su centro de Villalba, donde las MAOC tienen como dirigente a Zafra, la zona donde las MAOC tienen una cierta entidad.” [31] Tenemos noticias de que se constituyeron MAOC en Sevilla, Cataluña, Valencia, espejo (Córdoba), Extremadura, Cartagena y hay testimonios gráficos de las milicias de Mieres, Jumilla, Aranjuez, Bilabo, Madrid, Pamplona, Badajoz, Melilla, Murcia, Sevilla, entre otros, publicados por MUNDO OBRERO. Modesto afirma que a partir del primero de mayo se crearon MAOC en muchos lugares, pero excepto en Madrid, Asturias, Guipúzcoa, Valencia, Sevilla, Córdoba y Jaén “las MAOC se encontraban en embrión.”

Sobre la composición sociológica de las milicias del PCE son muy escasos también los datos que poseemos. Aunque se denominan “obreras y campesinas” la mayoría de los llamamientos para ingresar en ellas van dirigidos a los obreros industriales. Probablemente se deba a la reducida implantación del PCE en el campo. La escasa atención prestada a los campesinos será una de las motivaciones de las autocríticas que se haga el Partido después del fracaso de la revolución de Asturias: “es indispensable que nuestra organización preste toda su atención en (...) orientar nuestro trabajo hacia los campesinos que hasta ahora nada se hizo en particular”. [32]

Sin embargo, parece que a mediados de 1936 las MAOC cuentan con una mayor participación de campesinos. Las referencias a la composición de las MAOC suelen ser muy vagas. Santiago Álvarez afirma que estaban integradas por jóvenes obreros, campesinos, empleados. Modesto dice que las integran obreros y empleados. En la Sierra, leñadores, campesinos y canteros. A pesar de serlas MAOC una organización formada y controlada por el PCE, sus miembros son en su mayoría jóvenes procedentes de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) o de otras organizaciones, generalmente varones pero en algunos casos mujeres, tal como aparece en algunas fotografías publicadas en MUNDO OBRERO. En las MAOC se integraban los jóvenes de uno y otro sexo. Las referencias sobre participación femenina son numerosas y, al parecer, se ocupaban fundamentalmente de la asistencia médica. En ocasiones, como relata Modesto, escondían las armas que habían de utilizar sus compañeros. Los jóvenes debían tener más de veinte años y pertenecer a alguna organización sindical o política y además “cabeza fría, corazón ardiente al servicio del pueblo”.

Conocida la organización, medios y fuerzas de las MAOC comprenderemos lo modesto de su actuación hasta la primavera de 1936. Carecemos de información sobre la actuación de las MAOC antes de la revolución de octubre de 1934. [33] En octubre, las MAOC “cumplen modestamente” su papel. En efecto, su actuación pasará bastante desapercibida. Ya hicimos referencia al escaso número de miembros de las MAOC en Asturias, si exceptuamos la zona de Turón. La dirección de la revolución la llevó el PSOE y así las JJ.CC. se enteraron de lo que se preparaba por “algunas confidencias”. Las MAOC y el PCE se incorporaron tarde, pero éste se atribuirá la responsabilidad del movimiento: “Somos los responsables del movimiento revolucionario de Octubre, del que el PCE recaba para sí toda la responsabilidad política que se derive del movimiento”. [34] Aunque esta participación le acarreó un gran número de detenciones de militantes y dirigentes, la revolución de Asturias supuso para el PCE un significativo incremento de su prestigio.

Al margen de Asturias, la actuación de las MAOC en octubre de 1934 se circunscribe a Madrid. Modesto afirma que “las MAOC de Madrid y de Villalba participan activamente en el Puente de Segovia y a las 12 del 4 de Octubre (...) se hacen dueños de la situación; en Cuatro Caminos se baten con la fuerza pública (...). En Villalba se declara la huelga general en toda la comarca y las MAOC vuelan los puentes para obstaculizar la salida de fuerzas contra Asturias”. [35] Después de octubre la actividad de las MAOC se limita prácticamente a la protección de las concentraciones populares de la Casa de Campo y en El Pardo, haciendo frente a los pistoleros de la derecha. El pistolerismo no debió ser ajeno a la actividad de algunas milicias en esta época como tampoco los actos de sabotaje. [36]

Con el triunfo del Frente Popular la labor inmediata de las MAOC se ampliará también a la participación en, y protección de, las manifestaciones que por la amnistía y contra la amenaza de golpe de Estado se realizan en Madrid del 17 al 19 de febrero.

Los estatutos que las MAOC presentarán para su legalización las definía como organizaciones centradas oficialmente en la defensa “de los trabajadores, de sus organizaciones, de la prensa, locales, actos, concentraciones y manifestaciones del pueblo, tomando sobre sí la responsabilidad del orden y la seguridad”, lo que realizan con cierto éxito. Y añaden: “Poner fin a los asesinatos de vendedores de la prensa obrera”. Desde el 29 de febrero de 1936, en que hacen una demostración a la salida del mitin de la plaza de toros a favor de la amnistía, participan públicamente en diversos actos, [37] enfrentándose en la calle con los grupos de choque de matiz fascista. Realizan ciertos actos de sabotaje y boicot, preparan huelgas, servicios de vigilancia e información, etc. A pesar de lo que algunos autores han sostenido durante años, la presencia de las Milicias en la época del gobierno fretepopulista no obedeció a ningún plan revolucionario inmediato. No hay ninguna constatación documental de esa tesis. Al contrario, aunque el PCE había denunciado repetidamente la trama de la sublevación, no hay una movilización general de las MAOC ante tal eventualidad, lo que facilitará situaciones como la de Sevilla, donde hay una escasa resistencia a la rebelión a pesar de la influencia comunista en la masa obrera y la existencia de MAOC. Como era de esperar, será Madrid el lugar donde se dé una mayor actividad de éstas.

Existen numerosas informaciones sobre la actividad de vigilancia que realizan las MAOC en los días previos a la sublevación. Grupos de milicianos recorrían las calles durante la noche, especialmente en Madrid. En las casas de la JSU, en las Radios y sedes del PCE se esperaba la sublevación y se preparaba la respuesta, chocando siempre con el mismo obstáculo: la falta de armas.

Según Modesto, a partir del 16 de julio las MAOC fueron alertadas y concentradas en los puntos clave. En la comarca de Villalba se concentraron el día 17. Cada distrito conoce su misión y goza de iniciativa. Las MAOC de Madrid tienen su puesto de mando en la calle Piamonte donde se reúnen los dirigentes ya mencionados. Cuando la rebelión se considera inminente, el PCE y las MAOC tratan de conseguir armas como sea. [38]

Las MAOC jugaron un cierto papel, aunque muy inferior al que le atribuyen las fuentes comunistas, en la derrota de la rebelión en Madrid y, en menor medida, en otras ciudades como San Sebastián o Cartagena, aunque fallaron estrepitosamente en algunas como Sevilla o Córdoba. Según la historia oficial del PCE sobre la guerra, Guerra y Revolución en España, las MAOC de Madrid fueron “la principal fuerza popular organizada, pero apenas armada, que asumió la tarea de fijar al enemigo en sus reductos. Cada destacamento de las MAOC recibió la misión de impedir la salida de las tropas de un cuartel”. [39] Según Modesto, varios destacamentos de las MAOC participaron en el cerco y asalto al cuartel de la Montaña. Las MAOC de Getafe, armadas por el personal mecánico del aeródromo, participan en la toma del cuartel de artillería. Las MAOC del distrito Norte, que la mando de Carnero y Francisco Galán habían vigilado en los días anteriores los acceso a Madrid por el Norte, ocupan un convento salesiano de la calle Francos Rodríguez. De ahí saldrán las primeras columnas organizadas por las MAOC. Pero todas estas informaciones de procedencia comunista son muy difíciles de establecer como ciertas de forma indiscutible. La filiación de muchos hombres que participaron en estos primeros eventos de la guerra, su real encuadramiento, es prácticamente imposible de establecer.

Fuera de Madrid destaca la actuación en Cartagena, en Gijón al mando de Antonio Muñiz, y en San Sebastián donde, como escribe Salas, inicialmente los acontecimientos “fueron dominados por las MAOC y los sindicalistas”. [40]

Pero de lo que no cabe duda es de que las MAOC fueron, dentro de su exigüidad numérica y la escasez de armas, los primitivos núcleos disciplinados y el armazón que permitió la creación de los primeros grupos de milicianos. Al mismo tiempo, al ordenar el día 20 de julio la dirección nacional de las MAOC que todos sus destacamentos organizaran la recluta de voluntarios en los locales del PCE y se concentraran en el cuartel de Francos Rodríguez, estaban poniendo las bases de lo que sería el Quinto Regimiento de Milicias Populares.

[1] BLANCO RODRÍGUEZ, Juan Manuel: “Los antecedentes: las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC)”. En BLANCO RODRÍGUEZ, Juan Manuel: El quinto regimiento en la política militar del PCE en la guerra civil. Madrid, UNED, 1993, pp.


[2] W. Lenin: Cartas desde lejos, En Obras Completas, T. XXIV, Madrid, 1977, pág. 362.

[3] Según Líster El Soldado Rojo sale mensualmente, de forma regular desde fines de 1935. E. LISTER: Memorias de un luchador. Madrid, 1977, pág. 59. Afirma que se envía a provincias y con bastante frecuencia se editan octavillas sobre hechos ocurridos en cuarteles concretos (ob. cit. pág. 64).

[4] Proclama del PCE Obreros y campesinos, 24 de julio de 1931. Archivo del Comité Central del PCE. (En adelante APC). La disolución de los cuerpos represivos, en especial la Guardia Civil, será un elemento central de las proclamas del PC de esta época. Véase Mundo Obrero 22 de agosto de 1934. Artículo de T. Medrano: “Sobre el armamento del proletariado”.

[5] Mundo Obrero, 12 de diciembre de 1931. “Qué son las milicias revolucionarias”.

[6] Carta abierta a los trabajadores, APC. Manifiestos. En 1933 aparece un folleto firmado por A. Brones donde se expone la táctica que el PCE seguirá en los años siguientes. Respecto a los Comités de la lucha antifascista dice: “(los comités) tomarán en sus manos la causa de la organización de una milicia obrera y campesina de masas”. A. BRONES: ¡Conquistemos las masas!, Madrid-Barcelona, 1933? pág. 15.

[7] El 4 de octubre de 1934, una vez decidida la insurrección, los delegados comunistas se integran en el Comité Revolucionario que prepara la insurrección en Asturias. Véase M. Vizcarrondo: Octubre del 34. Madrid, 1977, pág. 44.

[8] J. MODESTO: Al sericio del pueblo. Archivo del Comité Central del PCE (En adelante APC). Sección Tesis y Manuscritos. Carpeta 47.

[9] El triunfo del 16 de febrero y las tareas del PCE. 2 de abril de 1936. APC.

[10] Circular del Responsable Nacional de las MAOC a todos los Comités del Partido, 21-4-36. APC Film. XVI (183). La incorporación de la CGTU a la UGT, la unión de las Juventudes Socialistas y Comunistas y los llamamientos al PSOE para formar un partido único del proletariado y la creación de organizaciones como Socorro Rojo van en esta línea de unificación, en la que las MAOC deberían jugar un papel importante. Sin embargo no está claro que las milicias socialistas y comunistas se unieran en las MAOC después de la creación de la JSU. Tagüeña dice que la unión no se dio, creando las Juventudes Socialistas batallones propios en los primeros meses de la guerra. Lo mismo opina Viñas. Véase M. Tagüeña: Testimonio de dos guerras. México, 1974, pág. 95. Parece que no se llegaron a crear milicias de la JSU, integrándose parte de las socialistas en las MAOC. Véase R. Viñas: La formación de las JSU (1934-1936), Madrid, 1978, pág. 19

[11] Mundo Obrero, 31 de marzo de 1936. “Hay que crear las milicias populares”.

[12] Mundo Obrero, 10 de junio de 1936.

[13] Veáse E. COMÍN COLOMER: El Quinto Regimiento de Milicias Populares. Madrid, 1973, págs. 20-38

[14] G. W. MEAKER: La izquierda revolucionaria en España 1914-23, Barcelona, 1978, pág. 602.

[15] E. MATORRAS: El comunismo en España, Madrid, 1935, pág. 155.

[16] J. MODESTO: Al servicio del pueblo, APC. T.C. 47 pág. 1.

[17] E. LISTER: Memorias de un luchador, Madrid, 1977, pág. 59. Sin embargo en una obra anterior, Nuestra Guerra, afirmaba que las milicias habían comenzado a ser organizadas por las Juventudes Comunistas y Socialistas después de 1934.

[18] J. MODESTO: Al servicio..., ob. cit. pág. 7.

[19] J. MODESTO: Al servicio..., ob. cit. pág. 7

[20] Boletín Interior del Radio Sur del PCE de Madrid, 14 de enero de 1935, AHN-SGC. SPS. Madrid, C. 2576

[21] “En cada localidad o circunscripción debe nombrarse una troika local (Comité de tres), tal y ocmo el gráfico presente indica, cuyos tres miembros se pondrán en contacto con la troika nacional, que residirá en Madrid, d ela que recibirán las enseñanzas y orientaciones que los hehcos históricos y presentes nos vayan sugiriendo. Tan pronto se forme en una barriada, Sindicato, etc., una escuadra o parte de ella, debe avisarse a la troika local o de circunscripción. Si en un Sindicato u otro organismo donde hubiese trabajadores no fuese tomado el acuerdo de crear las MAOC -cosa que deben conseguir los grupos de opsición-, entonces deben crearse las escuadras de la siguiente forma: Un solo miliciano puede buscar otros dos del mismo organismo, formando con ellos el primer triángulo de la escuadra; cada uno de los tres buscará otros dos, y ya son nueve, o sea los tres triángulos de la escuadra. Acto seguido nombrarán un comandante. Sigue la recluta y tan pronto como pasen de diez, la dividen en dos escuadrones, y en cuanto pasen de veinte, la dividen en tres, formando con ellas la unidad inmediatamente superior a la escuadra: guerrilla. Esta unidad nombra una dirección compuesta de tres miembros: la troika de guerrilla.

[22] El gráfico de la organización de Madrid refleja las normas de la organización de las MAOC ne toda España. Este gráfico representa seis miembros de las MAOC, llamados centurias, de la organización de Madrid. La cneturia tiene como máximo incluyendo los agentes de enlace (tres milicianos), tres unidades llamadas guerrillas; éstas tienen treinta y tres milicianos y cuatro agentes de enlace y se dividen en tres unidades, llamadas escuadras. La escuadra consta de diez milicianos y un agente de enlace, y ésta se subdivide en tres partes, llamadas triángulo.

[23] La unidad táctica y de combate será siempre la escuadra, cuyo comandante sabrá, en todas las acciones y simulacros, combinar los tres triángulos de su escuadra, tanto en los avances como en las retiradas, procurando siempre el apoyo mutuo. Siendo la escuadra la unidad de combate, el triángulo no actuará, salvo raras excepciones, por separado.

[24] Todas las unidades, ecepto la escuadra, actuarán dirigidas por una troika, cuyos miembros son:

1º El comandante de la unidad -guerrilla o centuria-, que tendrá elmando directo en todas las acciones y será el encargado de la instrucción teórica y práctica de la misma.
2º Un subcomandante, que será el auxiliar del primero y el que le sucederá en el mando cuando fuese baja, teniendo a su cargo, también, los servicios de enlaces, y
3º Tendrá a su cargo la responsabilidad política de la unidad”.

[25] E. COMÍN COLOMER: El Quinto..., ob. cit. págs. 34-35.

[26] Reconoce no obstante que “las MAOC no llegaron a tener esa perfectísima organización establecida en las instrucciones”. ob. cit. pág. 36.

[27] Véase Boletín informativo de las MAOC de Madrid y provicia, nº 2. APC. Film. XII. (152)

[28] Véase Boletín Informativo de las MAOC de Madrid y Provincia, núms. 1 y 2. En la circular mencionada por Comín se dice: “desde un principio hay que inculcar a la gente la idea de que nuestras armas las tiene el enemigo, y hay que ir a por ellas”. E. COMÍN COLOMER: El Quinto..., ob. cit. pág. 24. El dirigente d ela JSU Segis Álvarez afirma que con ocasión de la fallida revolución de octubre del 34, las milicias de las Juventudes Socialistas se “desprendieron” de algunas armas cortas que las MAOC recogieron. Entrevista con Segis Álvarez, marzo de 1986.

[29] Véase el Boletín Informativo, nº 1, citado. Líster afirma que en su primera época el armamento de las MAOC no pasaba “de un número reducido de pistolas”.

[30] Véase Mundo Obrero, 4 de marzo de 1936. El día 13 se reitera la misma petición que aparece asimismo en carta del C.C. del PCE a C.E. del PSOE.

[31] En sus memorias Santiago Álvarez afirma que en la primavera del 36 el Partido les entregó algunas armas, “aunque pocas”, S. ÁLVAREZ: Memorias II, La Coruña, 1986, pág. 23. Barbado, dirigente comunista crodobés y posteriormente comandante del Quinto Regimiento afirma lo mismo. Entrevista con Barbado, enero de 1989.

[32] El dirigente comunista de Cartagena Bartolomé García afirma: “Antes de la sublevación asaltamos el polvorín de una mina e hicimos gran cantidad de bombas de mano con las que armamos a los comandos del Partido.” B. GARCíA: Algunos datos característicos sobre Cartagena. APC. T. C. 38.

[33] Mundo Obrero, 23 de julio de 1936. Juan Fernández miembro del Comité Provincial del PCE de Madrid y dirigente de las MAOC de Madrid, muere en Somosierra en los primeros días de la sublevación. Véase D. IBARRURI y otros: Guerra y revolución en España. 1936-1939, Moscú, 1967-71 T.1, pág. 275.

[34] MODESTO: Al servicio..., ob. cit. pág. 3

[35] Ídem, pág. 8

[36] Idem, pág. 2.

[37] Informe de J. González al CC. de las Juventudes Comunistas sobre octubre, 27 de diciembre de 1934. Entre las críticas que el PCE hace de la actuación del PSOE en la revolución de octubre destaca la subestimación que éste hace del campesinado. Véase El significado de las batallas revolucionarias de octubre, APC.

[38] Modesto afirma que “después de noviembre (de 1933) las MAOC se encargan de realizar sus misiones con una grandeza de alma, generosidad y altruismo que no tiene parangón”. Pero no especifica más. J. MODESTO: Al servicio..., ob. cit. pág. 2.

[39] J. DÍAZ: Tres años de lucha, París, 1969, pág. 13. Díaz Nosty atribuye al PCE un papel fundamental en la organización del Ejército Rojo de Asturias como sustituto de las milicias. Véase B. DÍAZ NOSTY: La comuna asturiana, Madrid, 1975, pág. 255. Francisco Barbado relata que fue enviado por José Díaz a León para recoger a los huidos de Asturias. Entrevista con Francisco Barbado, enero de 1989.

[40] J. MODESTO: Al servicio..., ob. cit. págs. 3-4. En Sevilla se convoca una huelga general pero no tenemos información de la participación de las MAOC. Véase Informe del C. Provincial de Sevilla, 1934. APC. Film, XI (146).

[41] En el Boletín del C.P. del PCE de Madrid de mayo de 1935 se congratulan de la realización por las MAOC de diversos actos de sabotaje, entre ellos la quema del Centro Radical y la tienda y casa de su presidente. (AHN-DGC. SPS, Madrid, C. 2576).

[42] Entierro de Villarrubia, manifestación por el triunfo del día 16 de febrero, el desfile por Sevilla en marzo, acto de unificación de las Juventudes en abril y, sobre todo, la jornada del 1 de mayo, la gran concentración de las milicias en Valencia en junio y el entierro el 13 de julio del teniente Castillo.

[43] Ya hicimos referencia al asalto de una mina en Cartagena. En Madrid el teniente coronel Rodrigo Gil, jefe de Artillería del cuartel de Pacífico, ofreció las armas del parque al PCE. Modesto y Barzana se hicieron cargo de la misión. Modesto afirma que la entrega de armas estaba concertada con el coronel con autoridad bajo la consigna: “Modesto”. J. MODESTO: Soy del Quinto Regimiento, París, 1969, pág. 10., y D. IBÁRRURI y otros: Guerra y..., ob. cit. T. 1, pág. 150.

[44] D. IBARRURI y otros: Guerra..., ob. cit. t. I pág. 150. En el APC, sección Tesis y manuscritos, aparecen numerosos testimonios sobre la actuación de las MAOC en el control de la rebelión en Madrid.

[45] R. SALAS LARRAZÁBAL, Historia del Ejército Popular de la República, Madrid, 1973, T. I, pág. 363.

1 comentario:

  1. busco aun amigo de las milicias del cuartel de cuatro vientos rengo cabo

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